jueves, 5 de febrero de 2026

JUAN MANUEL GIL: ❝Desconfío profundamente de aquellas novelas en las que no veo humor❞

Nunca había leído a Juan Manuel Gil. Conozco sus novelas, los premios otorgados a su narrativa pero jamás había leído nada de su autoría. Me estreno con Majareta y no es mal estreno. La nueva novela de Juan Manuel Gil no pasa desapercibida. No es de esas lecturas que, una vez cerrado el libro, caen en el abismo de novelas leídas, mezcladas unas con otras, de las que sólo recordarás lo básico. Majareta deja huella y es gracias a su original estructura y a un personaje singular.

Leo Almada es conserje en un colegio privado. Reside en el mismo centro y allí se ocupa de las labores propias de un conserje. Es un tipo solitario, introspectivo, silencioso al que muchos (todos) calificaríamos de raro y extraño. Leo es la típica persona que todos miraríamos con recelo, desde la distancia, al que colgaríamos una etiqueta que jamás nos colgaríamos a nosotros mismos. Pero lo cierto es que Leo, probablemente, no es diferente a nosotros. Arrastra una mochila llena de vivencias pasadas que han marcado su presente. Y a Leo, un buen día le dirán que ya no es necesario, que ya no resulta imprescindible y lo jubilarán de manera forzosa. Para Leo, el trabajo ha sido lo único que tenía, así que no se lo tomará muy bien. Hará algo, reaccionará que de una manera que desencadenará todo un escándalo, pero deberás leer la novela para saber qué ocurre. 

De momento, te dejo mi charla con Juan Manuel. 

Marisa G.- Juanma, un placer tenerte en Sevilla, con este tiempo tremendo. 

Juan Manuel G.- Tan del norte, ¿verdad?

M.G.- Sí, están cambiando las tornas y parece que nos estamos contagiando del norte. 

Bueno, antes de iniciar esta entrevista, has mencionado a la Fundación Antonio Gala. Tú fuiste de las primeras promociones que pasó por allí, allá por 2002- 2003, si no me equivoco, con poesía. ¿Crees que tu paso por la fundación ha sido decisivo a la hora de llegar a donde has llegado hoy?

J.M.G.- Sí, lo creo. Por lo menos, a que el camino sea como ha sido.

Mira, una de las cosas que yo descubrí en la Fundación era que había gente que creía en el creador. La Fundación me sirvió, sobre todo, para sentir seguridad, para saber que esa seguridad tiene que estar acompañada de disciplina, de auto-exigencia. La Fundación es un acelerador de partículas, es decir, cada paso que se da ahí dentro son como diez pasos fuera. ¿Por qué? Porque facilitan ese proceso de aprendizaje y de creación. Te rodean de otros artistas, de otras disciplinas, te visitan artistas o escritores a los que tú has leído toda la vida. Por allí pasaba Juan Manuel de Prada, Fernando Delgado, Pepe Hierro, Espido Freire,...  en cuestión de un mes. Claro, yo venía de Almería, quería ser escritor y, de repente, me meten ahí con otros escritores y me empiezan a llamar escritor. Aquello me hizo reflexionar mucho porque empecé a creerme que era escritor. Y aún no había publicado ni un solo libro. Eso es importante. Así que, desde entonces, me ha acompañado la confianza en mí mismo, aunque a veces uno flaquea y tiene sus inseguridades. He aprendido que uno no termina una novela, un libro o un proyecto, si no lo acompaña de disciplina, de renuncia y de sacrificio, en algunos casos. Por supuesto, de gozo, pero también de disciplina.

M.G.- Sí que hace falta. Y Majareta es tu nueva novela. En ella nos vas a contar la historia de Leo, un conserje de un colegio privado, al que jubilan de manera forzosa, y digamos que no se lo toma muy bien. Y aquí viene la pregunta que te haremos todos, ¿en qué momento se te cruza esta historia por la cabeza? Leyendo la novela, tuve la sensación de que quizá hubo un Leo en tu vida de infancia.

J.M.G.- Bueno, hubo algo parecido a un Leo. Estudié en un colegio público que tenía un conserje, con casa dentro del propio colegio. Aunque ese conserje no se parece en nada al Leo de la novela, lo cierto es que aquel espacio, el tener una casa dentro del propio colegio, me parecía un lugar fascinante, alucinante y, a la vez, terrorífico. Me preguntaba qué habría pasado si mi padre hubiese sido conserje y cuando toca el timbre el viernes a las tres de la tarde, todos se van del colegio y yo, sin embargo, me quedo ahí y tengo que recorrer esos pasillos, o vivir de noche en el propio colegio. Me parecía algo propio de una novela de Stephen King, algo así como El resplandor. Ese recuerdo me ha acompañado durante toda mi vida.

En las charlas con amigos siempre hemos hablado sobre ese conserje, sobre esa casa. Un buen día se me ocurre la posibilidad de contar la vida de un personaje aparentemente secundario en la vida de todos, como puede ser un conserje, y a partir del punto de vista de mucha gente. Uní todo eso y supe que tenía una historia y que lo único que tenía que hacer era trabajarla, estructurarla.

M.G.- La verdad es que la estructura es peculiar, es singular, es original, porque vamos a conocer a Leo a través de todas las declaraciones de ese puñado de personajes que aparecen en la novela. Ellos nos van a contar la percepción que tienen de Leo. Esta estructura me hace pensar en un toque metaliterario, porque da la sensación de que todas las declaraciones de los personajes son los apuntes que el autor va tomando para construir después la auténtica novela.

J.M.G.- Sí, podría ser, ¿no? Es decir, el autor está funcionando como notario de todo lo que tienen que decir, pero la estructura parte también de algo que es muy de la vida.

Mira, una de las experiencias que vivo, desde que doy tumbos con mis libros, es que siempre se me acercan dos, tres o cuatro personas en cada presentación y me dicen una frase que seguro que te suena: «si yo te contara mi vida, tú podrías escribir una novela». Por eso, me interesaba dar la posibilidad a esos personajes de contar su novelita en este libro. Así, cada capítulo es un testimonio. Esos testimonios me van a permitir conocer mejor a Leo Almada, qué ha hecho, por qué lo ha hecho pero, a la vez, me permite conocer la novela de esos personajes.

La labor que tiene aquí el escritor es ser generoso y dar voz. Se va a callar y se va a quedar sentado en una silla que va a ceder al lector, y este va a tener la sensación de estar sentado en la misma silla en la que se sentó el escritor, mientras escuchaba a todos esos personajes.

M.G.- Precisamente, es la voz del autor la que no vamos a escuchar o la vamos a escuchar de manera indirecta a través de las réplicas de esos personajes. Y a mí, Juan Manuel, me ha producido como desasosiego no escuchar la voz del autor. 

J.M.G.- Hay dos cosas esenciales que son marcas de este libro y son dos ausencias. Por un lado, la ausencia del autor pero, aún así, puedes ver su sombra en todos los capítulos. No es una presencia física pero sí es una presencia en segundo plano.  Y luego, por otro lado, la ausencia del personaje principal, del que da título a la novela, del que todo el mundo habla. Leo Almada, el majareta, no está en ningún lado, es un misterio, pero es que la vida tiene también en su corazón un misterio. De hecho, la literatura ha robado esa estructura a la vida. Todos nos movemos precisamente porque aspiramos a construir una posible respuesta para los pequeños o grandes misterios. Coloqué en el corazón de esta novela a Leo Almada e intenté que cada uno de esos personajes contribuyera a crear una especie de red que explicara, en ese momento, quién es Leo Almada y por qué actúa como actúa.

M.G.- Cada uno de ellos nos da su visión, su perspectiva, y cada uno de ellos lo ve de una manera diferente. Generalmente, lo que opinan los demás de uno no siempre coincide con la realidad.

J.M.G.-  No coincide con lo que tú crees que eres, no con la realidad. La realidad es que somos también todo eso que piensan los que nos rodean. Soy el concepto que tengo de mí, lo que siento y lo que pienso, pero también soy un poco esas versiones que tienen de mí los que me rodean. Un concepto lleno de contradicciones, de olvidos, de recuerdos, de verdades, de medias verdades y de mentiras. No podemos desentendernos de eso. Por eso, en esta novela, se genera un caleidoscopio enorme, un mosaico de versiones, que en ocasiones resultan contradictorias, pero que enriquecen el retrato de Leo Almada.

