miércoles, 30 de enero de 2019

CAMPEONES (COMEDIA - 2018)

Año: 2018

Nacionalidad: Española.

Director: Javier Fesser.

Reparto: Javier Gutiérrez, Juan Margallo, Luisa Gavasa, Jesús Vidal, Daniel Freire, Athenea Mata, Roberto Chinchilla, Alberto Nieto Fernández, Gloria Ramos, Itziar Castro.

Género: Comedia.

Sinopsis: Marco, un entrenador profesional de baloncesto, se encuentra un día, en medio de una crisis personal, entrenando a un equipo compuesto por personas con discapacidad intelectual. Lo que comienza como un problema se acaba convirtiendo en una lección de vida.

[Fuente: Filmaffinity]


Síndrome de Down. ¡Con la Iglesia hemos topado! Muchos sabéis que, por cuestiones familiares, estoy especialmente sensible con este tema. Por eso, cuando algo de mi entorno está relacionado con ese gen de más, se disparan mis alarmas y me vuelvo especialmente receptiva a la vez que recelosa. 

Campeones pasa a formar parte de la lista de largometrajes que abordan la discapacidad, física o intelectual, compartiendo espacio con Yo, también, León y Olvido, Anita (esta última no tuve el valor de verla  hasta el final) u otros títulos como Me llaman Radio La voz del interior, entre otras muchas. Y es que estamos en un momento social en el que la integración... bla, bla, bla... ¿Qué os voy a decir? La integración de las personas con discapacidad, los recursos destinados a este colectivo y los proyectos futuros me hacen mucha gracia. Eso sí que es una comedia. El mundo de los discapacitados, al menos en lo referente a los intelectuales, sigue estando a la sombra, arrumbado en un lugar recóndito al que nuestra clase política se asoma poco, lanzando consignas y poniendo en marcha planes que, a la larga no son más que un parche. Creo que este discurso ya me lo habéis oído en otra ocasión pero es que los discapacitados lo siguen teniendo muy, muy complicado en todos los ámbitos de la esfera personal y profesional. No os podéis ni imaginar el estado tan deplorable en el que se encuentra los centros públicos o concertados, o lo difícil que es acceder a la Ley de Dependencia. Una odisea que no se la deseo a nadie. En fin, que me caldeo. Mejor volvamos a la película. 

Sobre Campeones he oído una disparidad de opiniones. Gente que la ensalza y gente que la pisotea. De todo debe haber en la viña del Señor. En lo que a mí respecta, debo decir que me ha gustado y me ha parecido divertidísima, que nos acerca con humor al mundo de la incapacidad intelectual como vehículo para convertirnos en mejores personas. Dicho así puede sonar a una película demasiado moralizante, y es verdad que lanza mensajes a diestro y siniestro pero ¿qué mal hay en ello? Como parte afectada os puedo decir que muchos discapacitados me han dado grandes lecciones y sé de buena tinta que lo mejorcito que hay en mí se lo debo a ellos. Así que, sí, Campeones es una película que me ha gustado aunque también reconozco que, en algunos momentos he torcido el gesto. Pero de eso os hablaré luego. 

Marco Montes (Javier Gutiérrez) es un tipo insufrible que siempre se pasa de listo. Se ha separado de la mujer, es un tanto déspota, cree tener siempre la razón y así le va. Tras un primer encontronazo con la discapacidad, al que reaccionará de manera ofensiva, cuando un agente le pone una multa por mal aparcamiento, vivirá el momento más bochornoso de su vida. Será despedido como segundo entrenador de un equipo profesional de baloncesto después de pelearse con su jefe ante las cámaras de televisión durante un partido. Sin trabajo, sin mujer,... ahogará las penas tomando copas y terminará detenido acusado de un rosario de delitos. Un juicio rápido y la sentencia de un juez lo mandan a realizar servicios para la comunidad. Su cometido: entrenar a un grupo de discapacitados. Allí conocerá a Benito, Fabián, Juanma, Paco, Marín, José Luis,  Manuel, Sergio,... y a Collantes (la única chica). El panorama es desolador. Marco cree imposible convertir a estos chicos en un equipo de baloncesto, un grupo de jugadores coordinados que sepan, por lo menos, botar la pelota porque lo de encestar es otra historia. Sin embargo, nada es imposible para ellos (ni siquiera convertirse en actores y actrices y llegar a los Goya). 

Campeones juega a dos bandas, con la comedia y con el drama. La relación de Marco con los chicos desata todo tipo de situaciones pintorescas y divertidas que van a despertar la sonrisa y la risa del espectador. Hay momentos gloriosos como ese primer encuentro entrenador-jugadores, con unas presentaciones disparatadas, enredos de nombres, de novias, de jugadas y las peculiaridades propias de cada uno de esos chicos a los que su discapacidad le hace reaccionar de un modo u otro. Sin duda, es la mejor parte mejor de la película. Y escenas de este tipo se irán repitiendo a lo largo de todo el metraje.

Pero también hay espacio para el drama. En cierto modo, la vida de estos jóvenes tiene su parte melodramática como la de todos, porque, más allá de los entrenamientos, tienen sus trabajos, sus sueños, sus anhelos, sus frustraciones y decepciones pero consiguen ver las cosas de una manera distinta. Especialmente es un drama lo que le ha ocurrido a Román, un chico altísimo que parece tener bastantes conocimientos de baloncesto pero eso mejor no os lo cuento. Y por supuesto, es un drama la vida de Marco, en lo personal con una relación que está rota por diferencias irreconciliables con su esposa Sofía sobre una cuestión en la que tiene mucho que ver la discapacidad (este fue uno de los momentos en los que torcí el gesto), y en lo profesional, cuando de ser un grande del baloncesto a nivel nacional acaba arrumbado en un club de baloncesto de discapacitados. Risas y lágrimas en una película con un pre-desenlace que acarrea un importante mensaje cívico para remover conciencia (aquí volví a torcer el gesto) y un desenlace que sí recurre al lado más sentimental del espectador. La típica manipulación que encuentras con frecuencia en otras películas de rancio abolengo. Tampoco eso me supone un problema.

