Buenos días. Como os comentaba ayer os traigo la entrevista que Amàlia Lafuente, autora de la novela Terapia de riesgo me ofreció la semana pasada.
Para no ser reiterativa, ya que ayer publiqué la reseña en la que figuraba la biografía de la autora y la sinopsis del libro, paso directamente a la entrevista. Si alguien tiene interés puede ver la reseña con la sinopsis y la biografía aquí.
Marisa G.- Buenas tardes Amália. En primer lugar, gracias por concedernos esta entrevista. Por la biografía que figura en la solapa del libro, sabemos que eres médico y catedrática en Farmacología por la Universidad de Barcelona y que te dedicas a la docencia y a la investigación. Eres una mujer de ciencias puras, ¿no?
Amàlia L.- Teóricamente sí, lo que pasa es que a mí siempre me han gustado las letras. En mi época, para estudiar Medicina, tenías que hacer el Bachillerato de Ciencias, pero yo soy más de letras que de ciencias. De hecho hice los dos Bachilleratos, hice letras porque me gustaba y ciencias porque no tenía más remedio, pero las letras siempre las he tenido como afición. Me ha gustado siempre leer y escribir. Yo escribía mucho de joven, pero durante el periodo de estudios, de tener hijos, de hacer la promoción profesional,... la verdad es que no tenía tiempo. Nosotros decimos "o vives o escribes" y en los momentos álgidos de tu vida es difícil escribir. En cambio, en los momentos aburridos, de placidez,... como en los que estoy ahora, que ya estoy estabilizada, tengo los hijos mayores que ya se han independizado, ahora es cuando tengo tiempo. Entonces me dediqué a ir a L'Ateneu donde hice un curso de escritura de 4 años, como una carrera, y me especialicé en novela. Es una escuela de escritura que hay en Barcelona por la que han pasado muchos escritores conocidos como Falcones. Lo interesante es que he podido mezclar las letras con las ciencias porque he escrito una novela pero con un fondo de ciencia. Yo creo que este es el valor añadido que yo he podido aportar porque hay poca gente en este ámbito que pueda combinar las dos cosas.
M.G.- A mi siguiente pregunta prácticamente ya has contestado porque tenía interés en saber si tu afición por la literatura te hizo pasar por un taller de escritura.
A.L.- Sí porque además era consciente de que escribir una novela era muy complejo y que, de forma autodidacta, no lo iba a poder hacer. Recuerdo ese momento en que me dije que ahora era el momento de la vida en el que podía recuperar las aficiones y que me podía dedicar un poco a mí porque anteriormente había estado dedicada a la familia, al trabajo, y ahora siento que es mi momento para recuperar mis aficiones
M.G.- Tu primera novela, Código Genético, publicada por Plaza & Janés en 2011, al igual que la que nos ocupa hoy, también la centras en un entorno sanitario. Imagino que echas mano de aquello que conoces bien, ¿no?
A.L.- Sí, siempre son experiencias vividas que enlazas en una historia que es completamente ficción. Es como si cogieras piezas de tu vida y creas una historia nueva. No es autobiográfica propiamente porque la historia es completamente ficción pero si he ido cogiendo pequeñas experiencias que he vivido yo o que las he vivido de muy cerca.
M.G.- ¿Pero tienes intención de adentrarte en otros entornos que no sean el sanitario?
A.L.- No.
M.G.- Este es el entorno que tú conoces y el que quieres manejar, ¿no?
A.L.- Sí, ese, porque seguro que es lo que haré mejor. Es lo que conozco más y no tengo tiempo de documentarme en otras áreas. En cambio aquí lo tengo fácil, bien porque yo entiendo de esa temática o bien porque tengo compañeros, colegas que me van a ayudar y que además están encantados de ayudarme. Es un problema de conocimiento y también de comodidad, las dos cosas. Hablando claro, no tengo tiempo para escribir novela histórica o de viajes, por ejemplo.
M.G.- Cualquier otro ámbito que sea más desconocido para ti y no este que es el conoces perfectamente bien.
A.L.- Claro, claro... Sé que en este tema puedo contribuir en algo donde la literatura es deficitaria. En nuestro país no hay mucha gente que escriba dentro de este área, sin embargo en otras hay muchos escritores.
