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viernes, 3 de agosto de 2018

LAS MUJERES IMPOSIBLES de Cayetano Santana


Editorial: Oromana Ediciones. 
Fecha publicación: abril, 2018.
Precio: 20,00 €
Género: Narrativa
Nº Páginas: 326 
Encuadernación: Tapa blanda con solapa.
ISBN: 978-84-09-00775-2







Autor

Cayetano nació en Lepe, Huelva. Realizó sus estudios universitarios de Filosofía en Sevilla. En la actualidad, ejerce de profesor y conferenciante, facetas que compagina con su vocación de escritor. 

El autor ha hecho incursiones juveniles en la poesía, el ensayo así como en el mundo del periodismo (dirigió durante algunos años la publicación mensual de su localidad). Según ha manifestado, el periodismo fue su escuela que le curtió en una escritura pegada a los hechos, y supuso, además, una toma de contacto con la realidad social y cultural que siempre ha agradecido.

Fruto de una inquietud que nunca le ha abandonado, cultiva estos últimos años la novela. La aparición ahora de Las mujeres imposibles responde a la necesidad de publicar y compartir una obra que -estamos convencidos- no dejará indiferente a los lectores atentos, dotada como está de un estilo personal en el que se mezcla filosofía y vida, acción y reflexión, referencias culturales exquisitas y lo cotidiano. Su obra está llamada a encandilar a quienes buscan en la literatura una fuente constante de inspiración y gozo, además de una ocasión para el enriquecimiento personal. 

Sinopsis

Cayetano Santana nos presenta Las mujeres imposibles, una historia en la que el protagonista alcanza esa edad en la que decide reinventarse y así encarar la silueta amenazante de su fracaso personal. Dispuesto a esa transformación, marcha al encuentro de su imposible mujer ideal, mientras lucha por acabar, al fin, la prometida obra maestra que, como escritor, se resiste a llegar. El autor crea variadísimos retratos de esas mujeres, nunca posibles, que se van sucediendo, ocasión exitosa y a la par maltrecha, para lo mejor de una historia que, aunque rebosa reflexión, no deja de sumergirnos en peripecias, lecciones y sucesos disfrazados de un fino y personal humor.

Sus empeños, su obsesiva búsqueda, convierten a esta obra en una crónica emblemática de un héroe solitario, cínico y entrañable, un paseante de las tardes y las noches, escenarios donde se acumulan las múltiples caras de un mundo lleno de símbolos...

Por sus páginas se respira el aire de la novela de exploración, en una deriva que quiere penetrar en la condición humana y, a la vez, en esa ciudad que es protagonista de los cientos, miles de itinerarios de un individuo/paradigma, imagen de todos.

Estamos convencidos de que nos hallamos ante una obra singular. Las mujeres imposibles, de Cayetano Santana. Una obra que espera encontrar destinatarios atentos, lectores que apreciarán la característica densidad de una filosofía que rara vez ha conseguido ser tan diáfana entre nosotros.

Escrita con una cuidada prosa esta novela nos ofrece una indagación personal enriquecedora para todos. Serán muchos los que, identificados con estas páginas, querrán leer Las mujeres imposibles desde el capítulo primero hasta el final.

[Información tomada directamente del ejemplar]




Hay un momento en la vida de toda persona en el que toca hacer balance. No es fácil enfrentarse a la propia existencia, ser objetivo, hacer una lista de pros y contras y evaluar el trascurso de tus días. Los cincuenta años suelen ser ese punto de inflexión que marca la línea de no retorno, cuando ya hemos andado más o menos la mitad de nuestra vida y nos preguntamos qué nos queda por delante. ¿Hemos conseguido todos esos sueños de juventud? ¿Hemos mantenido la ilusión que nos motivaba de jóvenes? ¿Somos felices? No nos queda mucho tiempo y hay que aprovechar el que queda por vivir. Esto es lo que se plantea el protagonista de Las mujeres imposibles, Mario Tunoye, cuando la cincuentena le cae encima como un jarro de agua fría. Casado con Ester, una mujer normal y corriente como otra cualquiera, define el hogar como una 'residencia carcelaria' y el matrimonio como 'un instrumento de fatalidad', un corsé que le impide alcanzar la plenitud. Será lo primero que seccione pues él aspira a algo más y para ello debe romper ataduras. Mientras, en lo laboral, ocupa plaza de funcionario pero una carambola del destino le permitirá organizar su tiempo de otro modo. Y así, cual Ulises, nuestro protagonista se embarca en la aventura de cambiar su vida de manera radical. Dos serán sus objetivos más inmediatos. Por un lado, encontrar la mujer ideal. Por otro, terminar de escribir la novela que lleva escribiendo hace treinta años. Todo ello, mientras se enreda en un sinfín de reflexiones sobre lo divino y lo humano.