Y más allá del guion, si algo me ha conquistado de la película han sido los chicos. Juanma tiene mucho miedo al agua después de una experiencia traumática que le ocurrió de niño pero también siente una necesidad irrefrenable de abrazar a todo el mundo. Esto es tal que así. Los miedos de muchos de estos niños discapacitados son sencillos e incomprensibles para nosotros, - mi hermana, por ejemplo, le tiene pavor a las gafas de natación-, pero a su lado te vas a sentir la persona más querida del mundo, besado hasta la extenuación y abrazado hasta que te duela todo el cuerpo. Bueno, al lado de mi hermana no mucho porque ella pasa de toda la familia. Es la persona más independiente que he visto en mi vida, tanto que en cada visita me ve y me dice: '¡Ah, eres tú! Vale, adiós. Te dejo que tengo muchas cosas que hacer'. Y ahí me deja, plantada, después de una hora de camino de ida y otra hora de camino de vuelta, con ganas de estar con ella, de ver cómo se encuentra y pensando en qué cosas serán esas que tiene que hacer. No doy crédito pero la adoro.  Benito quiere jugar al baloncesto y tiene un jefe que lo putea. A Paco no se le entiende nada de lo que habla pero piensa con más coherencia que tú y que yo. A Sergio le dan... bueno, lo dejo ahí porque es uno de los momentos más bueno de la película.

De Campeones me ha fascinado el reflejo que hace de la sinceridad, de la honestidad, del ingenio y del punto de vista de las personas con discapacidad intelectual. Son sorprendentes, espontáneos, sin filtro, siempre dicen lo que piensan, no tienen prejuicios, no se cortan un pelo,... pero son taaaaan agradecidos. Por eso ellos ponen a Marco en situaciones que una persona 'normal' (ojo al adjetivo porque va con doble intención) jamás lo haría, momentos en los que el entrenador no sabe qué responder y que, en cierta medida, le hacen reflexionar. Igual que le ocurre al espectador.

A su vez, esta película también muestra cómo es el día a día de estos chicos más allá de una cancha de baloncesto porque ellos también tienen una rutina, unos horarios y unos trabajos -los más afortunados o con un grado de discapacidad inferior-, como Benito, que trabaja en un restaurante de lavaplatos, o Fabián que vive en una casa tutelada con cierto nivel de independencia, o Jesús que trabaja en un taller de coches y tiene sus propios aprendices, o Juanma que vive en un centro de acogida de animales donde colabora, o Sergio que se pinta el pelo de colores porque en su trabajo le pagan las horas extras con los tintes defectuosos o Marín que  forma parte de un plan de integración del ayuntamiento y es muy hipocondríaco. 

A nivel interpretativo, la película opta a once premios en los Goya entre ellos a los de Mejor Actriz Revelación y Mejor Actor Revelación, estando además nominada como Mejor Película. A ver, no creo que sea una película para una nominación de esta envergadura aunque estemos hablando de cine español y no de cine norteamericano. Pero otra cosa distinta es la interpretación. Gloria Ramos  (Collantes) y Jesús Vidal (Marín), optan al premio de mejor interpretación revelación. A mí me ha encantado el trabajo de Ramos. Su papel es el de una chica con Síndrome de Down, muy desafiante, muy pasota, que no consiente que nadie la tutee. Tiene frescura, naturalidad, desparpajo y eso me ha conquistado. Me la he creído totalmente. Por eso creo que tiene sus posibilidades, a pesar de competir con Rosy Rodríguez y Zaira Moreno (Carmen y Lola), cuyas interpretaciones  también me gustaron muchísimo. Si se lo llevara, confío en que sea por un trabajo bien hecho y no por ser discapacitada. Me alegraría más que ella. 

En cuanto a Javier Gutiérrez, todos sabemos que es un grandísimo actor, muy camaleónico que lo mismo sirve para el drama que para la comedia y aquí lo demuestra de sobra. Me hubiera gustado ver el rodaje de esta película, y comprobar si había camaradería entre Gutiérrez y los chicos. Imagino que se lo han tenido que pasar tremendamente bien en el rodaje. El actor encaja muy bien en la historia, y a su personaje se le ve la más que esperada evolución de un tío ofensivo a una persona tolerante y comprensiva. También opta al premio de Mejor Protagonista. Saldremos de dudas el próximo sábado.

La nueva propuesta de Javier Fesser se ha llevado de calle a la crítica y a buena parte del público. Está claro que también tiene sus detractores y que no a todo el mundo le ha gustado, pero me parece que la balanza, especialmente la profesional, se inclina más hacia el lado bueno del asunto. Y es que la película divierte y nos hace mucha falta reír. 

En definitiva, no creo que haya que pedir peras a los olmos. Campeones es lo que es, una comedia que nos muestra a un grupo de intelectuales, que nos enseñan a relativizar, a vislumbrar lo que es más importante en la vida, que nos dan lecciones de compañerismo, de humanidad,...con su leve toque de suspense ¿Hay que pedirle algo más? Creo que no. El objetivo más inmediato de esta comedia lo cumple con creces. Es hacerte reír y tienes que ser de hielo si no se te escapa alguna carcajada. 

Me despido con un último apunte. Hay una frase final que le regala Collantes a Marco: 'Nos has tratado como personas'. Os puede sonar ridículo, una cursilería y un recurso fácil para sacarle una lágrima al espectador, pero creedme porque he tenido que lidiar muchas situaciones desagradables, la gente sigue mirando de soslayo, sigue apartándose, sigue mostrando rechazo. Esto es la puñetera verdad, así que a mí no me parece un golpe bajo de guion, sino un puñetazo en toda la cara a todo aquel que sigue discriminando a cualquier persona con discapacidad.