Hay una cosa que está clara, y es que construir una verdad, hacer una foto fija de una verdad, es imposible. Podemos asistir a la creación de un montón de versiones, visiones, puntos de vista sobre algo, pero es que la verdad es constantemente cambiante, está creciendo, no se detiene, está mutando. Así que, muchas veces, las novelas lo que hacen es congelar una de esas verdades, sabiendo que cuando caiga en manos del lector, esa verdad ya será distinta.

M.G.- Me has comentado que a veces has fantaseado con la idea de que tu padre fuera un conserje con casa propia en el colegio. Si cierro los ojos y me imagino a ese conserje viviendo allí, me resulta una figura un tanto siniestra porque, ¿qué hace esa persona cuando el colegio cierra, o en época de vacaciones, sin niños, en un edificio entero para él, con tantas habitaciones? ¿Qué hace ese personaje?

J.M.G.- Es verdad que tiene todos los ingredientes para resultar inquietante pero en la vida es importante vencer ese prejuicio, esa inquietud, ese desasosiego. Lo cierto es que nosotros también podemos resultar inquietantes y desasosegantes para otros. Así que esta novela va un poco de descubrir también que, cuando vencemos el prejuicio, cuando arañamos, o escalamos la tapia y miramos al otro lado, lo que podríamos ver dentro de este hombre, de Majareta, no se aleja demasiado de lo que nosotros somos. Es decir, nosotros también tenemos ese lado inquietante; nosotros tenemos también una parte de majareta; nosotros, en ocasiones, somos retraídos y a veces nos movemos en el silencio. Nosotros tenemos nuestras propias manías y, por supuesto, nuestras fobias. En el fondo, no estamos tan lejos de esa persona que nos crea o nos despierta recelo.


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M.G.- La novela viene a contarnos también que somos fruto de nuestras vivencias, porque Leo tiene un pasado, que el lector ya irá descubriendo en la novela. Leo es víctima de su propia circunstancia. Realmente, ese pasado, para todos nosotros, es una mochila que condiciona nuestro presente y nuestro futuro.

J.M.G.- Absolutamente. Y si estamos hablando de un pasado que se gesta, que se que cristaliza en la infancia o en la primera juventud, muchísimo más, porque, a esas edades, no tenemos recursos para ordenar, colocar o resolver la ecuación. Terminamos por arrastrarla toda la vida.

Leo Almada tiene su propia mochila. Es una mochila pesada que vamos a ir descubriendo durante el proceso de lectura. Conforme todos van dando su versión, incluso contradictoria, nos vamos a ir acercando a él. Pero no se trata tanto de descubrir, que sí, qué tiene Leo en la mochila, sino, sobre todo, de darnos cuenta de que nosotros también llevamos la nuestra y que nuestra mochila va cargada de dolores, de tormentos, de fragilidades muy parecidas a las de él. En ocasiones somos bastante injustos con esa manera que tenemos de etiquetar lo que nos genera incomprensión. Las personas distintas, el diferente, el raro, el que no actúa como yo, al que no catalogamos dentro del cajón de la verdad, a ese acabamos poniéndole una etiqueta que nos tranquiliza. En este caso, la etiqueta es majareta, algo que puede dañar a la otra persona. Lo que tenemos que hacer es borrar esa etiqueta con la goma, acercarnos a la persona, y preguntarle qué hay ahí.

M.G.- Tocas también algo que me parece muy literario, ese universo insondable que son las relaciones paterno o materno-filiales, las relaciones entre hermanos. Todo eso lo vamos a ver en la novela.

J.M.G.- La familia es un elemento importante en esta novela, probablemente en la que más, pero también es importante en las anteriores. Lo cierto es que la familia, que parece una institución sagrada en esta sociedad, uno de los grandes pilares, puede ser un palacio pero también una ruina absoluta. Incluso siendo un palacio, vamos a encontrar habitaciones cerradas, con sus siete vueltas de llave. ¿Cuánta literatura, cuántas páginas, cuántos libros han nacido precisamente de la familia como tal? Pues en el caso de Leo, la familia es determinante. En principio, es una familia que tenía todo para obtener el reconocimiento social, el reconocimiento económico, en su barrio, sin embargo, te das cuenta de que nada de eso garantiza que sucedan cosas que va a cambiarlo todo. La vida tiene algo de eso, de fichita de dominó, que golpea a otra. Generalmente, las fichas no empiezan en ti, empiezan más atrás, y tú, al final, caerás hacia delante. Solamente tienes que saber de dónde vienes, por qué vienes, y cuando caes, tienes que intentar recomponerte y levantarte. Sin lugar a dudas, la tarea de recomponerte es imposible si no miras hacia atrás y no ves de dónde vienes.

M.G.- Entre ese caleidoscopio de personajes que vamos a encontrar en la novela, hay muchos dispares, desde un antiguo compañero de clase de Leo, pasando por una bibliotecaria, el padre y la madre del autor, que incluso le hace chantaje emocional, un informante del propio autor,... Son muchos. ¿Por qué estas voces y no otras?

J.M.G.- Mira, en primer lugar, y porque, a pesar de que parezcan personajes muy disparatados y en ocasiones hasta esperpénticos, se parecen muchísimo a personajes que yo he vivido con naturalidad en mi barrio, especialmente cuando era niño. Es decir, el cura ocupaba un papel central, la curandera, el espiritista,... Todo ese tipo de personas que pueden parecer disparatados, lo cierto es que en el barrio los teníamos muy localizados. Y luego, con respecto a la variedad, a esa constelación de personajes, pretendía que fuesen muy reconocibles por parte del lector. Es decir, que cambiándole la profesión a uno o a otro, fuera posible encontrarlo en tu bloque, en tu calle, en tu barrio. En la novela aparece el conductor de un autobús al que tú puedes sustituir por tu frutero o por tu dentista. Es una novela atravesada por personajes de carne y hueso, de los de verdad, de los que te cuentan una historia en la parada de un autobús o de camino al aeropuerto en el taxi. Eso lo hemos vivido todos. Al hacerlo así, me parecía que me ganaría la complicidad del lector, si conseguía que hiciera suya a esta panda de personajes disparatados, que arrastran algún tipo de dolor. Eso es lo que hacemos todos en la vida, arrastrar nuestros dolores, con sentido del humor. 

M.G.- Y por eso, por intentar que el lector conecte con su propia bibliotecaria, su conductor de autobús,... ¿por eso no les pones nombre?

J.M.G.- Eso tiene que ver con algo que he aprendido de la literatura popular, una literatura en la que no es necesario dar nombres para que el lector recuerde una historia y la siga contando. Hay personajes conocidos, como el gigante, el leñador, la pastorcilla,... Es esa cosa que tiene la oralidad, en la que no hacen falta llamarlos por su nombre. No obstante, sí les doy nombre a la familia nuclear, a la madre del conserje, que se llama Blanca, al padre del conserje, y al propio conserje, que se llama Leo. Y luego aparece otro personaje al que también le doy nombre porque he querido hacer un homenaje. Me refiero al mendigo de la novela, que se llama Fernando. ¿Y por qué le puse Fernando? Porque es un personaje que está inspirado en un hombre que vivía en un parque cerca de mi casa y que, una mañana tristísima y desgraciada, amaneció muerto. Me pareció tristísimo que esa persona, que había vivido ahí en un anonimato absoluto, sin ningún tipo de épica aparente, y que parecía que no le importaba a nadie. A mí me interesaba Fernando, así que pensé en meterlo en la novela. Con él he hecho una excepción y lo he llamado por su nombre. Es un hecho que no vale nada, que no cambia nada pero, no sé, yo hablaba mucho con él, y tengo la sensación de que he iniciado una nueva conversación. Cada vez que me acerco a ese capítulo tengo la sensación de volver a charlar con él.

M.G.- Pues es bonito esto, es como darle eternidad. Sigue existiendo, al estar en las páginas de un libro.

J.M.G.- Bueno, sí. La literatura tiene ese poder.

M.G.- Y entre todo ese collage de personajes que van a hablar en la novela, encontramos una voz que se repite, el amigo necesario del autor. Para mí es una de las voces más humorísticas y, a veces, no me queda claro si realmente es amigo o enemigo del autor.

J.M.G.- Sí, sí,.. Por un lado, es cómplice. Como el autor no va a salir en la novela y tiene miedo a perder el control de la propia historia, algo que odia cualquier escritor, ha decidido meter a un cómplice. El amigo necesario del autor es su amigo. Es necesario porque de otro modo la historia se te puede desmadejar pero claro, el problema de meter a personajes en una historia es que se te pueden revelar y volverse en tu contra. 