Tunoye inicia su camino pues no está contento con su vida. Ha caído en todo aquello de lo que siempre quiso huir y se ha convertido en 'un tipo corriente, viviendo una vida repetitiva y tendente a un vacío tan repleto de falsedades como unos grandes almacenes'. Y así, a lo largo de veinticuatro capítulos, irá encontrando una mujer tras otra: Elvira, Julia, Isabela, Ángela, Andrea, Rocío, Clara... todo un rosario de mujeres fabulosas. Con todas y cada una de ellas creerá haber alcanzado el nirvana para, acto seguido, comprender que se debe dar una oportunidad más, que la mujer perfecta será la próxima que se cruce en su camino, de tal modo que termina por enredarse en una búsqueda incansable y casi agotadora.

En lo literario, nuestro personaje pretende escribir una obra de culto, 'de las que duran más de una primavera' y la define como 'un ejercicio de estilo, una obra que nadie leerá, un cúmulo de ocurrencias y reflexiones fuera de todo tiempo'. La vida será su inspiración, así que cada día se lanza a la calle en busca de esa iluminación necesaria que le ayude a alcanzar la gloria. Lo cierto es que, en esos múltiples detalles que Tunoye nos da de su propia obra se encierra un juego en el que el lector se verá inmerso y del que podrá extraer sus propias conclusiones. Ahondar más en esta cuestión repercutiría en el efecto final que la novela pretende causarnos.

A este entramado hay que unirle un personaje más, Juan Rastrillo, un escritor local de éxito, conferenciante, admirado en los círculos más selectos de la ciudad. Rastrillo es el antagonista en esta historia, es el reflejo cruel de un Tunoye que se asoma a un espejo deformado. Entre ellos se establece un tira y afloja constante, un rifirrafe de indirectas en las que rebosa el cinismo y el sarcasmo. Y justo será en esos momentos en los que el lector se alinee con el protagonista porque he decir que Mario Tunoye es de esos personajes que desestabiliza emocionalmente al lector. Muy peculiar y a veces retorcido, puede mostrar un lado cruel, pedante, egocéntrico. Sinceramente, a veces cae tremendamente mal, tan pretencioso, tan pagado de sí mismo, pero creo que, en un balance final, el lector se da cuenta que en realidad no es más que un pobre diablo, que cae en el ridículo más absoluto, momento en el que puede despertar la carcajada del lector. Porque entre tanta mujer imposible, siendo el más imposible el propio Tunoye, también tiene cabida el humor.

En lo referente a las reflexiones, estas ocupan una buena porción de la novela, hasta el punto de que, quizá puede llegar a aturrullar. Será el mismo Tunoye el que advierta esta circunstancia, definiendo sus digresiones como no demasiado grandilocuentes. Él mismo se define como 'un bocazas y acostumbro a mezclar mi relato con anotaciones, requiebros y aseveraciones, con reflexiones, digresiones y codas que, mucho me temo, no sean sino el perfecto modo en que acabaré logrando que los hechos queden, si no sepultados, sí tan desdibujados que pierdan su ejemplaridad, su señera notoriedad'. Y efectivamente es así porque, en ocasiones, nos podremos preguntar qué prima sobre qué. ¿Las reflexiones son el sustento de los hechos o es justo lo contrario?  

En otro orden de cosas, las aventuras y desventuras de Tunoye ocurren en la ciudad de Sevilla pero nos vamos a encontrar una Sevilla muy distinta, alejada de tópicos y estereotipos donde la lluvia hace acto de presencia mucho más de lo esperado. En su afán de cambiar, Tunoye no reconoce Sevilla como tal, de hecho le cambia el nombre y la hace llamar Puentes de Isla, como si la ciudad también lo acompañara en esa transformación personal.