Tráiler:



martes, 29 de enero de 2019

JUAN GÓMEZ-JURADO: 'Lo único realmente importante es que el lector se lo pase bien'

Juan Gómez-Jurado, autor de Espía de Dios (2006), El paciente (2014) o Cicatriz (2015), entre otras, visitó Sevilla en el mes de noviembre para presentar su última novela, Reina Roja, un thriller que sigue pisando fuerte, con un personaje principal difícil de olvidar y un aluvión de lectores que llenan las redes sociales con los colores negro y rojo, los mismos que componen la cubierta.

El encuentro tuvo lugar poco antes de la presentación en una de las librerías de la ciudad, así que, con motivo de una agenda apretada y un sinfín de compromisos, tan solo pude robarle diez minutos de su tiempo. Para no dejar la entrevista colgada, acordamos que le mandaría el cuestionario vía mail y aquí lo tenemos. Me hubiera gustado que se hubiera desarrollado cara a cara en su totalidad, por aquello de la fluidez y la inmediatez en las reacciones pero..., en otra ocasión será.


Marisa G.- Tus novelas han cosechado muchísimo éxito, lo avala la cantidad de lectores que tienes y las traducciones que se están haciendo. Y entre tanta alabanza, ¿llega alguna crítica negativa por parte de los lectores? Y en tal caso, ¿cómo se encaja? ¿Se le presta atención o se pasa muy por encima? 

Juan G.- Claro que llega, pero se encaja muy bien. Yo soy muy partidario de vivir y dejar vivir… simplemente pienso que el libro no es para esa persona. En todos estos años de carrera, con la única crítica con la que me he enfadado (la he encontrado varias veces, en varios idiomas y novelas distintas) es la de “Había muchos tacos, lo he dejado en la página sesenta, no lo leáis”. Y te pone una estrella. 

M.G.- Has comentado que esta novela te ha llevado tres años de trabajo. ¿Cómo ha sido ese proceso? 

J.G.- Largo y laborioso, porque ha habido que desarrollar un personaje como el de Antonia Scott, que en realidad se ha escrito ella a sí misma. Lo cual no quiere decir que no haya llevado esfuerzo. 

M.G.- No se puede negar que Antonia Scott es un personaje peculiar. Lo es incluso desde el nombre. Al lector que todavía no haya abierto las páginas de tu novela, le va a chocar esa mezcla hispano-anglosajona. ¿Cómo definirías al personaje? 

J.G.- Antonia Scott es extraña. Es una mujer muy inteligente, y las personas muy inteligentes causan a la vez manipulación y rechazo. 

M.G.- Si te soy sincera yo pensé que era una mujer con poderes paranormales o una 'hacker'. ¿Hasta dónde puedes contar para que el lector se haga una idea? 

J.G.- Antonia nació con una inteligencia privilegiada. Tan privilegiada que podría haber elegido ser cualquier cosa. Y, sin embargo, eligió ser alguien que ayuda a otras personas resolviendo crímenes que nadie más puede resolver. 

M.G.- En la Nota de autor, nos cuentas qué dos grandes referentes te han servido para la construcción de Antonia. ¿Qué nos puedes decir sobre esto? 

J.G.- Para la creación de sus procesos mentales me he basado en el modo en el que descubrieron la grandeza de su propia mente y las capacidades dos mujeres: Marilyn Vos Savant, con un cociente intelectual de 228 (si bien los números son discutidos) y Edith Stern, que a los 16 años ya era profesora de Matemáticas Abstractas en la Universidad de Michigan. En el caso de Edith, con un cociente de 205, la naturaleza no obró sola. Dos días después de su nacimiento su padre, Aaron Stern, dio una rueda de Prensa para comunicar que iba a convertir a su hija en un genio. Dedicó su vida entera y todo el tiempo de la niña (a la que apartó de su madre) a esa tarea, trabajando con tarjetas en las que le mostraba animales, edificios famosos y conceptos desde que tenía semanas de edad. A los dos años la niña conocía el alfabeto completo. Hoy Edith tiene 128 patentes a su nombre y es una de las personas cuyo trabajo más ha influido en la computación en tiempo real. El método, aunque inhumano y absolutamente desaconsejable, no es la primera vez que se usa. Teón ya lo empleó en el siglo IV con su hija Hipatia, la primera mujer reconocida como un genio universal. Hipatia destacó en los campos de las matemáticas, la filosofía y la astronomía. Fue asesinada por una turba de fanáticos religiosos. 

M.G.- Antonia tiene un compañero de batalla, un inspector de policía, vasco y homosexual que se llama Jon Gutiérrez. Es un personaje que me gusta mucho. Para los que no han leído la novela, ¿cómo es? 

J.G.- Es alto, grande, fuerte. No es que esté gordo. El inspector Gutiérrez tiene un torso en forma de barril, y dos brazos a juego. En el interior, aunque no se aprecie, hay músculos de harrijasotzaile. Levantar 293 kilos es su propio récord, nada menos, y eso sin entrenar mucho, por puro hobby. Y luego tiene un corazón de oro, absolutamente protector con Antonia. Es capaz de saltarse todas las normas por ayudarla. 

M.G.- Pero si tengo que hablar de personajes, hay uno que me ha maravillado. Antonia tiene una abuela de 93 años, que habla con su nieta por videoconferencia. Tan peculiar como Antonia. ¿Cuántas abuelas como esta nos podemos encontrar? 

J.G.- No lo sé, yo no he tenido abuela nunca, pero sí sé que alguien como la abuela Scott es la abuela que me gustaría tener. A los 19 años, Georgina Scott se alistó voluntaria como enfermera, y había desembarcado en Normandía setenta horas después del famoso Día D, con el casco enorme medio caído sobre las cejas y abrazada a una maleta de cartón llena de ampollas de morfina. Los nazis estaban a tiro de piedra, y ella ahí, dale que te pego, corta pierna, cose herida y pincha analgésico. Ahora tiene ya unos añitos y sobrevive a base de vino. 