En este caso, este amigo es necesario y, en ocasiones, sarcástico. Incluso quiere robar el protagonismo al autor, manejar la historia, tirar hacia un lado u otro. Es un personaje que no es una persona concreta de mi vida pero sí es la suma de muchas de ellas. Cuando estoy escribiendo y lo comento con amigos, algunos de ellos siempre dan consejos, siempre te dicen que por qué no hago esto o lo otro. Todos tienen una especie de escritor dentro porque a la gente le gusta haber escrito pero no escribir. Así que he sumado a todas esas personas que me rodean y las he convertido en el amigo necesario del autor. 

M.G.- Es una voz muy buena.

Y no hemos comentado que, cuando a Leo lo van a jubilar de manera forzosa, él tiene una reacción un tanto brusca que el lector descubrirá con la lectura. Porque nosotros, desde la primera página, vamos a saber que Leo ha hecho algo grave y lo descubriremos al final. Pero no es la única intriga con la que cuenta la novela, también tenemos un supuesto suicidio y un crimen del que no se sabe toda la verdad. Añadir estos dos misterios equilibra un poco el peso que soporta Leo en la historia.

J.M.G.- Se trata de diversificar la tensión de la propia novela, no soportarla únicamente sobre un raíl. Necesitas más raíles por las que vaya caminando la propia novela. En este caso, me parece que hay una labor casi detectivesca, de thriller, con un ritmo acelerado, con la intención de mantener la atención del lector.

No sé si estoy en lo cierto pero creo que toda buena novela tiene alma detectivesca en su corazón. Tiene un reto, una pregunta, un misterio que resolver. Incluso toda vida apasionante tiene una especie de misterio que impulsa a vivirla con intensidad, con curiosidad, con ganas, con la esperanza de que, en algún momento, ese misterio se vaya a desvelar. Procuro que mis novelas sean lo más parecido a la vida, que estén muy pegaditas a la vida, a pesar de que puedan parecer disparatadas. Procuro que las preocupaciones de mis novelas sean de la vida, que los personajes sean de carne y hueso, que la manera de hablar de ellos sea muy de la calle. Y que en el corazón de la novela exista un misterio o varios misterios que hagan funcionar a los personajes, y que entren por la primera página y salgan por la última. 

M.G.- Te he escuchado decir en alguna entrevista que esta es tu novela más divertida pero ¿no tiene también un pozo de amargura?

J.M.G.- Totalmente. Probablemente porque, cuanto más tormento, dolor y tristeza hay en el corazón de esta novela, más necesario es el humor. El humor es un buen bálsamo para soportar las inclemencias de la vida. Es ese personaje que te abraza en el camino y te dice que de esta también salimos, y te hace sonreír y te despierta una carcajada en esas situaciones en las que parece que no tiene cabida el humor. Pero el humor no pide permiso a nadie en situaciones de tristeza. El humor es un consuelo que necesitamos en las situaciones de dolor y de tristeza. Yo desconfío profundamente de aquellas novelas en las que no veo humor y de aquellos personajes que, en ningún momento, tiran del sentido del humor y de las presentaciones de libros donde no hay ni una sola sonrisa, ninguna broma, ninguna carcajada, porque me parece algo muy artificioso, algo en lo que la solemnidad lo ha devorado todo. Yo estoy en el otro bando, en el bando en el que la solemnidad hay que arrinconarla, meterla en el trastero y dejar salir sólo cuando corresponde. 

M.G.- Ayer mismo [27 de enero de 2026] presentaste la novela, ¿hubo muchas risas? Creo que te acompañó Daniel Ruiz. 

J.M.G.- Sí. Hubo muchísimas risas porque la gente, en un día lluvioso, de borrasca, hizo el esfuerzo de salir de su casa para asistir a la presentación y sobre todo, porque la gente tenía ganas de pasar un buen rato. Y con la compañía de Daniel, pues las risas están garantizadas. Es un buen cómplice para presentar libros. Nos lo pasamos muy bien, nos reímos mucho. 

M.G.- Juan Manuel, vamos a ir terminando. Hemos hablado de los prejuicios, de las etiquetas, de los rumores, de las diferentes percepciones que se pueden tener de una misma persona, de los barrios que son universo propio. Pero en la novela hay un episodio en el que vamos a ver a unos niños haciendo una terrible travesura. Creo que eres docente y me gustaría saber qué opinas de los niños, si crees que son más crueles ahora que los de generaciones pasadas.

J.M.G.- En términos generales, diría que no. Estoy convencido de que no son más crueles. No creo que sean más crueles que los de mi época, o por lo menos, los de mi barrio, donde salíamos a defender cada tarde de verano, atravesando cualquier límite que nos hubiesen puesto y protagonizando alguna fechoría, que luego he contado en el libro y que los lectores creen que son ficción. No creo que sean más crueles, lo que ocurre es que, en los tiempos que corren, esa crueldad se ve amplificada por las redes sociales. Se pone encima una lupa de aumento a todo lo que ocurre. Esto también tiene una parte buena, que nos permite reflexionar y preocuparnos por esa realidad. 

Soy profesor de secundaria y mis alumnos me han enseñado algo, que aplico a mis novelas. Ellos son un público implacable, que no soportan el aburrimiento y no se lo toleran a nadie. Esto es algo que me ha permitido desarrollar una especie de músculo, de conexión, de emoción, de tensión en mis propias clases. Si quiero que aguanten cuarenta minutos atentos a algo, que ya te digo yo que la sintaxis y la morfología no es fascinante, tengo que construir una buena historia. Y si funciona con ellos, puedo decirte que va a funcionar con todo el mundo, porque son un público feroz.

A veces, cuando he tratado de que se acerquen a un libro se han quejado porque, después de leer diez páginas, dicen que no pasa nada. Yo les respondo que, hombre, son diez páginas nada más, que lean algo más. No, no, es que son diez páginas, me dicen. Y yo he reflexionado mucho sobre esa frase: «Aquí no pasa nada». Me di cuenta de que tenían razón, de que en las novelas tienen que pasar cosas, las cosas que tú decides como escritor. No tienen que ser las cosas que ellos esperan que pasen, pero algo tiene que pasar. Así que escribí este mandamiento en un folio, lo imprimí, lo enmarqué y lo puse en mi estudio. Pone: «Que pasen cosas». Y cada vez que me siento a escribir, leo ese mensaje y empiezo. 

M.G.- Última pregunta. De todos los personajes que has creado, ¿crees que Leo va a ocupar un lugar inolvidable?

J.M.G.- Sí, seguro, porque creo que es un personaje que tiene mucho de mí. Tiene más de mí de lo que estoy dispuesto a reconocer. En ocasiones, me he sentido como Leo Almada, incomprendido, y he tenido la necesidad o la única opción de refugiarme en el silencio. Como Leo he recurrido a la lectura, como ese abrazo, como esa habitación en la que sentirme cómodo, donde tener a alguien con quien conversar a través de los libros. Así que creo que Leo ha llegado a mi vida para quedarse.

M.G.- Pues Juan Manuel, un placer. Encantada de haberte conocido, de hablar contigo, y muchas gracias por atenderme. 

J.M.G.- El placer ha sido mío. 

Sinopsis: Todo el barrio conoce su historia, pero nadie conoce la verdad. La más divertida y brillante novela de Juan Manuel Gil.

Después de más de treinta años de servicio en la conserjería de un colegio, Leo Almada, el majareta, es prejubilado inesperadamente. Este hecho lo llevará a protagonizar un perturbador episodio en el que los principales afectados serán los alumnos del centro. Conmocionados por lo ocurrido, todos en el barrio compartirán cuanto saben de él y opinarán sobre las razones que llevaron a este hombre a cometer lo que para algunos fue una locura y, para otros, la peor de sus pesadillas.

Majareta es una deslumbrante novela compuesta por los testimonios de aquellas personas que conocieron a su protagonista. Todos parecen tener algo que decir sobre el conserje, sus inquietantes hábitos, sus secretos inconfesables y los motivos por los que siempre fue considerado uno de los hombres más raros del barrio; también uno de los más buenos, tiernos, discretos y generosos. De este modo, asistimos a la formación de una luminosa y disparatada constelación de relatos en la que se revela una vida hecha de contradicciones, verdades a medias, mentiras necesarias y giros inesperados.