Las mujeres imposibles, escrita en primera persona y salpicada con un estilo coloquial,  cuenta con una prosa rica, densa y con un toque barroco, en el que las metáforas y los símiles se enzarzan en una suerte de ejercicio circense. Todo ello resulta necesario si tenemos a Mario Tunoye como protagonista cuya personalidad también es igualmente densa. Tengo que confesar que a mí me ha llevado mi tiempo leer la novela. No creo que Las mujeres imposibles sean lectura para todo tipo de público, no es para esos lectores que buscan novelas a devorar. Con Las mujeres imposibles esa clase de lectura es imposible. En primer lugar porque el propio Tunoye, como dije antes, te va a desesperar en más de una ocasión. No conviene pasar muchas horas seguidas con él pues corres el riesgo de cogerle tal tirria que no desees volver a encontrarlo en tu vida. Y en segundo lugar, porque la pluma del autor no conoce superficiales.

En definitiva, Las mujeres imposibles es una novela que se aleja enormemente de esa literatura olvidable y de fácil digestión. Estamos ante una historia que requiere calma y un caminar parsimonioso junto a un personaje peculiar que crispará tus nervios más de una vez, a mí me ha sacado de quicio con frecuencia, pero en el que, ocasionalmente, puedes hallar rasgos de ternura. 








 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:



jueves, 26 de julio de 2018

CAYETANO SANTANA: 'Me gusta la literatura provocadora'

A Cayetano Santana lo conocí durante la Feria del Libro de Sevilla. Su novela, Las mujeres imposibles, me llegó a través de un librero amigo que puso en mis manos un volumen cuya cubierta rezumaba cierto misterio, una ilustración nocturna un tanto oscura, con el puente de Triana de fondo, y una mujer de espaldas, mirando el infinito y envuelta en un abrigo de color rojo intenso. La sinopsis apuntaba maneras. Hoy vengo a contaros mi encuentro con su autor, un profesor de Filosofía, fiel a la literatura de Cortázar, creador de historias que narra en Las mujeres imposibles las aventuras de Mario Tunoye, un peculiar personaje, estrambótico, ridículo e irritante a veces, pero también con una vis que despertará la compasión del lector.

Aquí os dejo la entrevista con Cayetano Santana.


Resultado de imagen de cayetano santana las mujeres imposiblesMarisa G.- Cayetano, por la información que figura en la solapa del libro, también eres escritor de poesía y ensayo.

Cayetano S.- La poesía es un libro de juventud que mandé a concurso. No es un género que me guste cultivar. Fue una cosa puntual de la edad y ahí se quedó. Luego tuve una época en la que tuve que escribir bastante para un periódico, desde la editorial, las entrevistas, los artículos de fondo,... Era algo que me gustaba mucho por la riqueza y fue un proyecto muy didáctico. Pero a mí lo que me gusta es la prosa. Antes de 'Las mujeres imposibles' escribí otra novela pero está en un cajón.

M.G.- ¿Y eso por qué?

C.S.- Quedó inédita porque tardé tanto tiempo en escribirla que la persona que la había empezado y la que la había acabado no era ya la misma. Es una novela sin unidad. 
.
M.G.- Pues sobre 'Las mujeres imposibles' yo te voy a decir lo que creo que es tu novela y luego tú, si acaso, me corriges.

C.S.- Me parece bien.

M.G.- Para mí, 'Las mujeres imposibles' es una novela, en cierto sentido, de auto-búsqueda. Tengo la impresión que en ella se narra las peripecias de Marino Tunoye, el protagonista, un hombre en la cincuentena, en pleno punto de inflexión. Está en un momento en el que echa la vista atrás, analiza y evalúa lo que ha sido su vida hasta ese momento y decide dar un giro absolutamente a todo y cambiar radicalmente. Cambia el modo en el que realiza su trabajo, rompe su matrimonio, sueña con terminar una novela que lleva 30 años escribiendo y se lanza a la búsqueda de la mujer ideal mientras se adentra en un bucle incansable de reflexiones. ¿Es así?

C.S.- Eso es. Esa auto-búsqueda que comentas es la más importante en la novela. La figura de la mujer ideal que él pretende encontrar tampoco es algo secundario sino más bien algo que va en paralelo a la búsqueda personal como individuo. Él se cree artífice de su propia vida y quiere renovarse. Es un canto a la libertad personal y a una especie de renacimiento o de reconstrucción. En esa búsqueda surge su sueño de querer escribir un novela, que para él es única,...

M.G.- Una obra maestra.