M.G.- Otro personaje más, un periodista a la caza del artículo que suponga un broche de oro antes de su jubilación. Es un personaje que te permite hacer una crítica al periodismo actual. 

J.G.- Bruno es un periodista de la vieja escuela. Pero de los del fondo de la clase, de los que distraían a los compañeros y daban collejas al resto. Y tiene sus propias opiniones. No siempre las opiniones de los personajes coinciden con las mías, y eso es interesante. 

M.G.- El título hace referencia a un proyecto gestado en las altas esferas con un fin muy concreto, combatir y resolver los crímenes más difíciles de resolver. Digamos que es un 'organismo' con una estructura muy definida y al frente del cual están personas con un CI muy alto. Que sepamos, no hay nada similar puesto en marcha, ¿no? 

J.G.- Que yo sepa. O igual sí. ;) 

M.G.- En esta novela la policía no sale muy bien parada, ¿no? Se llega a decir que ' la policía es lenta, segura y predecible' 

J.G.- En el contexto de la novela, lo es. Piensa que toda la fuerza del proyecto Reina Roja es ser lo que la policía no es. 

M.G.- En los thrillers en los que interviene algún cuerpo de seguridad, hay que tener especial cuidado porque se escucha que los guiones en las series o los novelistas se saltan un poco a la torera el protocolo. ¿Cómo manejas tú el tema? ¿Sueles ser cuidadoso en los detalles? 

J.G.- Alfred Hitchcock denominaba a esta clase particularmente irritante de idiotas “mis amigos los verosimilistas”. Cuando una persona sabe una cosa, una sola, enseguida corre informar de un potencial error al que sabe cien. Yo me documento a la perfección, y cuando sé exactamente cómo son las cosas, las cambio donde sea preciso para favorecer la experiencia del lector. Porque no escribimos tratados de criminología, sino que contamos historias. 

M.G.- Imagino que para documentarte habrás consultado con algún policía, no sé si amigo o no. 

J.G.- No uno, tres. Los nombres me los guardo. Todos enormes profesionales. 

M.G.- Tu novela me ha descubierto que hay un tipo de policía del subsuelo. No estoy muy segura que la gente sepa que esto existe 

J.G.- Es curioso lo que es la experiencia. Para mí es de lo más normal, ya que de niño crecí viendo a unos policías del subsuelo entrando cada cierto tiempo en una alcantarilla debajo de mi casa. Por debajo de nuestras ciudades hay otra ciudad enorme, que también necesita seguridad. 

M.G.- Los malos de esta novela dejan una escena del crimen poco común. ¿Cómo haces para idear los crímenes? 

J.G.- Sacrifico a un bebé en noches de luna llena sobre un altar hecho de huesos de aceituna. 

M.G.- Aunque estamos ante un thriller, nos topamos con un personaje como Antonia o el mismo narrador omnisciente que tienen un humor muy negro y arranca alguna sonrisa. ¿Sirve para aligerar tensiones? 

J.G.- Claro, es esencial el equilibrio, siempre a favor de la experiencia de lectura. Lo único realmente importante es que el lector se lo pase bien. 

M.G.- Me gustaría que nos comentaras si has descubierto algo curioso o llamativo a la hora de escribir esta novela. ¿Alguna anécdota que contar? 

J.G.- Hay una cosa, pero no te la puedo contar todavía. Vuélveme a hacer esta pregunta en el futuro. 

M.G.- Observo que cuidas mucho la relación con los lectores. Para tener éxito, ¿es vital interactuar en las redes sociales? 

J.G.- No sé si tiene que ver con el éxito. Para mí, el contacto con el lector es fundamental, tratar de persona a persona. 

M.G.-  No te voy a preguntar si volveremos a ver a Antonia y Jon. Los que hemos leído el libro sabemos que sí. 

J.G.- Vale.  

M.G- Me quedo con una frase de la novela: Solo en España hay un millón de psicópatas. Da miedo esta frase. 

J.G.- En España hay más de un millón de "psicópatas puros" y entre cuatro y cinco millones de "psicópatas normalizados o integrados", entre narcisistas, trepas, maquiavélicos o malvados, según los expertos. Por eso hay que aferrarse muy fuerte a las buenas personas cuando las encuentras. Y no soltarlas nunca, por mucho que griten y supliquen.


Y hasta aquí la entrevista. Dicen que Juan Gómez-Jurado es uno de los autores españoles de thrillers más leído en todo el mundo. Sus lectores hablan de novelas adictivas que difícilmente se pueden abandonar. En el caso de Reina Roja, su mejor baza es un personaje original, como es Antonia Scott, pero de ella y de otras cuestiones ya os hablaré con detalles la próxima semana.




Ficha novela

Editorial: Ediciones B.
Encuadernación: Tapa dura  con sobrecubiertas.
Nº Páginas: 568
Publicación: Noviembre, 2018
Precio: 20,90€
ISBN: 978-84-666-6441-7
Disponible en e-Book
Ficha completa aquí.
Puedes empezar a leer aquí.


lunes, 28 de enero de 2019

LA MELODÍA DE LA OSCURIDAD de Daniel Fopiani

Resultado de imagen de la melodía de la oscuridad

Editorial: Espasa.
Fecha publicación: enero, 2018.
Precio: 16,00 €
Género: Novela negra.
Nº Páginas: 272 
Encuadernación: Rústica con solapas.
ISBN:978-84-670-5420-0
[Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]



Autor

Daniel Fopiani (Cádiz, 1990) es sargento de Infantería de Marina y escritor. Ha participado en diversas misiones de paz en el extranjero y, como jefe de los  Equipos Operativos de Seguridad Armada, ha estado desplegado en el norte de Europa, el golfo Pérsico, en el mar Rojo, Turquía, Grecia, Egipto e Irak.