Con una originalidad desbordante, Majareta es una obra que hace de la oralidad y del humor su manera de llegar al corazón de esos tormentos que a veces arrastramos durante toda una vida. La nueva novela de Juan Manuel Gil es profundamente divertida, única y vibrante hasta la última página, y nos adentra en esa luminosa ficción que nos permite desentrañar la oscura realidad. 


martes, 27 de enero de 2026

DANI GARCÍA: ❝La cocina de nuestras madres y abuelas está a años luz de la que hacemos hoy❞

Soy muy aficionada a los programas culinarios. Me encanta ver cómo otros son capaces de hacer grandes platos con dos pimientos, un ajo, un tomate y un trozo de pan. Me entran muchas ganas de levantarme del asiento y de preparar comida para un regimiento. Prueba de ello es la cantidad de libros de recetas que tengo en casa, desde aquel mítico 1080 recetas de Simone Ortega. Pero la realidad es que luego no tengo mucha paciencia y, como decía mi madre (raro es que no la mencionara) la cocina es amor y (generalmente) tiempo

Lo que es indiscutible es que este país cuenta con grandes cocineros y cocineras. La gastronomía española, dentro y fuera de la alta cocina, así como sus profesionales siempre dan la talla. El mundo se queda corto para algunos de ellos, por ejemplo, para Dani García, chef andaluz, con tres estrellas Michelin y que cuenta con un buen número de restaurantes a lo largo y ancho del planeta. Hace unas semanas, Dani visitó Sevilla para promocionar su nuevo libro Cocina como en casa con Dani (Espasa) y sobre su afición a la cocina, su trayectoria y su nuevo recetario estuvimos hablando un rato. Os dejo con la entrevista.

Marisa G.- Dani, un placer tenerte en Sevilla y un placer conocerte en persona. Sólo te conozco por los medios de comunicación y por redes. Si te parece, vamos a hablar de este libro, Cocina en casa como Dani. Por romper un poco el hielo, tú que tienes varias estrellas Michelin, y muchos restaurantes, ¿cómo se gestiona todo un negocio de estas magnitudes? Porque no podrás estar en todo.

Dani G.- Pues con un buen equipo. Al final, uno tiene que ser sensato y consciente de que tú no puedes llegar a todos lados. El único secreto en situaciones de éxito es rodearte de gente que es incluso mejor que tú. Y eso es lo que hago. Y sólo se gestiona de esa manera, con un buen equipo y con mucha gente detrás.

M.G.- Acabas de publicar este nuevo libro. ¿Es el primero o hay otros anteriores?

D.G.- No, hemos hecho un montón. Hice uno con Espasa cuando estuve en la tele. Es verdad que hacía mucho tiempo que no hacíamos un libro porque he estado muy liado. Para un libro tienes que tener un poco más de tiempo.

M.G.- Corrígeme si me equivoco. Este libro se enfoca en la cocina de antaño pero sin renunciar a la innovación. ¿Es así?

D.G.- Sí, exactamente. En el fondo, el título lo dice todo: Cocina en casa como Dani. Hay muchos Dani de la cocina. Está el Dani García de la alta cocina, de los restaurantes con estrella Michelin, el Dani de la cocina casual, mucho más desenfadada y sin tanto estiramiento, por llamarlo de alguna manera. Y luego está el Dani García de la industria alimentaria. 

Es la primera vez que hago un libro así. Hice uno con mi madre. Ese es el Dani García en su casa, pura y dura, con su familia, cocinando cosas que aprendí de mi madre y de mi padre, aunque a mi manera y visto también desde el tipo de vida que han tenido mis hijas, que tanto han viajado conmigo. Una ya vive en Dubái y la otra estudia en Boston. Son niñas muy viajadas. Este libro aborda el tipo de cocina que yo hago en casa.

M.G.- Pero en la introducción del libro sí hablas de tu madre y de tu abuela. 

D.G.- Sí, porque ese ADN es indisoluble. Haga lo que haga, haga el tipo de cocina que haga, siempre estarán ahí mis cimientos y la base que aprendí con mi madre y mi abuela.

M.G.- El legado que ellas te dejaron.

D.G.- Sí. Por ejemplo, en el libro hay una receta de unas albóndigas con tomate pero yo le añado un poco de kimchi, o le pongo una ensalada de col y pepino. Son recetas que están más al día.

M.G.- Eres andaluz, malagueño. Nuestra gastronomía es muy rica y entiendo que, en cierto modo, será un puntal importante en tu cocina.

D.G.- Sí, como pasa con mi madre y mi abuela. Creo que el sitio en el que naces y en el que cocinas, con los productos de tu entorno, está en tu ADN y eso es muy difícil de sacar. Aunque quisiera, sería muy difícil. Además, me sale de manera natural, por lo tanto, Andalucía siempre está presente en mi cocina.

M.G.- Los cocineros, como tú en tu caso, no renunciáis a publicar libros de recetas, aunque Internet nos abre las puertas a ese mundo. Incluso, vosotros mismos compartís recetas por redes sociales. ¿Resulta rentable, interesante para los lectores, publicar un libro de receta?

D.G.- No lo hago por una cuestión de rentabilidad, ni de negocio. Para eso me gano la vida haciendo mil millones de otras cosas y no me puedo quejar. Pero siempre he tenido un poco esa sensación de acercamiento a la gente, al público. A un público más normal, de la calle, digamos. Mi vida empezó, sobre todo en lo que es alta cocina, en los restaurantes de tres estrellas y, lamentablemente, no todo el mundo puede ir porque son caros. Pero siempre he tenido un poco ese puntito de querer acercarme a un público mucho más normal y devolver a mucha gente lo que he aprendido por el camino. Lo hago por eso, por estar mucho más cerca de la gente y por ayudarlos a cocinar en casa. Evidentemente, esto no es un business como tal.

M.G.- Si revisamos las recetas del libro, vamos a encontrar frituras o grasas. No es un libro healthy, como busca mucha gente.

D.G.- También hay ensaladas o verduras a la parrilla. Honestamente, no es un libro enfocado al mundo healthy. Hay una receta de un mac and cheese, que no es precisamente el plato menos calórico del mundo. No, no es un libro así. El día que me sienta y me diga: Oye, voy a hacer un libro de 80 recetas, pero realmente que todas sean healthy, pues lo haré. Pero ahora mismo no es la intención. Aunque, como te digo, sí puedes encontrar ciertas recetas, bastantes, que te van a dar ese punto healthy.

M.G.- ¿Y qué ingredientes son necesarios? He leído una receta en la que hace falta yuzu kosho, que no sé qué es.

D.G.- Hay kimchi, o yuzu kosho, cosas que son un poco más complejas de conseguir. Pero no hay muchos ingredientes así. Me propuse no usar tecnología porque no todo el mundo tiene una Thermomix en casa. Sí es más fácil que tengan un microondas, así que cocinemos con microondas.

Pero con respecto a los ingredientes, sí hay algunos que son más difíciles de conseguir pero hoy día, nada es difícil realmente. Te metes en Amazon, pides yuzu kosho y al día siguiente lo tienes en tu casa. 


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M.G.- Volviendo a la introducción, dices: "he vuelto a ese lugar, la cocina de casa, porque ahí es donde empezó todo, donde se come de verdad". Y me voy a quedar con esa frase donde se come de verdad.

D.G.- Vivimos en una época de redes sociales, en un mundo un poco fake, en el que todo se ha ido distorsionando. Y la comida, también. Hoy día, la comida se ha ido desdibujando y no es comparable a la que yo viví con mi madre. La que conocimos cocinando con las madres y las abuelas está a años luz de la que se hace hoy. La vida nos ha llevado a una situación en las que estamos un poco más estresados, tenemos más prisa, menos ganas de meternos en la cocina y de pringarnos. Este libro también refleja un poco la situación que vivimos actualmente. Lo que intento decirte es que se pueden hacer cosas buenas, rápido y bien, y sin quince ingredientes. Quiero que te quites ingredientes y que te quites pasos. Es la parte más importante del libro. 

M.G.- Tú que tienes restaurantes en varios lugares del mundo, en concreto, en Emiratos Árabes, ¿cómo se entiende la gastronomía allí, en comparación con la que entendemos aquí?