M.G.- En Terapia de riesgo nos planteas un thriller en el que tienen cabida las irregularidades médicas con fines lucrativos, los diagnósticos falsos como negocios, las fundaciones que son tapaderas,... Nos ofreces una visión del lado oscuro de la sanidad. A mí tu novela me ha producido mucho vértigo porque yo confío plenamente en el sistema sanitario español. Entiendo que todo lo que cuentas es ficción porque además lo aclaras en la Nota de la autora pero claro siempre te queda la duda. ¿Se dan los casos que planteas en tu novela en el sistema sanitario?
A.L.- A ver. Yo soy médico, mi marido es médico, me trato todos los días con médicos y yo confío muchísimo en la honestidad de los médicos y en la calidad del sistema sanitario. Eso vaya por delante. Pero cuando uno tiene que escribir una novela tiene que buscar conflictos y tiene que buscar personajes negativos que generen esos conflictos porque de otro modo no te sale la novela. Si yo escribo una novela con médicos buenos y santos no me va a salir una novela atractiva. Entonces tienes que echar mano de esos personajes y de esos conflictos que realmente hay pero que son minoritarios. Todos sabemos que el personaje del médico interesado y que se mueve con fines lucrativos existe aunque es algo minoritario pero sabemos que están ahí, que son interesados económicamente e igualmente también sabemos que hay médicos otros perfiles negativos, como esos médicos excelsos que sólo se cuidan de las técnicas sofisticadas, que pierden el contacto íntimo con el paciente porque lo que le preocupa más es un promoción personal, el prestigio delante de sus colegas y se pierde el valor intrínseco de la medicina que es el contacto directo con el paciente. Este otro perfil negativo también figura en la novela.
Todos los investigadores somos conscientes de que la ciencia está fundamentada en la confianza en el investigador. Es decir, nosotros cuando presentamos un proyecto de investigación pasa por unos filtros, por unos comités de ética, teóricamente tenemos que presentar un consentimiento firmado a todos los participantes en ese proyecto pero también somos conscientes de que detrás nuestra no hay nadie que nos obligue, no tenemos un policía que nos vigila, por tanto todo se basa en la confianza en el investigador. Asi puedes encontrarte una persona sin escrúpulos que se salte todos los procedimientos, que se salte la veracidad de los resultados y eso cuesta descubrirlo, aún así, en prensa ha habido muchos escándalos de este tipo.
M.G.- Y con tantos recortes en el sistema sanitario, ¿nuestra sanidad goza de buena salud todavía o empieza a resentirse bastante?
A.M.- Yo diría que está en el límite. Las listas de espera están muy priorizadas por diagnósticos. Aquellos que son realmente graves se intenta no retrasarlos mucho pero creo que estamos en el límite para no entrar en un fracaso. Lo que pasa es que estábamos en un nivel de calidad muy alto y posiblemente bajemos el escalón de la calidad. Hacemos una buena medicina pero no al nivel en el que estábamos porque en algunas especializaciones éramos pioneros. Eso es lo que se puede perder...
M.G.- Pues a ver si los políticos se dan cuenta de todo esto porque a todos nos puede tocar una situación complicada, por lo tanto si maltratamos la sanidad, en definitiva nos maltratamos a nosotros mismos.
A.M.- Exactamente.
M.G.- En cuanto al argumento de tu novela te centras en una investigación que intenta dilucidar una mala praxis a la hora de luchar contra el envejecimiento. ¿Por qué tanta preocupación con el tema del envejecimiento? ¿Por qué tanta proliferación de intervenciones de cirugía estética? ¿Es que no nos aceptamos? ¿No aceptamos el paso del tiempo?
A.M.- Supongo que ha influido mucho el culto al cuerpo, la publicidad, el cine,... que nos muestra siempre el modelo perfecto de mujer y de hombre. Tenemos siempre por delante a través de medios audiovisuales la perfección. Esto por un lado. Y por otro lado nos preocupa envejecer porque nos preocupa morir y porque nos preocupa enfermar. Porque si no enfermáramos y no muriéramos, el hecho de envejecer tendría una repercusión relativa pero sabes que después de la arruga viene la enfermedad y después viene la muerte. En ese sentido, creo que estamos en un momento muy interesante en la parte de investigación porque lo que se está pensando hoy en día es que no es suficiente con el rejuvenecimiento superficial de la cirugía o medicina estética, con las infiltraciones, con los rellenos con el bótox o con el ácido hilaurónico, las células madres,... No es suficiente este rejuvenecimiento superficial sino que se ha de ir más allá en el rejuvenecimiento integral, es decir, que tenemos que envejecer con salud. Ahora estamos alargando la vida alargando la enfermedad y eso, por calidad de vida, no nos interesa porque envejecemos mal y aparte, económicamente no es sostenible. Entonces el reto es encontrar la manera de poder envejecer de forma saludable, enlentecer este proceso. Con todos los conocimientos de biología molecular se está llegando a conocer la intimidad del por qué la célula muere, por qué son mortales, cómo se podrían manipular estos sistemas que controlan el envejecimiento y la investigación que se está llevando a cabo es de primera línea. Los investigadores están realmente encontrando fármacos que podrán en poco tiempo, y esto lo digo entre comillas, hablaríamos de unos cinco años, actuar de esta forma fisiológica.