En 2017 consiguió el Premio Valencia Nova de Narrativa con la novela La carcoma, y cuenta en su haber con otros galardones literarios, como el primer premio en el Certamen Internacional "Ana María Navales" y en el X Certamen de Creación Literaria "García Gutiérrez".

Escribe activamente para la revista Zenda, ha formado parte de varias antologías de relatos, ha colaborado como columnista en varios periódicos de la provincia de Cádiz y durante más de cinco años ha sido director de la revista literaria RSC.

Sinopsis

¿Podrá un hombre ciego y asediado por sus demonios hacer frente a un asesino imparable?

Adriano es un hombre acabado. Nada queda de aquel aguerrido sargento que sufrió un atentado en el País Vasco que le reventó las cuencas oculares y la vida entera: ahora es un monstruo desfigurado, ciego, que vive en Cádiz dependiente de su mujer, Patricia, que apenas soporta la rutina y que, a pesar del profundo amor que siente por su marido, no puede dejar de estar angustiada, además, por el dolor incesante de no haber tenido hijos.

Cuando el teniente Román pide la ayuda de Adriano para encontrar al asesino que aterroriza a la ciudad, él sabe que, a pesar de su ceguera, no podrá negarse. La primera víctima aparece salvajemente mutilada en el Museo Arqueológico, la segunda en uno de los parques más concurridos de Cádiz. Adriano intuye que el psicópata está emulando los doce trabajos de Hércules.

Con un ritmo vertiginoso, Daniel Fopiani ha construido un apasionante thriller cargado de audacia, emoción y profundidad psicológica. Una novela que, como si de una oscura melodía se tratara, obliga al lector a contener la respiración mientras se dirige hacia un deslumbrante y conmovedor final.

[Información tomada directamente del ejemplar]



Comencemos con unas nociones de mitología. Sabed que de la unión de Zeus y Alcmena nació un niño al que sus padres llamaron Alceo, en honor a su abuelo. Pero al llegar a la edad adulta, Apolo decidió cambiarle el nombre y pasó a llamarse Hércules, héroe de la mitología romana (Heracles, para la griega). Aquel niño se convirtió en un hombre con muchas cualidades, entre las que brillaban la fuerza y el coraje. Pero quiso el destino que, tras un ataque de ira provocado por la diosa Hera, esposa de Zeus, Hércules matara a su familia. Tras ser consciente de lo que había hecho,  cayó en un profundo arrepentimiento y decidió aislarse del mundo. Fue su hermano Ificles el que lo convenció para visitar el oráculo de Delfos y consultar a los dioses qué debía hacer para librarse de aquella culpa infinita. Entonces, como penitencia, se le impuso llevar a cabo doce tareas, todas ellas ideadas por Euristeo, su mayor enemigo. Solamente superando aquellas doce pruebas Hércules alcanzaría el perdón y la redención.

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[Fuente: Turismo España]
Esta pequeña incursión en la mitología tiene mucho que ver con la nueva publicación del gaditano Daniel Fopiani, La melodía de la oscuridad, una novela negra en la que no faltan víctimas, un asesino despiadado y unos investigadores astutos. Como ya ocurrió en La carcoma, Cádiz vuelve a ser protagonista y será justo a los pies del Hércules Farnesio, expuesto en el Museo Arqueológico de Cádiz, donde se produzca el primer asesinato. La víctima será Juan Carlos Hernández, vigilante de seguridad, que aparecerá desnudo, con la espalda despellejada y en posición de ritual. Nadie ha visto nada, nadie ha oído nada y ni siquiera las cámaras de seguridad han detectado ninguna presencia extraña. Tras este asesinato se irán sucediendo otros tantos. Las víctimas aparecen mutiladas, en posiciones imposibles o ataviadas de la manera más escalofriante. El encargado de la investigación será el teniente Román de la Guardia Civil pero su desconcierto es tan extremo que opta por contactar con Adriano, un ex miembro del cuerpo, dado de baja por incapacidad tras haber sufrido tiempo atrás un atentado de ETA en Intxaurrondo que lo dejó ciego para siempre. Román y Adriano emprenden una investigación con el objetivo de atrapar a Alceo (curioso detalle), el asesino de esta novela, un dato que conoceremos desde el principio y que no repercute en la lectura.

La melodía de la oscuridad comienza asentando bases. Lo primero con lo que se enfrenta el lector es con la cotidianidad de Adriano y su esposa Patricia. Él era un guardia civil con éxito hasta que una bomba de ETA se cruzó en su camino. Le estallaron los globos oculares y entre sus muchas secuelas quedó ciego de por vida. Ahora es un hombre malhumorado, infeliz y desdichado, un despojo, un ser inútil que no puede hacer nada por sí mismo, totalmente dependiente de su perro guía Acho y de su esposa Patricia. Ella es una mujer entregada. La infelicidad de su marido la arrastra hacia un abismo del que no sabe cómo salir.  Cuida de su marido, se preocupa por él, lo protege, lo ampara y a cambio solo recibe desplantes, reproches y malas respuestas. Su matrimonio se ha convertido en una sombra de lo que fue, ya no hay cariño ni encuentros íntimos. Por si fuera poco la única esperanza que le quedaba se esfuma irremediablemente. A pesar de sus 47 años, no ha dejado de soñar en la maternidad pero todo se acaba. Parece que la menopausia llama a su puerta. 