C.S.- Sí, y al mismo tiempo las mujeres representan ese objeto de deseo aplazado porque al principio de la historia, el matrimonio es como un corsé que le impide vivir.

En la novela hay muchas contradicciones porque las mujeres no son imposibles, el que es imposible es él.

M.G.- ¡Es él, claro! No te imaginas la alegría que me das que digas esto porque ¡menudo es Tunoye! Además no estoy muy convencida de que quiera encontrar esa mujer ideal. Creo que lo que pretende es hacer todo lo que no ha hecho en su vida en todo este tiempo. 

C.S.- Con la boca pequeña quiere buscar a esa mujer pero con la boca grande como que no...

M.G.- Fíjate lo que dice: '...mi pretensión era volar libre de mujer en mujer, tanto como el azar, mi fuerza y mi selectiva inteligencia me permitieran. Rey de una selva que esperaba poblada'.

C.S.- Tiene un punto cínico. Por un lado, la mujer que él busca no la va a encontrar porque anhela un imposible. La mujer ideal siempre será la que está por venir, así que está condenado a ser un eterno buscador. Apenas ve que se cumplen sus expectativas o que se puede cumplir la promesa de esa mujer ideal, él la niega o sucede algo que lo emborrona todo, generalmente por culpa suya. Él no quiere quedar preso de una mujer real así que prefiere la búsqueda de lo que no tiene, y se vuelve un impulso erótico, amoroso. Es una situación muy rica en matices. 

M.G.- Ninguna le vale, a pesar de que conoce a ocho o nueve mujeres, todas ellas fabulosas.

C.S.- Sí, son mujeres muy fuertes y libres. Algunos lectores me dicen que han encontrado en esta novela un homenaje a la mujer. La mujer aparece como figura clave. Tunoye está preso de su propio maleficio.

M.G.- Pero tú, ¿cómo definirías al protagonista? ¿Cuáles son sus cualidades?

C.S.- Yo creo que no hay que definirlo mucho. Definirlo sería acabar con las posibles lecturas. Creo que es un personaje contradictorio. Me gustaría que el lector, a veces lo amara y a veces lo odiara, porque es odioso pero también es amable. Alguna lectora me ha comentado que entran ganas de abrazarlo, de consolarlo pero luego hay veces que te entran ganas de abofetearlo y de gritarle lo idiota que es. Me parece bien este tipo de sensaciones. Creo que la literatura tiene que hacer eso, tiene que jugar con las contradicciones. Un personaje sin fondo, chato, superficial, no me gusta en absoluto. 



M.G.- Pero entonces lo que has pretendido es crear un personaje que no deje indiferente aunque sea para mal.

C.S.- Bueno, aunque tenga alguna cara mal, diría. Lo políticamente correcto nos lleva a una falta de ideas y a una falta de libertad creativa. Que el personaje no deje indiferente me parece positivo. Mi personaje es un antihéroe, es un cúmulo de contradicciones y en muchos aspectos, es un impresentable. No es un depravado ni un loco pero sí es un poco cínico, antisocial, que se equivoca en su trato con las mujeres. Son cualidades que lo convierten en un personaje rico en matices.

M.G.- Te confieso que a mí a veces me ha importunado mucho. Pero es que ni él mismo se soporta. De sí mismo opina: '...me declaré insoportable' o ' A pesar de que sé que soy odioso por este tipo de ocurrencias, no puedo evitarlas'

C.S.- Me gusta la literatura provocadora, que al lector le sacuda. Hoy día, si la literatura tiene un puesto en el mundo de la cultura debe ser porque realmente escribamos para personas que busquen lecturas que los eduque, que los seduzca y que al mismo tiempo los saque de su mundo cotidiano. Frente a tanto bombardeo de libros que no dicen gran cosa, hay que ofrecer lecturas de las que se salga enriquecido. Eso es lo importante. 

M.G.- Bueno, creo que Tunoye tiene bastante razón cuando habla de lo que debe ser un buen escritor, alguien que sea 'medio feliz y a la vez asceta, medio vividor y comedido, medio navegante de las noches y madrugador del orden'. No sé si tú opinas igual.