D.G.- Dubái es uno de los sitios del mundo en el que están todas las cocinas y todos los conceptos del mundo. En Qatar, igual. Tengo restaurante en Dubái y en Doha. Son ciudades mucho más alucinantes de lo que pensamos. Dubái es cuatro veces Londres. Me refiero a que te puedes encontrar los restaurantes que quieras y comer lo que quieras. En Madrid, por ejemplo, lo que no puedas encontrar lo encuentras seguro en Dubái. Allí están los mejores cocineros del mundo, están las mejores marcas del mundo y te puedes encontrar todo tipo de cocina porque hay mucha gente de todo el mundo. Vas a encontrar grandísimos indios, grandísimos libaneses, grandísimos restaurantes de todo tipo. Son sitios en los que la gente, a nivel de gastronomía, tiene la mente mucho más abierta. Otra cosa es la cocina local. Es decir, la cocina local de allí es la que es, que está muy buena también, ojo, está muy rica, pero también es incomparable, evidentemente, a la nuestra.

También debemos ser conscientes de que, en España y en Andalucía, en particular, tenemos una serie de cosas que solo es similar a Japón. Japón tiene un producto alucinante y una cultura gastronómica alucinante. Nosotros también y no podemos encontrar eso en todos lados porque no lo hay. Te vas a Inglaterra, a Escocia, a Irlanda, ¿cuál es la cocina tradicional de esos países comparada con la nuestra? O Estados Unidos. Hay sitios donde hay grandes productos, como en Los Ángeles, donde hemos abierto un restaurante nuevo hace poco. Te da la sensación de que no hay nada pero tienen grandísimos productos, pero no tienen el bagaje cultural y gastronómico que nosotros tenemos.

M.G.- Y las cartas de los restaurantes de Dubái y Doha, ¿los tienes que adaptar a su paladar o podemos encontrar los mismos platos de un restaurante español?

D.G.- No, pero eso te pasaría en Marbella, en Madrid o Barcelona. No hace falta irte tan lejos. La carta de Leña en Barcelona tiene una serie de connotaciones diferentes a las que encuentras en la carta de Madrid o Marbella, que es una carta enfocada al público local, y utilizamos gamba roja u ofrecemos unos canelones, que son un plato tradicional de allí, o espardeñas. Son platos que no tenemos en Leña. En cada ciudad donde abrimos un restaurante, la carta es muy concreta. En Hungría, pues ofrecemos sabores más húngaros. Es también más divertido para mí. Primero porque aprendo mucho y segundo porque no tengo que hacer siempre lo mismo, ni un corta y pega constante.

M.G.- El libro está dividido en varias secciones. Encontramos desayunos, almuerzos, cenas, ensaladas, salsas. Hay una sección que me encanta, Antojos y picoteos. Me gusta porque lo del hambre emocional lo llevo fatal, pero es que en esa sección propones, desde unos nachos hasta una tarta. Eso es tener mucha hambre emocional.

D.G.- Es una tarta en el microondas, creo recordar. Pero también está el tartar de salchichón. Son cosas de muy picotear, de antojos. Los malagueños estamos muy apegados al salchichón de Málaga. 

Todas las secciones del libro están muy enfocadas a las situaciones que vivo en mi casa, desde desayunos a postres. Pero luego, hay días en los que tienes un antojo, o tienes más tiempo, o es un sábado especial y ahí te propongo hacer alta cocina pero sin dramas. Recojo todas las posibilidades. Voy a hacer la comida y me siento a ver una peli, no quiero estar cocinando mientras los demás están viendo la película. Luego está la sección de los platos que más han triunfado en redes sociales, como la tortilla. 

Tenía claro que no quería un índice con entradas frías, calientes, sopas, pescados, carnes,... 

M.G.- No un índice aburrido.

D.G.- Exacto, sino algo más real. Creo que mucha gente se va a sentir identificado con las diferentes secciones.

M.G.- Mencionas la tortilla y este libro recoge  una receta de tortilla a la que le añades una cucharada de mayonesa, pero no al lado, sino dentro. ¿Qué se consigue con eso?

D.G.- Se consiguen dos cosas. Una de ellas es la cremosidad y la otra es el sabor a aceite de oliva puro, único. Habitualmente, si vas bien de pasta, fríes la patata en aceite de oliva pero no todo el mundo puede hacerlo. Con esta receta te doy la posibilidad de no tener que freír la patata en aceite de oliva, porque te va a salir mucho más barato. Haces una mayonesa con bastante menos aceite de oliva del que necesitas para freír que le añades a la masa de la tortilla, una vez que haya reposado un poco. Añadida la mayonesa, la masa se blanquea y sólo te queda cuajarla un poquito. Eso te da un sabor a aceite de oliva puro y fresco. Brutal.

M.G.- Lo probaré. 

D.G.- Y luego encima la cuajo con mantequilla. Sé que es un poco polémico, entre comillas, pero también te digo, honestamente, que el cuajado con mantequilla lo hago porque quiero que se quede blanquita. No quiero que tueste porque no me gusta el sabor del huevo tostado en esta pureza de tortilla.

M.G.- Debo confesarte que me noqueó una receta de algo tan simple como freír patatas. ¿Qué tiene de especial tu receta?

D.G.- Bueno, es que, la primera inercia de cualquier persona es freír las patatas con el aceite a toda leche y ese es el primer error garrafal. Diría que, primero, la patata la tienes que prefreír a 150 grados. Necesitas que se cocine primeramente por dentro y que suelte todo el agua. Si las echas al aceite a toda leche, lo que consigues es que la patata de queme por fuera y se quede semicruda por dentro. Hay muchos trucos para freír patatas bien. La patata la tienes que limpiar bien y secarla todo lo posible, para que tenga el menor agua posible. No hace falta echarle sal porque, al final, la sal sólo consigue que suelte más líquido y ese líquido es el que precisamente necesitas que desaparezca del aceite. Luego, cuando las echas al aceite para que empiece a cocinarse, verás que se forma una burbuja más grande. Necesitas que la patata empiece a cocinarse y vaya perdiendo toda su agua. Irás notando que, poco a poco, la patata empieza a flotar, el sonido se suaviza, y ahí es cuando hay que darle el toque fuerte, para que se fría de verdad. Es que hay una mala tendencia, sobre todo en los amateurs. Cuando la gente escucha la palabra freír piensa que tienen que poner el aceite a 180 grados y no es así. 

M.G.- Te entiendo. Dani, habitualmente los libros de recetas incorporan, no sólo los ingredientes, y el paso a paso, sino también, a veces, los tiempos de preparación o de cocción. Son datos que no encontramos en tus recetas. ¿No los considerabas importantes?

D.G.- Bueno, te puedo decir que, por ejemplo, para cocinar una alcachofa en el microondas necesitas cuatro minutos pero si empleas una alcachofa que es la mitad de la mía, pues en vez de cuatro minutos necesitarás dos. O si es el doble de grande pues necesitarás el doble de tiempo. Es todo más complejo.  Lo importante es la didáctica, la forma en la que expliques la receta y luego los truquitos que te pueden ayudar.

M.G.- Hablando de postres. Recoges en el libro una receta de gofres de plátanos exprés. En Internet encontramos muchas recetas dulces en las que se sustituye la harina por manzana o plátano triturado. No lo he probado y tiene un aspecto muy apetecible pero, ¿el sabor es equiparable a cocinar de la forma tradicional?

D.G.- Lo que es natural es natural y si lo cambias no es igual. Es como la barra de pan sin gluten. Te la puedes comer, sí, pero no es equiparable a una barra de pan con gluten. Esa es la realidad. Nunca va a saber exactamente igual. No es lo mismo un hamburguesa de carne que una hamburguesa vegana, aunque físicamente parezcan lo mismo. Yo soy de los que apuestan por las cosas tal como son porque, al final, son muy difíciles de mejorar. Se puede, sí, porque mi mujer lo hace. Para hacer un gofre se necesita una máquina que da calor y ella hace algún tipo de puré, sin meterle gluten ni harina y te hace un gofre decente. Y puede estar bueno pero cuando hace la recta de gofres, de verdad, tradicional, tienes que hacerla como es. No hay tu tía. 

M.G.- Y al renunciar a los azúcares, las harinas, la nata,.. ¿no estamos boicoteando demasiado el mundo de la cocina?

D.G.- Bueno, estamos intentando cuidarnos mucho más. Esa es la realidad. Te propongo muchas recetas pero no te diría que comieras mac and cheese cada día. Son muchas calorías. Lo que pasa es que tenemos que tener un equilibrio porque también hay que vivir.

M.G.- Disfrutar de la comida.

D.G.- Claro. Por ejemplo, no bebo alcohol ni fumo pero sí tengo adicción a ciertas cosas gastronómicas que me gustan. ¿Cómo voy a dejar de comer jamón? ¿Por que tenga grasa? No. Y hay un montón de cosas así que me gustan. Intento no beber lactosa porque me sienta mal pero si un día voy a un restaurante francés, sé que me voy a atiborrar de mantequilla y nata. Bueno, un día puedo hacerlo.