Fopiani presenta a los personajes principales sin prisa pero sin pausa. El lector tiene acceso a la información de la pareja a medida que se van desarrollando los primeros capítulos. Y lo mismo ocurre con Román, un lobo solitario, volcado totalmente en su trabajo como único modo de llenar sus días, pero es al llegar a casa cuando advierte su terrible soledad, un losa que le pesa cada día más. Y es que Román es viudo y sus hijos son muy mayores, con su propia vida y sin tiempo para visitas. Como él mismo dirá con un mezcla de humor y amargura, cualquier día me mandan un fax. Es un hombre que se siente superado, está cansado de la sordidez de su trabajo y necesita encontrar la cara bonita de la vida. 

Si hay algo que me gusta de las novelas de Fopiani son sus personajes. Todos están perfectamente definidos, por fuera y por dentro, y es muy fácil empatizar con todos ellos. A Adriano, a pesar de ser un hombre que no trata muy bien a su mujer, se le puede entender con facilidad. Vive rodeado de oscuridad, se ha visto obligado a renunciar a todo lo que era su vida a nivel profesional y  personal, se ha tenido que adaptar a su nueva situación porque no es igual nacer ciego que volverse ciego, así que, podemos llegar a comprender su frustración, su malestar, su amargura. Es muy interesante todo lo que un lector puede aprender sobre la invidencia, fruto de la labor de documentación del autor. Y con Patricia pasa exactamente igual, que conectamos con ella de manera inmediata. A pesar de ciertas vivencias de las que no quiero desvelar nada, ella ama a su marido pero está cansada de ser su sparring. Necesita respirar aire fresco, el mismo que necesita Adriano, el mismo que él empieza a inhalar en cuanto comienza a colaborar con Román, a pesar de que eso solo aumente los problemas con Patricia. Y con Román, ocurre tres cuartos de lo mismo. Está completamente solo y encima no hace más que meter la pata, usando expresiones que podrían ofender a Adriano por su invidencia. Esto, aunque no lo parezca, dibuja una sonrisa en el lector. 

Estos tres personajes son absolutamente naturales. Reaccionan como lo haría cualquier mortal, de ahí que sea fácil conectar con ellos, pero hay que admitir que no debe ser fácil hacer un retrato tan fidedigno de emociones y comportamientos. Son personajes de los que no solamente vamos a conocer su esfera profesional sino que el autor ahonda con cierta profundidad en su vertiente más personal e íntima por lo que el lector participará de sus sueños, deseos, alegrías, penas y decepciones. 

Sobre Alceo, su infancia y pasado, su estilo de vida y cómo llega a Cádiz,... no quiero desvelar nada. Es un personaje interesante y lleno de recovecos y oscuridades que prefiero que sea el propio lector el que lo descubra en todos su esplendor. Tan solo os comentaré que, gracias a diversos flashbacks, nos trasladaremos a Rumanía, lugar de donde es oriundo.  Allí nos asomaremos  a los asentamientos gitanos y a las mafias de Europa del Este. 



Pero el único punto fuerte de La melodía de la oscuridad no son sus personajes, a los que vamos a conocer en sus momentos más complicados. Fopiani se estruja la sesera y tira del hilo de la mitología para ensamblar una historia negrísima, sin limitarse a desarrollar el juego del ratón y el gato entre los malos y los buenos. El autor emplea una serie de resortes que consiguen que el lector se sienta dentro de la trama, bastará con emular el acento gaditano de un personaje, con la recreación gráfica de unos pasos que resuenan en nuestros oídos, con la descripción de escenas cargadas de detalles - brillante narración la del asalto a la vivienda del supuesto asesino-, todo ello como señas de identidad de un estilo por el que el autor quisiera ser reconocido. Así nos lo explicó en la entrevista que nos concedió hace unos días y que puedes leer aquí.

Y a todo esto hay que unirle un narrador omnisciente con un humor tan negro como la trama, mordaz, irónico y sarcástico, cuestiona, juzga y juega con los personajes -no perderse el juego del pasapalabras-, a los que permite hablar por sí mismos de manera ocasional. 

La melodía de la oscuridad me parece una novela bien estructurada, con una irregular alternancia de capítulos entre el desarrollo de la investigación y la ejecución de los asesinatos. Con un par de capítulos en cliffhanger, a mi juicio no posee un ritmo frenético aunque la intensidad va cobrando cuerpo con el avance hasta llegar al último tercio donde al lector le costará frenar. Se topará entonces con un desenlace que bien podría dejar la puerta abierta para futuras entregas.

En definitiva, he disfrutado bastante con la lectura de La melodía de la oscuridad. Me gustó lo que me propuso Fopiani en La carcoma y me ha vuelto a gustar lo que me propone ahora. Creo que es un autor ingenioso, que puede llegar a tener un largo recorrido gracias a un elenco de personajes peculiares y muy humanos, la baza más fuerte de su narrativa.







 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:

sábado, 26 de enero de 2019

GANADORES RETO 'AUTORES de la A a la Z' (Edición 2018)

Muy buenos días. Ya va siendo hora de que cerremos el reto 'Autores de la A a la Z' del año 2018 y para ello venimos con el listado de participantes que lo han logrado, así como los puntos que tienen asignados. En total sois doce los que habéis logrado el objetivo y los que entráis en el sorteo de una serie de libros a elegir por los afortunados.

Enhorabuena a todos, porque todos tenéis premio.


Los participantes que han llegado hasta aquí son:

1. Inquilinas de Netherfield con 12 puntos. 


2. Laky con 8 puntos 


3. Margari 8 puntos 


4. Rocío 2 puntos 


5. Manuela Rubio 9 puntos 


6. Cudeyo 12 puntos 


7. Carmen 9 puntos. 


8. Mar 12 puntos. 


9. Nieves Noguera 12 puntos 


10. Agujas Pajar 1 punto 


11. Paco 7 puntos. 


12. Ángela León 9 puntos 


Y sin más demora os dejamos aquí el vídeo del sorteo donde aparece cada participante con sus puntos correspondientes. El resultado del sorteo se muestra la posición que le otorga, el turno para elegir libro por lo que hay personas que podrán elegir dos libros una vez haya finalizado la primera ronda de elecciones.





