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lunes, 24 de diciembre de 2012

200 AÑOS de CHARLES DICKENS: CUENTO DE NAVIDAD


Desde hace más de diez años, Dickens y yo tenemos una cita especial cada mes de diciembre. Alrededor del día 24 de dicho mes y como si de una niña pequeña se tratara, suelo sentarme frente al televisor para invadirme del espíritu navideño que destila una de mis obras dickensianas preferidas "Cuento de Navidad". Sí, en dibujos animados porque me gusta conservar la niña que vive en mí. Es una tradición que me encanta y aunque se pueda pensar que lo hago en compañía de infantes, la verdad es que prefiero estar sola.

Este año, y coincidiendo con el 200 aniversario del nacimiento de Dickens, se ha vuelto a cumplir la cita y de nuevo me he dejado invadir por las enseñanzas que destila la historia.



Son muchas las versiones y adaptaciones que se han hecho sobre esta obra, pero yo prefiero siempre quedarme con ésta (dirigida por Jimmy T. Murakami, 2001). Con esa Kate Winslet y ese Nicolas Cage, poniéndole voz a los personajes de Bell y del señor Marley (respectivamente), con esa introducción y ese epílogo narrado por el propio Charles Dickens desde un teatro al otro lado del charco, con la banda sonora que tan bien encaja en la narración. Incluso me quedo con esta versión por el propio señor Scrooge, un auténtico ogro, sin corazón ni compasión, cruel y despiadado que antepone el dinero y sus negocios por encima del amor, de los sueños y de la ilusión. 


El señor Marley le advertirá de su suerte si no se enmienda, si sigue dedicando su vida a acumular dinero, a pensar solo en él, a desoír las necesidades de los demás. Luego llegarán los tres espíritus que le harán recordar su triste infancia cuando su padre lo abandonaba en el colegio el día de Navidad, la soledad que sintió entonces, su compromiso con Bell siendo adolescentes y que ella misma rompió al percibir el materialismo de su prometido. 


De las Navidades presentes será testigo de la enfermedad del pequeño Tim, el hijo menor de su ayudante Bob Cratchit, de la bondad que demuestra su sobrino Fred al invitarle cada año a cenar en su casa aunque él siempre se niegue a asistir, y de las penurias que tiene que pasar su antiguo amor, Bell, en el hospital en el que trabaja. Ser testigo de todas estas escenas le hará recapacitar y arrepentirse, máxime cuando el golpe de gracia lo da el espíritu de las Navidades futuras, quien le mostrará su propia muerte y el regocijo que sentirá el mundo al conocer que un individuo como él ha dejado de existir.


Una historia cargada de mensajes, con moraleja y final feliz que hace renacer lo mejor que hay dentro de cada uno de nosotros y mirar el mundo y lo que nos rodea con los ojos de la ternura, el amor, la compasión y la bondad. Sentimientos y cualidades que deseo para todos. Espero que esta noche suponga para vosotros un nuevo nacimiento lleno de dicha y ventura.

Os dejo con algunas secuencias de la película (en inglés) y mis mejores deseos.


[Nota: en esta versión se nos cuelan dos ratoncitos que pondrán el toque de humor]

Besos,





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