M.G.- Y para eso también están las pastillas. 

D.G.- También.

M.G.- Dani, para ir terminando, en tu casa, ¿existe el arroz de los domingos? Y cambia arroz por otro alimento, por cordero, no sé... ¿Hay alguna preferencia en ese día?

D.G.Hay uno de chuletas, que me gustan los domingos. Pero es verdad que, como he estado toda mi vida metido dentro de una cocina, lo que me gustaba hacer los domingos era salir a comer fuera. Somos mucho más de ir los domingos a comer a restaurantes que de cocinar en casa. Eso sí, días como los que hemos tenido en Navidades, que ha llovido tanto, me encanta quedarme en casa y cocinar. Y sí, en muchas ocasiones, lo que es cae es un arroz.

M.G.- El libro cuenta con fotografías. Te vemos con tus hijas. ¿Alguna de ellas seguirá tus pasos?

D.G.- No. Como te digo, una vive y trabaja en Dubái. Estudió cinco años de moda en Londres y lleva trabajando en la central de Dolce Gabbana. Y la pequeña estudia Business Analytics en Boston.

M.G.- No te han salido cocineras...

D.G.- Y el niño que aparece en las fotos, es el hijo de mi mujer pero se ha criado conmigo toda la vida. Es más cocinillas pero ni lo veo, ni quiero que lo haga. Va para ingeniero.

M.G.- Muy bien, Dani. Pues un placer conversar contigo.

D.G.- Muchas gracias.


Sinopsis: Recetas del día a día con todo el sabor de Dani García.

Este no es un libro para cocinar como un chef… es para hacerlo como Dani García, que cuando llega a casa, se pone el delantal y cocina para sus hijos. Como hacían su madre y su abuela, siempre con amor y diversión.

Cocina en casa como Dani reúne recetas sinceras, sabrosas y alcanzables: desayunos para arrancar el día con ganas, platos con flow, trucos virales y postres que parecen de restaurante. Sin dramas ni postureo, solo comida rica, con todo el sabor y de una vida entre fogones.

Un viaje de vuelta a lo esencial: cocinar, compartir y vivir alrededor de la mesa.

 

sábado, 24 de enero de 2026

SIGO AQUI...

 


...aunque parezca mentira. Casi dos meses he estado ausente de este espacio. ¿Por qué? Por un cúmulo de circunstancias. Se juntó la falta de tiempo, con mi manía de exigirme llegar a todo, asuntos familiares de salud, y un profundo desánimo por la lectura. Sobre esta última cuestión, caí en picado. Lo contaba no hace mucho por redes sociales, que hay días en los que, como no tengo ganas de hacer nada, me doy el capricho de seguir los deseos de mi cuerpo. Y es que estamos tan acostumbrados a ser productivos las 24 horas del día, que no sé vosotros, pero yo, si no estoy haciendo algo provechoso, es como si estuviera cometiendo un pecado capital. Y no, también es importante no hacer nada. Basta con simplemente estar.

A lo que voy, que este blog es parte de mi vida. Lo ha sido durante los últimos catorce años y no me resisto a darle cerrojazo. Si bien ahora no le puedo dedicar todo el tiempo que me gustaría, ya cambiará algún día las tornas (cuando me toque la lotería de Navida, ja!). Así que, sigo aquí, poco, pero sigo. Y mi intención es aparecer y asomar la patita de vez en cuando, con alguna reseña, con alguna entrevista, con lo que sea. 

También tengo las redes un tanto abandonadas en lo que a literatura se refiere pero tengo mucho que enseñaros. Y os debo alguna visita a vuestros espacios correspondientes.  Dicho lo cual, ¿qué os parece si nos volvemos a encontrar?

Os mando un abrazo enorme.

 

martes, 18 de noviembre de 2025

ROBERTO SANTIAGO: ❝Los acosadores son culpables pero, además de castigarlos, hay que tratarlos❞

Sandra Peña tenía catorce años. Catorce. El día 14 de octubre decidió poner fin al calvario que estaba sufriendo. No aguantó más y dijo ¡basta! Abrió la ventana y se lanzó al vacío. Insisto. Tenía sólo catorce años y toda una vida por delante. ¿Qué no habría sufrido esa chiquilla para tomar una decisión tan terrible? ¿Os lo podéis imaginar? Yo soy incapaz. Aquel día, la noticia sumió a Sevilla bajo un espeso manto de desolación. Al país entero. Su foto empezó a circular por redes sociales. Tan bonita. En algunas se la veía feliz, sonriendo a cámara, vistiendo la camiseta de su equipo favorito, el Real Betis Balompié. ¿Qué te hicieron Sandra? Si alzaste la voz, ¿por qué no paró lo que te estaban haciendo? 

El acoso escolar ha existido siempre. Ahora lo llamamos bullying porque parece que, si no le ponemos una etiqueta en inglés, es como si fuera menos serio. El caso de Sandra ha venido precedido por otros tantos.  Otros jóvenes tomaron la misma decisión que la joven sevillana. Otros tuvieron sus propios acosadores. E igualmente, otros prefirieron acabar con su vida antes que seguir sufriendo. Nos asomamos a estas noticias con estupor, nos sentimos sobrecogidos durante unos días, esos posteriores al suceso en el que los periódicos se llenan de titulares escalofriantes. Pero pasado ese revuelo inicial, seguimos a lo nuestro. Salvo las familias de esos jóvenes, claro. A sus padres,  hermanos, tíos, abuelos, primos,… les costará salir del agujero negro. Quizá mañana, o la semana que viene, o el mes que viene volveremos a levantarnos con una noticia igual. ¿Cómo parar esto? ¿Qué debemos hacer? Por lo pronto, dar visibilidad. Concienciar a la población. Estar atento a cualquier señal de alarma. Habrá que acabar con esto algún día, ¿no? Habrá que tomar medidas, buscar el origen de estos comportamientos terribles. ¿Por qué un niño acosa a otro? ¿Por qué un joven cree que es divertido mofarse de un compañero de clase? ¿Por qué otros se unen al cruel en este teatrillo de la humillación, la burla y la vejación? ¿Por qué formar parte de un círculo que machaca a otro?

Y sobre círculos terribles quiero hablaros hoy. Un mes antes de la muerte de Sandra Peña, Roberto Santiago publicó El círculo (Destino). En este libro se narra un caso de acoso escolar. No es un caso real concreto aunque está inspirado en todos los que conocemos hasta el día de hoy. De hecho, este libro nace de la experiencia personal de su autor cuando, siendo un adolescente, fue testigo de un caso de bullying. Aún le estremece la imagen terrible de ver cómo unos compañeros sostenían a otro, de los tobillos y boca abajo, colgando por fuera de una ventana. Esa escena es la que abre el libro.

La semana pasada conversé telefónicamente con Roberto Santiago. Hablamos de Sandra Peña, por supuesto. Y también sobre el perfil psicológico de los acosadores, de las responsabilidades penales que se les puede exigir a los jóvenes, de la importancia de hablar del tema y romper el silencio. Disculpadme esta introducción tan larguísima pero la rabia me consume por dentro al saber cómo el comportamiento irracional de unos niñat@s sesga la vida de un joven o una joven.

Os dejo con la entrevista.

© Álvaro Serrano Sierra
M.G.- Roberto, nos conocimos en 2023, cuando viniste a Sevilla para la promo de La rebelión de los buenos. Aquella novela era para adultos y ahora pasas a la novela juvenil. Aunque tú nunca has perdido de vista a los lectores más jóvenes.

Roberto S.- No. La mayor parte de las novelas que he escrito son para niños. Las novelas negras para adultos son Ana Tramel y La rebelión de los buenos. Todas las demás están más dirigidas a un público más joven. El círculo se considera juvenil pero espero que la lean otros lectores más mayores.

M.G.- Sí porque en esta novela hablas de bullying y efectivamente, aunque está dirigida a los jóvenes, entiendo que también es muy necesaria que la lean los adultos, los padres, los profesores,…

R.S.- Exactamente. Mira me está ocurriendo algo muy bonito. Están recomendado la lectura de El círculo en muchos institutos. Me están escribiendo muchos docentes que hacen una labor extraordinaria. Y luego, en las presentaciones y en las firmas, e incluso a través de las redes sociales, se me están acercando, no sólo adolescentes, sino muchos padres y madres, y me están diciendo que están leyendo el libro y que lo están compartiendo con sus hijos. Se puede decir que es una lectura familiar, para que se abra debate sobre este tema.