Como hay más libros que participantes, los cuatro primeros podrán elegir un ejemplar más. Para ello, una vez que todos hayan elegido su libro, entre los cuatro que queden podrán elegir, siguiendo el orden en el que obtuvieron el sorteo, un libro más. 

Los afortunados tenéis que enviarnos un correo electrónico a elcapifer@gmail.com con vuestro listado de preferencias. Para ello tenéis de plazo 72 horas a contar desde la publicación de esta entrada. En caso de no recibir comunicación en ese plazo por parte del ganador, se elegirá uno nuevo. Obviamente el ganador que figure en primer lugar tan solo nos tendrá que comunicar un solo título. El que figure en segunda posición, dos títulos y así sucesivamente. Los libros se irán asignando en función de vuestras peticiones y siguiendo el orden de manera rigurosa. Se os comunicará vía mail el libro que os ha tocado en el sorteo y se os informará del momento de su envío para que estéis atentos.

LIBROS

Estos son los libros que gracias a la colaboración de editoriales proporciona este blog. Puedes pulsar en el título para leer la sinopsis. Para conocer el resto de libros y proceder a tu elección, visita los otros dos blogs participantes en la organización del reto: Libros en el petate y El búho entre libros.



- El tren de las almas de Mado Martínez (Algaida Editores)
- A tumba abierta de Alfonso Domingo (Algaida Editores)
- El hombre que nunca le haría daño a nadie de Roger Rubio (Ediciones B)
- El zorro de Frederick Forsyth (Plaza y Janés)
- El conde de Montecristo de Alexandre Dumas (Navona - Colección Ineludibles)
- Diario escrito en invierno de Emmanuel Bove (Hermida Editores)

Felicidades a todos y muchas gracias por participar. 

Recordad que todavía os podéis apuntar a la edición 2019, pinchando aquí.

viernes, 25 de enero de 2019

EL LOCO DE LA CALLE de Gregorio Verdugo

Resultado de imagen de el loco de la calle gregorio verdugo

Editorial: Ediciones En Huida.
Fecha publicación: 2018.
Precio: 14,25 €
Género: Relatos.
Nº Páginas: 125 
Encuadernación: Tapa blanda con solapa.
ISBN: 9788417502195


Autor

Gregorio Verdugo González-Serna (Sevilla, 16-02-1957). Escritor, Licenciado en Periodismo y Diplomado en Educación General Básica por la Universidad de Sevilla. Es autor del libro de relatos "Cuentos de una guerra lejana" (Editorial Pura Tinta - 2014) y de la novela "La danza de los espejos enfrentados" (Editorial Seleer - 2016). Ha publicado artículos, reportajes y pequeños relatos en diferentes diarios, tanto del panorama local como nacional. Ha sido miembro fundador del equipo de periodistas que se aventuró en 2012 en el lanzamiento de Sevilla Report, medio digital local que obtuvo una mención especial de la Asociación de la Prensa de Sevilla en 2013 y donde se encuentra publicada la casi totalidad de su obra periodística. 

Sinopsis

El loco de la calle es una selección de relatos de temática y extensión variada, cuyo denominador común es el escenario geográfico en el que se desarrollan la mayoría de ellos: la ciudad de Sevilla, que se transforma en un paisaje idílico por el que pululan una serie de personajes singulares que viven unas historias propias, relativas a su identidad e intimidad, como si estuvieran frente a un juego de espejos. El loco de la calle no deja de ser un viaje literario que acaba en uno mismo, en el epicentro de sus dos vidas; la vivida y la prestada, pero no por ello menos auténtica, que se cimenta sobre el armazón de los sueños y las ilusiones, y es ahí donde radica el otro cimiento de la unidad temática del libro.

[Información tomada directamente del ejemplar]


Hace algunos años comentaba con un autor la opinión unánime que un numeroso grupo de lectores teníamos de su obra. Coincidíamos todos en que su novela era 'fácil de leer', es decir, nos parecía una lectura agradable con la que pasar un rato entretenido (y poco más). Esto último no se lo dijimos, claro. Aquel supuesto halago (porque, en realidad, la novela había gustado) no hizo demasiada gracia al autor. Alegaba que se había pasado dos años de su vida encerrado entre cuatro paredes para que ahora le dijéramos que leer su novela no nos costaba ningún esfuerzo. La verdad era esa, que su novela no exigía nada del lector, la leías, lo pasabas bien y a otra cosa, pero todo aquello me hizo reflexionar sobre la expresión en sí durante bastante tiempo. Quizá no suene demasiado bien y puede inducir a pensar otra cosa pero es que hay muchas novelas así, fáciles de leer, con un argumento poco más que ameno y unos personajes olvidables, lecturas que no dejan poso alguno y de las que, pasadas un par de semanas, apenas recuerdas nada. En realidad, no tiene por qué ser algo negativo. Todo dependerá de lo que el autor pretenda y de lo que el lector busque. Conozco mucha gente que me pide alguna recomendación de 'lecturas ligeritas' (otra expresión más) porque solo buscan pasar un rato leyendo al final del día, sin complicarse demasiado la existencia. Todo es respetable y lícito.

No es el caso del libro que os traigo hoy. El loco de la calle es el nuevo volumen de relatos del sevillano Gregorio Verdugo, un compendio de historias a las que me he enfrentado en una doble lectura. No os alarméis, suelo hacerlo cuando se trata de relatos pues es un género en el que a veces el ejercicio de estilo sí requiere una importante implicación por parte del lector. De ahí que, una primera lectura no es más que una aproximación para mí, y es en la segunda vuelta donde intento exprimir al máximo cada relato.