M.G.- Has mencionado una frase que la tengo anotada porque me llamó la atención. Me refiero al hecho de alargar la vida alargando la enfermedad. Nunca me lo había planteado de este modo.
A.M.- Es que hoy en día envejecimiento y enfermedad van super-, están mezcladas, es difícil desvincular las dos cosas. Envejecer quiere decir normalmente sufrir enfermedades crónicas: diabetes, hipertensión, artrosis,... La idea es separar las dos cosas, es decir, que envejecer no quiera decir por fuerza enfermar sino que se pueda envejecer, vivir una vida activa en todos los sentidos hasta que llegara un momento que te murieras porque fisiológicamente el cuerpo ya no da más de sí, pero no por una enfermedad crónica que hayas ido arrastrando en los últimos veinte años de tu vida que es lo que está pasando ahora.
M.G.- Y no con padecimiento quizás, ¿no?
A.L.- Claro, sin haber padecido, sin hacer sufrir a tu familia,... En fin, todo eso que sabemos que pasa.
M.G.- ¿Pero tienes intención de adentrarte en otros entornos que no sean el sanitario?
A.L.- No.
M.G.- Este es el entorno que tú conoces y el que quieres manejar, ¿no?
A.L.- Sí, ese, porque seguro que es lo que haré mejor. Es lo que conozco más y no tengo tiempo de documentarme en otras áreas. En cambio aquí lo tengo fácil, bien porque yo entiendo de esa temática o bien porque tengo compañeros, colegas que me van a ayudar y que además están encantados de ayudarme. Es un problema de conocimiento y también de comodidad, las dos cosas. Hablando claro, no tengo tiempo para escribir novela histórica o de viajes, por ejemplo.
M.G.- Cualquier otro ámbito que sea más desconocido para ti y no este que es el conoces perfectamente bien.
A.L.- Claro, claro... Sé que en este tema puedo contribuir en algo donde la literatura es deficitaria. En nuestro país no hay mucha gente que escriba dentro de este área, sin embargo en otras hay muchos escritores.
M.G.- En Terapia de riesgo nos planteas un thriller en el que tienen cabida las irregularidades médicas con fines lucrativos, los diagnósticos falsos como negocios, las fundaciones que son tapaderas,... Nos ofreces una visión del lado oscuro de la sanidad. A mí tu novela me ha producido mucho vértigo porque yo confío plenamente en el sistema sanitario español. Entiendo que todo lo que cuentas es ficción porque además lo aclaras en la Nota de la autora pero claro siempre te queda la duda. ¿Se dan los casos que planteas en tu novela en el sistema sanitario?
A.L.- A ver. Yo soy médico, mi marido es médico, me trato todos los días con médicos y yo confío muchísimo en la honestidad de los médicos y en la calidad del sistema sanitario. Eso vaya por delante. Pero cuando uno tiene que escribir una novela tiene que buscar conflictos y tiene que buscar personajes negativos que generen esos conflictos porque de otro modo no te sale la novela. Si yo escribo una novela con médicos buenos y santos no me va a salir una novela atractiva. Entonces tienes que echar mano de esos personajes y de esos conflictos que realmente hay pero que son minoritarios. Todos sabemos que el personaje del médico interesado y que se mueve con fines lucrativos existe aunque es algo minoritario pero sabemos que están ahí, que son interesados económicamente e igualmente también sabemos que hay médicos otros perfiles negativos, como esos médicos excelsos que sólo se cuidan de las técnicas sofisticadas, que pierden el contacto íntimo con el paciente porque lo que le preocupa más es un promoción personal, el prestigio delante de sus colegas y se pierde el valor intrínseco de la medicina que es el contacto directo con el paciente. Este otro perfil negativo también figura en la novela.