M.G.- Pues sí, es necesario. En este libro cuentas un caso de acoso escolar que se produce en un instituto. Has comentado varias veces que no está basado en unos hechos concretos pero sí en todos los que han existido. Los casos de bullying, ¿son todos iguales? ¿hay matices que distinguen unos de otros? ¿Hay patrones similares?

R.S.- Claro, hay patrones que se pueden encontrar en todos los casos de bullying. He intentado ser muy respetuoso y muy riguroso pero esto es novela, es ficción. Eso me gustaría dejarlo clarísimo. Sin embargo, de los tres años y medio que he convivido con la novela, más que escribir, el 80% lo he dedicado a investigar. Me he dedicado a hablar con víctimas de bullying y con sus familiares, que han sido personas muy generosas. Y luego, he tenido la suerte de que la Policía Nacional, la Unidad de Bullying, me ha permitido acceder a muchos casos, y leer muchos informes. Es terrible todo. El círculo es ficción, pero todos los casos que cuento en el libro, desde los más leves a los más gordos, están basados en hechos reales que he conocido.

M.G.- Sevilla se ha visto totalmente conmocionada en el último mes por el caso de Sandra Peña. Hemos sufrido muchísimo con este caso. ¿Cómo viviste tú este caso con el libro recién publicado?

R.S.- Fíjate la terrible casualidad. Publico el libro en el que se habla de jóvenes que intentan quitarse la vida y, de repente, surge el caso de Sandra Peña. Es devastador todo esto. Por ser mínimamente optimista, quiero pensar que toda la movilización que se ha producido a raíz de este caso va a permitir que este tema se visibilice mucho más y se va a poner el foco sobre este asunto. Te digo de verdad que uno de los grandes problemas que tenemos en la sociedad es este. No se le da la suficiente importancia, no existen los recursos suficientes. Tienen que pasar casos como el de Sandra para que la gente y las instituciones se conciencien. 

M.G.- Sobre el caso de Sandra Peña te preguntaré algo más en un momento porque me interesa tu punto de vista.

Dicen que el bullying ha existido toda la vida, lo que pasa es que ahora le ponemos nombre. Tengo que confesarte que no recuerdo ningún caso de acoso en el colegio o en el instituto en el que estudié. O quizá sí, pero se me pasó por alto, no lo sé. Lo cierto es que, por suerte, no he sido víctima de bullying. Sin embargo, tú has comentado que este libro nace a raíz de algo que tú viviste cuando eras más joven. Experimentaste un caso de bullying cerca y lo viviste en primera persona.

R.S.- Yo tampoco fui víctima de bullying pero sí que fui testigo en primerísima persona de varios casos. Hay uno en especial que me marcó porque duró muchos meses y fue terrible. Tenía un compañero al que unos chicos no sólo el quitaban las cosas, la merienda, o le golpeaban por las escaleras, sino que un día llegaron al colgarlo boca abajo por fuera de una ventana. Y eso lo vi yo. El miedo me paralizó. Muchas veces he pensado que por qué no intenté impedir aquello pero yo tenía tanto miedo de que me lo hicieran a mí. Creo que eso mismo sentían otros compañeros. No nos atrevimos a frenar a estos acosadores. Es la ley del silencio que imponen los acosadores. Te callas por temor. Los testigos de un caso de bullying, cuando es muy fuerte, también sufrimos. Y esa es una de las primeras escenas de libro. Cuando Víctor llega al instituto y se encuentra a un compañero colgado por la ventana. 

M.G.- Roberto, ¿tú crees que los niños y jóvenes de ahora son más irrespetuosos, más violentos, menos empáticos que los niños que nacimos en los 70, en los 80, en los 90? 

R.S.- Es difícil generalizar pero sí que es verdad que, según las estadísticas, cada vez hay más casos de acoso escolar. Y los datos dicen que los casos son cada vez más crueles, con muchas connotaciones sexuales. Algo tenemos que estar  haciendo mal en la sociedad para que pasen estas cosas. Siempre recalco que yo no soy un psicólogo, ni un experto en bullying. Yo sólo soy un escritor que se ha documentado, que ha trabajado y que ha mirado la realidad que vivimos para escribir esta historia. Lo que yo he descubierto es que cada vez hay más casos y cada vez son más crueles, y eso me lleva a pensar que algo estamos haciendo muy mal. Yo tengo mis propias conclusiones y cada uno sabrá. Pero lo primero que hay que hacer es hablar de ello y visibilizarlo. Es lo primero que hay que hacer para impedir que esto siga ocurriendo. 

M.G.- Algo estamos haciendo mal dentro de la sociedad, y dentro de las familias. No tengo hijos y quizá por eso tengo una mirada más objetiva. Los padres, al fin y al cabo, están muy condicionados por ese vínculo que tienen con sus propios hijos. Y no sé lo que pensarás tú pero, por lo que veo, ¿no crees que los padres tienen una mala concepción de lo que es la educación? ¿Muchos padres no piensan que sus hijos tienen que ser educados en el colegio, cuando la verdadera educación en valores tiene que empezar en casa? 

R.S.- Evidentemente si dejamos la educación de los adolescentes sólo en manos de los colegios y de los institutos vamos mal. La base de la educación está en las familias. La familia es lo más importante que te pasa en la vida, para bien o para mal, según te toque. Es lo que conforma tu carácter y tu personalidad. Nadie, absolutamente nadie, nace siendo acosador, igual que nadie nace siendo víctima. Eso depende de tus condicionantes. Y el primero, y el que más te marca es la familia. Por lo tanto, no creo en eso de echar balones fuera y que la culpa recaiga en los centros educativos. No. Los centros educativos tienen su responsabilidad pero la mayor responsabilidad la tiene la familia. Es verdad que lo que tenemos que hacer todos es examen de conciencia. Como sociedad hemos avanzado muchísimo en muchísimas cosas pero cada vez tenemos menos tiempo, cada vez corremos más y cada vez delegamos más la educación de nuestros hijos. 

M.G.- Yo es que he sido testigo de muchas situaciones en las que ves que un niño, un joven, se está portando mal. Un adulto lo recrimina pero el padre y la madre, que están delante, se enfrentan a ese adulto. No sé, creo que los padres están super protegiendo a los hijos y que muchas veces no son conscientes de que sus hijos cometen errores y hacen trastadas como todos los demás. 

R.S.- Claro. Igual que hay que denunciar cuando los padres son excesivamente severos y duros con sus hijos pues igual habría que denunciar esa super protección mal entendida. Porque luego esos niños van a tener problemas cuando se enfrenten a la vida real. En estos casos, los jóvenes y adolescentes son víctimas de una educación errónea. 

M.G.- Sí. Y dices que, en realidad, los acosadores también son víctimas de su entorno. 

R.S.- A ver, esto es un tema muy delicado. Los acosadores, para empezar, son culpables pero, además de castigarlos, hay que tratarlos. Hay que tratar de entender por qué han llegado a ser acosadores. Hay que averiguar qué ha pasado, qué ha ocurrido en la familia o en el centro educativo para que un chaval o una chavala, de trece, catorce o quince años, se dedique a hacer la vida imposible a un compañero. Algo ha fallado. Además de castigar tenemos que tratar de entender qué ha fallado para corregirlo porque hay muchos casos de niños y jóvenes acosadores que luego vuelven a reincidir. Si eso es así, es porque el caso no se ha tratado bien, porque no se ha hecho un trabajo de reeducación correcta. Es un tema muy complejo al que hay que darle más tiempo y más recursos.

 M.G.- Sí, desde luego.

Roberto, el otro día, hablaba de tu libro con una compañera de trabajo. Ella es madre de una adolescente y me decía algo que me pareció muy interesante. Me comentaba que, el estilo de vida que tienen los padres actualmente, en el que tanto padre y madre, o las dos madres o los dos padres, tienen que trabajar fuera de casa porque es un imperativo, hacen que esos padres no pasen tiempo con sus hijos hasta tal punto de que, a veces, esos hijos son unos completos desconocidos. Me dejó muy impactada esta opinión. 