Y tengo que confesar que, en mi primer acercamiento me topé con historias complejas, a veces no muy delimitadas, acompañadas por una prosa ampulosa en su mayor parte a la que hay que acostumbrarse. Por eso dejé pasar el tiempo, permití que las historias reposaran lo necesario para, tiempo después, disponerme a un segundo acercamiento con el objeto de comprobar si mis primeras impresiones variaban. Y efectivamente ocurrió tal que así. La prosa ya no me parecía tan densa y, salvo contadas excepciones, conseguí entender la enjundia de las historias planteadas. El quid de la cuestión está en la aportación que el lector concede al libro. Son textos que requieren una lectura despaciosa, masticando bien las palabras, involucrando nuestros sentidos y hacer un uso consciente de nuestra imaginación para recrear las escenas en nuestra mente. 

Estructurado en dos bloques -Plaza Cervantes y Divagaciones alucinógenas- El loco de la calle cuenta con un total de dieciocho relatos que poseen nexos en común. Los que figuran en la primera parte comparten ubicación, es decir, todos ellos, en mayor o menor medida, transcurren en la plaza Cervantes, un espacio cuyas transformaciones también se recogerán en las distintas piezas, donde se repite la imagen de las ajedrezadas sombras de las ramas de unos plataneros que se proyectan sobre el acerado, donde Cristóbal y su quiosco componen el termómetro de la ciudad. Es en este lugar en el que surge un curioso individuo ataviado con túnica blanca y máscara de caolín, un ser extraño, como venido de otro mundo y que sacude consciencias. Es El loco de la calle, primer relato que da título al volumen y cuyo protagonista sorprende a los viandantes, especialmente cuando la historia sufre un giro sorprendente al final. 


Será en esa misma plaza a la que acuda cada tarde Azucena del Carmen Hernández Salado, una octogenaria, oriunda de Alcalá de Guadaira, a la que todos llaman La Seño. Es un personaje entrañable'con porte de reina de ninguna parte',  cuyo futuro se vio truncado un buen día, dejándola sumida en una profunda tristeza y melancolía de por vida pero ella supo encontrar de nuevo el camino. Esta historia me pareció preciosa, como un cuento en el que no siempre hay un colorín, colorado, con un leve aire costumbrista que me ha recordado a mis veranos de infancia y un desenlace circular, que nos invitan a pensar que hay historias que se repiten. 

Pero en los relatos de Gregorio cabe también el humor, negro para más señas, sobre todo si nos encontramos con un tipo supersticioso, testigo de un aparatoso accidente en el que la víctima es fruto de las tortillas que se vuelven del revés. Me resultó ingenioso el cambio de perspectiva y divertido el desenlace.

Como curiosidad, destacar que hay dos historias que comparten personaje. Antonio Ferrera es un filósofo de la vida. Más allá de la ficción y de diversos sucesos truculentos, los relatos que protagoniza este singular individuo me hicieron pensar que el autor hace un retrato de la vida de un barrio, con sus vecinos reales, esos que son algo estrambóticos, que conocen a todo el mundo y son conocidos por todos. Tristeza y diversión se aúnan en una de las historias que Ferrera protagoniza pero la idea de estar ante un barrio real con sus gentes no se separó de mí en los restantes relatos, como en La desnudez de la honra, con una pícara protagonista, testaruda pero muy humana, o la historia de Marcelino Fortuni, un desdichado que decide poner fin a sus días no sin antes dejar dos cartas aclaratorias. Pero no puedo dejar de destacar Capullito de sensiblería, en el que Jacinto Alborada, homosexual y amantísimo hermano de Maite, vive una historia de descubrimiento personal que hubiera deseado se prolongara aún más de las escasas páginas que componen el relato. Me llamó mucho la atención la relación que se forja entre los dos hermanos y cómo, cada uno de ellos, contempla lo que tiene ante sus ojos de un modo distinto. 

Y también hay retrato social en El pájaro del olvido y fantasía en Arturo, el fabulador. Sobre este último debo decir que, sin gustarme especialmente el subgénero, me conquistó un argumento por la originalidad de su planteamiento. ¿Quién no quisiera modificar algunos recuerdos de su existencia? Eso sí, todo conlleva sus consecuencias, severas en muchos casos. Y de ahí pasamos a Retrato de fantasmas, con una alusión a la literatura que me ha parecido maravillosa.



En cuanto al segundo bloque -Divagaciones alucinógenas- tengo que admitir que prácticamente me han encantado todos los relatos que componen esta sección. En La música a todo volumen hay ingenio con una mezcla de voces narrativas que nos arrancarán una sonrisa, en La conciencia del héroe hay juego metaliterario muy interesante que explora las relaciones entre el creador y sus personajes, La yaya es un texto sobrenatural muy divertido.

Sé que he recalcado que el estilo del autor es complejo. Lo es en su mayoría pues juega mucho con las figuras literarias, elige un camino más enrevesado para contar algo sencillo, dibuja bucles y utiliza desenlaces circulares -todo ello otorga peso al texto que por otro lado, denota el trabajo realizado por Verdugo-. No obstante, también podemos encontrar otros relatos -los menos- algo más accesibles a los lectores que busquen levedad. Por todo ello, admito que no creo que sea un volumen apropiado para todo tipo de público. Bajo mi punto de vista, son relatos en los que prima más el ejercicio estilístico que los argumentos en sí, de ahí que requiera esa lectura más sosegada que comentaba antes o un segundo abordaje.

En definitiva, si analizo este volumen desde el punto de vista del contenido, os diré que hay relatos que me han gustado muchísimo por su originalidad, su ingenio, su punto de vista, su humor y luego hay unos pocos que me han parecido más simples o a los que, sencillamente, no les seguí el hilo. En cuanto a la forma, adentrarme en la prosa de Gregorio Verdugo me ha llevado mi tiempo pero a la postre he salido bastante satisfecha del experimento pues terminé cogiéndole el punto personal del autor. El balance, por tanto, creo que ha sido positivo.







 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

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