Todos los investigadores somos conscientes de que la ciencia está fundamentada en la confianza en el investigador. Es decir, nosotros cuando presentamos un proyecto de investigación pasa por unos filtros, por unos comités de ética, teóricamente tenemos que presentar un consentimiento firmado a todos los participantes en ese proyecto pero también somos conscientes de que detrás nuestra no hay nadie que nos obligue, no tenemos un policía que nos vigila, por tanto todo se basa en la confianza en el investigador. Asi puedes encontrarte una persona sin escrúpulos que se salte todos los procedimientos, que se salte la veracidad de los resultados y eso cuesta descubrirlo, aún así, en prensa ha habido muchos escándalos de este tipo.
M.G.- Y con tantos recortes en el sistema sanitario, ¿nuestra sanidad goza de buena salud todavía o empieza a resentirse bastante?
A.M.- Yo diría que está en el límite. Las listas de espera están muy priorizadas por diagnósticos. Aquellos que son realmente graves se intenta no retrasarlos mucho pero creo que estamos en el límite para no entrar en un fracaso. Lo que pasa es que estábamos en un nivel de calidad muy alto y posiblemente bajemos el escalón de la calidad. Hacemos una buena medicina pero no al nivel en el que estábamos porque en algunas especializaciones éramos pioneros. Eso es lo que se puede perder...
M.G.- Pues a ver si los políticos se dan cuenta de todo esto porque a todos nos puede tocar una situación complicada, por lo tanto si maltratamos la sanidad, en definitiva nos maltratamos a nosotros mismos.
A.M.- Exactamente.
M.G.- En cuanto al argumento de tu novela te centras en una investigación que intenta dilucidar una mala praxis a la hora de luchar contra el envejecimiento. ¿Por qué tanta preocupación con el tema del envejecimiento? ¿Por qué tanta proliferación de intervenciones de cirugía estética? ¿Es que no nos aceptamos? ¿No aceptamos el paso del tiempo?
A.M.- Supongo que ha influido mucho el culto al cuerpo, la publicidad, el cine,... que nos muestra siempre el modelo perfecto de mujer y de hombre. Tenemos siempre por delante a través de medios audiovisuales la perfección. Esto por un lado. Y por otro lado nos preocupa envejecer porque nos preocupa morir y porque nos preocupa enfermar. Porque si no enfermáramos y no muriéramos, el hecho de envejecer tendría una repercusión relativa pero sabes que después de la arruga viene la enfermedad y después viene la muerte. En ese sentido, creo que estamos en un momento muy interesante en la parte de investigación porque lo que se está pensando hoy en día es que no es suficiente con el rejuvenecimiento superficial de la cirugía o medicina estética, con las infiltraciones, con los rellenos con el bótox o con el ácido hilaurónico, las células madres,... No es suficiente este rejuvenecimiento superficial sino que se ha de ir más allá en el rejuvenecimiento integral, es decir, que tenemos que envejecer con salud. Ahora estamos alargando la vida alargando la enfermedad y eso, por calidad de vida, no nos interesa porque envejecemos mal y aparte, económicamente no es sostenible. Entonces el reto es encontrar la manera de poder envejecer de forma saludable, enlentecer este proceso. Con todos los conocimientos de biología molecular se está llegando a conocer la intimidad del por qué la célula muere, por qué son mortales, cómo se podrían manipular estos sistemas que controlan el envejecimiento y la investigación que se está llevando a cabo es de primera línea. Los investigadores están realmente encontrando fármacos que podrán en poco tiempo, y esto lo digo entre comillas, hablaríamos de unos cinco años, actuar de esta forma fisiológica.
M.G.- Has mencionado una frase que la tengo anotada porque me llamó la atención. Me refiero al hecho de alargar la vida alargando la enfermedad. Nunca me lo había planteado de este modo.
A.M.- Es que hoy en día envejecimiento y enfermedad van super-, están mezcladas, es difícil desvincular las dos cosas. Envejecer quiere decir normalmente sufrir enfermedades crónicas: diabetes, hipertensión, artrosis,... La idea es separar las dos cosas, es decir, que envejecer no quiera decir por fuerza enfermar sino que se pueda envejecer, vivir una vida activa en todos los sentidos hasta que llegara un momento que te murieras porque fisiológicamente el cuerpo ya no da más de sí, pero no por una enfermedad crónica que hayas ido arrastrando en los últimos veinte años de tu vida que es lo que está pasando ahora.
M.G.- Y no con padecimiento quizás, ¿no?
A.L.- Claro, sin haber padecido, sin hacer sufrir a tu familia,... En fin, todo eso que sabemos que pasa.