C.S.- Sí, totalmente. El que se dedica a vivir como gran vividor creo que no puede escribir y el que escriba sin haber vivido tampoco escribirá bien. Hay que buscar ese punto intermedio en el que la vida que se vive pueda merecer ser narrada y no habría una literatura valida si no se nutriera de una vida digna de ser contada. Se produce una especie de bucle. Hay grandes vividores que nunca han escrito una novela y grandes escritores que no sabrán nunca qué novela pueden escribir. 

M.G.- Y ese mundillo literario en el que se mueve el protagonista hay un tal Juan Rastrillo, un escritor con éxito, que da conferencias, que la gente admira. Hay como un rifirrafe entre los dos porque además es que Rastrillo aparece en los momentos más bochornosos de Tunoye. Y yo me pregunto, ¿a Tunoye no le gustaría ser un Rastrillo?

C.S.- No creo. Tunoye es el protagonista y Rastrillo el antagonista. La lucha entre ellos es un tanto cómica y llena la novela de peripecias que están provocadas para otorgar un aspecto caricaturesco, situaciones bochornosas y ridículas en las que el protagonista cae. Sería muy fácil escribir sobre un escritor admirable pero Tunoye no lo es,  solo es un pobre hombre que solo quiere vivir lo que no ha vivido y escribir lo que no ha escrito. Su lucha con Rastrillo es una lucha entre dos modos de entender la literatura. 

M.G.- Y mientras todo esto le ocurre, mientras termina de escribir la novela y encuentra a esa mujer ideal, va intercalando constantemente un aluvión de reflexiones de todo tipo.

C.S.- Exacto. Creo que ese ese el 'león' de la novela porque ocupan un lugar muy importante.

M.G.- Pero esas reflexiones prácticamente eclipsan los hechos. No sé si has querido escribir una novela en la que analizas al ser humano y pones las reflexiones al servicio de unos hechos o es al revés.

C.S.- Lo que intento es lo imposible. Pretendo que se conjuguen ambas cosas y que no se vea la sutura. Las reflexiones y los hechos son dos grandes pilares que se interconectan. Me gustaría que el lector no notase las costuras. He pretendido que todo esté bien hilvanado. Ahí me juego el tipo y si los lectores aprecian esa imbricación, me sentiría muy satisfecho.

M.G.- Pero sobre esas reflexiones él llega a decir: '...soy un bocazas y acostumbro a mezclar mi relato con anotaciones, requiebros y aseveraciones, con reflexiones, digresiones y codas que, mucho me temo, no sean sino el perfecto modo en que acabaré logrando que los hechos queden, si no sepultados, sí tan desdibujados que pierdan su ejemplaridad, su señera notoriedad'. Él mismo reconoce que tanto divagar puede tapar los hechos.

C.S.- Sí, advierte del peligro. El lector de mi novela no debe ser un lector que solo busque entretenimiento. No diría que la novela es para la élite lectora,  ni para una minoría, pero no es una literatura para ser olvidada. La novela aspira a ofrecer una literatura enjundiosa, con contenido. 

M.G.- Eres profesor de filosofía y eso me lleva a preguntarte qué papel juega la filosofía en esta novela. ¿Tú crees que esta novela sería tal cual si fueras profesor de matemáticas?

C.S.- Sí, creo que sí. Sostengo que todos somos filósofos. No podemos respirar ni mirar el mundo sin filosofía. La filosofía está presente en nuestra vida. No me siento especial por ser profesor de filosofía porque todos tenemos la capacidad de hablar y de reflexionar críticamente sobre lo que nos ocurre, lo que somos, lo que queremos y esa indagación es ya de por sí filosófica, querámoslo o no, hayamos leído a Platón, a Kant, o no. Eso no importa.

M.G.- Sabes que te he dicho que a mí la novela me ha parecido densa, que me ha llevado mucho tiempo leerla. Creo que el estilo narrativo concuerda con el carácter de Tunoye. El tipo es retorcido. Por ejemplo, quiere divorciarse y lo que hace es, en vez de dar un paso al frente, lleva a la mujer a un hastío tan grande que ella se ve obligada a tomar la decisión de abandonarlo.

C.S.- Es que todo está relacionado, sí. 

M.G.- Y antes has mencionado a los lectores y el riesgo que corres al escribir una novela así. Bajo mi punto de vista, hoy se tiende a escribir una literatura de usar y tirar, con lo que el lector está más acostumbrado a un tipo de lecturas de evasión. Por lo tanto, creo que los lectores que buscan el tipo de novela como la tuya, por desgracia, son los menos. 