R.S.- No puedo estar más de acuerdo. Como comentaba antes, la sociedad ha avanzado en muchas cosas de manera muy positiva pero también ha traído problemas. Uno es precisamente este. Tú no puedes llevar una vida laboral plena y, a la vez, dedicarles a tus hijos todo el tiempo que ellos necesitan. Es que no hay tiempo físico ni material. Entonces delegan esa parte de la educación de sus hijos a quien pueden. Si tienen recursos, contratan a alguien y si no, pues van apañándose con la familia, con los abuelos, con quien sea… Vas delegando, y delegando, y delegando. Es un error muy grave porque tu hijo se está forjando en esa edad y necesita tiempo y atención. 

Uno de los datos que más me ha impactado en la fase de documentación de El círculo fue cuando la policía me dijo que en el 90% de los casos, cuando van a hablar con la familia, estos no tienen ni idea. No sospechaban en absoluto que el hijo o la hija era víctima de bullying ni, en el otro caso, que su hijo o hija fuera un acosador o acosadora. No sospechaban nada de nada. Primero lo niegan pero cuando la policía les muestra las evidencias, se quedan en shock. ¿Qué significa eso? Pues que no conocemos a nuestros hijos, a nuestras hijas. No sabemos lo que hacen. Es terrible. 

M.G.- Y tú que te has documentado tanto, que has hablado con la policía, y refiriéndome al caso de Sandra Peña, ¿qué ocurre con sus acosadoras, desde un punto de vista jurídico, penal? ¿Qué responsabilidades se les puede pedir a estas jóvenes o a sus padres? 

R.S.- Este es un gran debate, muy delicado. Además de una responsabilidad ética y moral, o del expediente académico que le puedan abrir o no, hay una responsabilidad a partir de los catorce años. No hablamos de cárcel pero sí de penas y castigos. Y por otro lado, aunque yo no soy abogado, los tutores, los padres, tienen una responsabilidad sobre los actos que hayan hecho sus hijos. Legalmente, eso es así. Por lo tanto, no se puede escurrir el bulto. Si no hay una parte de castigo, se produce un desequilibrio social. 

M.G.- Hablando propiamente del libro y de los personajes. Tenemos a Víctor Vargas, al que todo el mundo llama Uve. Este será el joven que llega como nuevo alumno al instituto Ernest Hemingway y se encuentra con esa escena que describías antes, con esos compañeros que tienen a otro colgado por los pies y por fuera de una ventana. Y luego está Alba, una chica muy diferente a todas las demás. Ellos forman un tándem. Háblame de Uve y de Alba. ¿Se podría decir que son los héroes de esta historia?

 R.S.- Alba es un personaje que me encanta. Aparentemente es una chica fuerte, que ejerce cierto liderazgo. Cuando Uve llega nuevo al instituto, de alguna manera ella lo protege. Víctor se enamora inmediatamente de Alba, de esa manera adolescente, en la que el amor es el principio y el fin del mundo. Sin embargo, a medida que vamos avanzando en la historia descubriremos que Alba ni es tan fuerte ni tan dura. Es una chica que también lo ha pasado mal y que tiene sus heridas. Me gusta mucho este personaje. 

En la novela, he intentado que los personajes buenos no sean tan buenos, ni los malos tan terribles. Como escritor, me siento en la obligación de comprender a cada uno de los personajes.

M.G.- Es una historia de dolor, de sufrimiento, de acoso pero el amor cura heridas. 

R.S.- Por suerte. ¿Qué sería de nosotros sin amor, entendido en el sentido más amplio? Está el amor de pareja, el amor de la familia, de la amistad,… Cuando hablamos de algo tan terrible como el acoso escolar, el amor es lo único que nos puede salvar. El círculo es un thriller duro pero también habla de amor.

M.G.- Has comentado antes que a los casos de bullying hay que darles visibilidad, hay que hablar de ellos pero algo que me llama mucho la atención últimamente es que también se está hablando cada vez más del suicidio. Antes era un tema tabú. Ni siquiera los medios de comunicación lo mencionaban por evitar el efecto dominó. Sin embargo, ahora sí se está hablando más de este asunto. 

R.S.- Sobre esto también hay y ha habido mucho debate. Cuando se han producido casos de suicidio y especialmente entre adolescentes, los expertos siempre han dicho que hay que tener mucho cuidado con darle visibilidad a estos casos, por el efecto llamada que se dice. Sin embargo, con lo que ha ocurrido con Sandra Peña, se ha producido una movilización, la gente ha salido a la calle, se han producido protestas. Es muy delicado fijar dónde está el límite. Por desgracia, hay muchísimos intentos de suicidios en España, todas las semanas, entre los adolescentes y por temas de bullying. Algunos se consuman y otros se quedan en intentos. Yo no sé dónde está el límite y no sé cuánta visibilidad hay que darle a todos esos casos. Pero lo que sí sé es que meterlos debajo de la alfombra no va a solucionar el problema. Es algo real que está sucediendo a nuestro alrededor. 

M.G.- Exacto. Roberto, el libro tiene un estilo muy directo y muy claro, con un fraseo muy corto y muchísimo diálogo. 

R.S.- Sí. He escrito ya muchos libros y novelas, y el estilo debe ajustarse al tema que se trata. En este caso, me tenía que meter en la piel de Víctor,  un joven de dieciséis años, y me ha salido un estilo muy directo. Como escritor, y cuando hablas de un tema como este, tienes que llegar al lector, crear debate y, por supuesto, engancharlo. Si no, no hay nada.

M.G.- Has comentado también que te has llevado tres años y medio con este libro. Te he leído decir que lo has reescrito muchísimas veces. ¿Por qué?

R.S.- Sí, porque yo no hago una escaleta ni sé lo que va a ocurrir en la historia hasta que la escribo pero eso hace que, cuando llego al final, reescriba. Siempre reescribo mucho mis libros pero en este caso, mucho más, porque sentía que tenía una responsabilidad importante, a la hora de hablar de un tema tan delicado como este. He reescrito muchas veces, sobre todo las escenas más duras. Aunque he intentado no esconder la dureza, tampoco he querido crear morbo. He procurado buscar un equilibrio que no me ha resultado fácil. Se habla del acoso en muchas vertientes, del acoso sexual a través de las redes, de cuestiones muy delicadas. Le he dado muchas vueltas a este libro. 

M.G.- ¿Qué mensaje quieres que tu novela transmita a los jóvenes?

R.S.- Es muy difícil. Si me tuviera que quedar con alguno diría que hay que romper el silencio. Los acosadores imponen una ley del silencio, hacen sentir miedo, vergüenza e incluso culpabilidad. Y aunque romper el silencio es muy difícil, es el primer paso fundamental para acabar con el acoso. Tanto para las víctimas como para los testigos. Hay que contarlo, hablar con la persona que tengas cerca, preferiblemente con tu profesor, tu madre, tu padre,… Y nunca hay que culpabilizar a una víctima o a un testigo si no lo cuenta. Si no lo cuenta es porque no puede, porque no es capaz. Hay que darles las herramientas para que se sientan en un espacio de seguridad. 

M.G.- Para terminar, ¿podremos ver una futura serie sobre este libro? 

R.S.- Ojalá. Antes de publicarse la novela, Warner supo que había escrito este libro y me contactó. Me han comprado los derechos para hacer una serie de televisión. Me han encargado el guion. Sería una serie de cuatro capítulos que corresponden a las cuatro partes en las que se divide el libro y estamos en ello. El audiovisual es complicado, son procesos lentos, pero ya veremos. El primer paso está dado. 

M.G.- Pues confío en que veamos esa serie. Por mi parte, te agradezco muchísimo que hayas escrito este libro. Creo que es muy importante. Espero que la historia de Uve y de Alba rompa esos silencios y sirva para luchar contra esa lacra social. Darte las gracias por haberme atendido esta tarde y espero poder verte por Sevilla en el futuro.

R.S.- Segurísimo que nos veremos. Muchas gracias.

Sinopsis: En el instituto Ernest Hemingway nada es lo que parece a primera vista.

Cuando Uve llega a mitad de curso se encuentra con un misterioso grupo de alumnos que se dedica a acosar a sus compañeros.

Tienen un nombre secreto: El círculo.

Uve se adentrará en una oscura trama de poder y abusos dentro del instituto. El acoso escolar sistemático se convierte en un peligroso instrumento para intimidar y aterrorizar a los más débiles.

Al mismo tiempo, Uve conocerá a Alba, que pondrá todo su mundo patas arriba.

Esta es una historia de intriga, de superación personal y también de amor. Con el bullying como gran tema de fondo. Un thriller social que nos atrapa y nos hace reflexionar sobre la sociedad que estamos construyendo.

 


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