C.S.- Puede ser pero esto es lo que me gusta hacer. No me considero un escritor profesional y no espero vivir de la literatura. No aspiro a una masa popular. Me conformo con los buenos lectores. Si son más, mejor que si son menos.

M.G.- El escenario de esta novela es Sevilla aunque no lo mencionas. Tú la denominas Puente de la Isla, lo que pasa es que los que vivimos aquí la identificamos rápidamente. ¿Por qué camuflar la ciudad?

C.S.- Bueno, el que haya visitado Sevilla sabrá que se trata de esta ciudad por la cubierta. Aparte de eso, la literatura, como se dice en la novela, debe ser universalista y sin referencias localistas. Sevilla es una ciudad que aparece en la novela universalizada porque quería que fuera un paisaje en el que no destacara ni las calles, ni los monumentos, ni los lugares de interés. Ha sido otro juego y por eso el protagonista cambia el nombre de la ciudad para hacerlo paisaje de su deambular constante, en una especie de homenaje pero sin tener que nombrarla.

M.G.-  Y hablando de homenaje, también lo hay literario. Por ejemplo, hay referencias a Cortázar. No sé en qué medida te ha influido este escritor literariamente.

C.S.- Si me gusta escribir es gracias a Cortázar. El aire de 'Rayuela', especialmente de toda esa primera parte, con París de fondo, me pareció un mundo cautivador. Esa novela tiene un magnetismo especial. Al releerla sigo pensando que es una obra maestra, muy singular. Yo no imito a Cortázar porque mi estilo es distinto pero creo que mi novela sí cuenta con el aire de 'Rayuela'. 

Dentro de la densidad que hablamos antes, creo que escribo sencillo, sin aspirar a florituras pero tampoco renuncio a que la literatura mejore la realidad.

Y te comento una curiosidad. En la novela no aparece ni un solo adverbio acabo en -mente. Esto también es un juego. Me parecen redundantes y que llenan la novela de algo que fácilmente sustituye a la dificultad de escribir. Abusar de los adverbios acabamos en -mente es un recurso fácil. También era una seña de identidad de García Márquez, aunque no sé si en todas sus novelas.

M.G.- Pero hay más homenajes, ¿no? Tunoye emplea un cuaderno gris para tomar notas y eso nos recuerda a otro escritor. 

C.S.- Sí, a Josep Pla. Es un autor que he leído con mucho gusto. Muy contradictorio biográficamente pero todo un gigante de las letras. Él decía que el hombre que leía novela a partir de los 40 años es un idiota. Yo añadiría que hay que escribir a partir de cierta edad, de cierta madurez. He intentado que mi producto sea muy digno. 

M.G.- ¿Cuánto tiempo te ha llevado escribirla?

C.S.- Más de un año. De verano a verano y luego el repaso de la obra también conlleva algunos meses más.

M.G.- Caigo ahora que no te he preguntado por la idea de escribir una novela así, con este personaje tan peculiar. ¿Cuál es el germen?

C.S.- Bueno, en algunos aspectos estoy muy cerca del personaje pero lo que he querido es inventar una historias y no retratar mi mundo. Yo no me identifico con Tunoye. En realidad, la historia fue naciendo por sí misma, y me ha ido acompañando durante mucho tiempo, creciendo día a día. No la construyo enteramente desde el principio. Al personaje lo he visto crecer y se ha ido enriqueciendo poco a poco. Eso sí, iba a ser mucho más larga y la tuve que recortar. 

M.G.- La última curiosidad. ¿De dónde procede el apellido Tunoye?

C.S.- Tunoye hace referencia a la manera en la que mi madre me llamaba cuando estaba en la calle jugando, ¿Tú no oyes? Es una forma de aludir a la incapacidad de oír lo que le conviene al personaje porque a veces parece que no oye. 

M.G.- Ni oye ni ve Cayetano (Risas)

C.S.- Exacto, ni oye ni ve.

M.G.- Bueno pues lo dejamos aquí. Espero que tu novela encuentre un millar de lectores y que sigas escribiendo influenciado por Cortázar y otros grandes.

C.S.- Eso espero. Muchas gracias a ti. 



Ficha novela

Editorial: Oromana Editores
Encuadernación: Tapa blanda con solapas.
Nº Páginas: 326
Publicación: Abril, 2018
Precio: 20,00 €
ISBN: 9788491291732







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