martes, 9 de noviembre de 2021

CARLA MONTERO: ❝El ejército rojo fue el único que admitió a mujeres en primera línea de combate❞

Durante la Feria del Libro de Sevilla, que se celebró entre el 21 de octubre y el 1 de noviembre, fueron muchos los autores que visitaron la capital hispalense. La novelista Carla Montero fue una de ellas. Siempre es un placer hablar con esta autora, afable, cercana, simpática, y por supuesto, también lo es leer sus novelas. Desde que en 2009 ganara el Premio Círculo de Lectores con Una dama en juego, ha ido ofreciéndonos historias en las que hay una mezcla de géneros. No faltan en sus libros la Historia, el suspense, el amor, la intriga,... y con ello consigue atrapar al lector, adentrarlo en un relato que nos engulle sin remedio. Y ahora vuelve Montero con una nueva novela, El medallón de fuego, en la que rescatará a algunos personajes de La Tabla Esmeralda. Como ella misma nos explica en esta entrevista, El medallón de fuego no es una continuación de La Tabla Esmeralda, cuya publicación cumple ahora diez años. Estamos ante una nueva aventura de Ana García-Brest, y por lo tanto, se trata de una lectura que se puede emprender de manera independiente. Pero todo ello nos lo explica ella misma a continuación. Os dejo con la entrevista.

Marisa G.- Carla, un placer tenerte en Sevilla. Me alegra muchísimo volverte a ver.

Carla M.- Igualmente. 

M.G.- Sé que todos te vamos a preguntar lo mismo pero es inevitable. ¿Este medallón de fuego es la segunda parte, como tal, de La Tabla Esmeralda?

C.M.- No (rotundo). No es una segunda parte, no es una continuación. Es difícil encontrar una palabra para definirlo. En realidad, es lo que se dice en el propio libro, que los personajes de La Tabla Esmeralda regresan. Es una historia independiente con algunos de los personajes de aquella otra novela. 

La Tabla Esmeralda se publicó hace diez años. Cuando decidí acometer este nuevo proyecto, me dije que no podía obligar a los lectores de aquella novela a hacer un ejercicio de memoria y a recordar todos los detalles. Porque tú sabes que, cuando leemos un libro, te quedas con una sensación y los detalles se van olvidando con el tiempo. Luego, hay otros muchos lectores que me han descubierto con novelas posteriores y habrá otros que quieran descubrirme por primera vez con esta. Así que no, El medallón de fuego no es una continuación de La Tabla Esmeralda. No hace falta leerse aquella para entender esta. Si algún lector quiere hacerlo en orden, mejor que mejor, pero no es necesario.

M.G.- Es que, por ejemplo, yo no he empezado a leer esta porque, aunque he leído tus novelas anteriores, precisamente me falta por leer La Tabla Esmeralda

C.M.- Es verdad que hay referencias porque aquí recupero personajes que ya tuvieron un pasado, pero he procurado que queden bien explicadas para que, en ningún momento, el lector se pierda.

M.G.- De todas formas, la editorial ha hecho una cosa muy chula, sacar un pack con las dos novelas juntas.

C.M.- Efectivamente, hay un pack que, de cara a la Navidad, me parece un regalo chulísimo.

M.G.- Además se ha cuidado mucho la cubierta. Me fijé esta mañana que la joven que aparece en El medallón de fuego se parece a la que vimos en la portada de la otra.



C.M.- Sí, el diseño está muy cuidado. Se hace alusión a ese universo de La Tabla. Es como el que vuelve a visitar un parque temático en el que ya ha estado antes, pero para vivir historias independientes.

M.G.- ¿Y en qué momento se te ocurre rescatar esos personajes y volver a darles vida?

C.M.- Desde que publiqué La Tabla, los lectores siempre me han estado preguntando por qué no volvía a escribir sobre aquellos personajes. Para los que no la hayan leído, la novela cuenta con dos tramas. Una transcurría en el pasado y quedaba cerrada, pero la del presente era algo más abierta, y los personajes podían tener más evolución. Pero aquello lo dejé allí porque me fui embarcando en otros proyectos. Y cuando estaba en plena promoción de mi anterior novela, El jardín de las mujeres Verilli, un librero que conozco hace muchos años, me sugirió escribir una continuación de La Tabla Esmeralda y en aquel momento se me encendió la lucecita. Además iba con mis editores y se lo comenté. A ellos les pareció buena idea, ahora que se iban a cumplir los diez años de su publicación, pero siempre con la premisa de que no fuera exactamente una continuación. 

Todas mis novelas tienen una chispa que inicia toda la maquinaria que desemboca en un libro. Y aquí la chispa ha sido la demanda de los lectores.

M.G.- ¿Y qué va a tener que buscar Ana esta vez?

C.M.- Como indica el propio título, Ana tiene que buscar el medallón de fuego, una reliquia a la que se le atribuye ciertos poderes mágicos. Se supone que perteneció a Hiram, el arquitecto del rey Salomón. Es una reliquia que aparece y desaparece a lo largo de la Historia. Cada vez que aparece se desata un furor por hacerse con ella de forma, más o menos lícita. Ana se embarcará en esa búsqueda.

M.G.- Carla, yo he estado buscando información sobre ese medallón en Internet...

C.M.- Y no lo habrás encontrado porque no existe.  (Risas)

M.G.- Pero sí hay información sobre el medallón de Hiram.

C.M.- Sí. A ver, el medallón, como tal, es un objeto ficticio, que me he inventado. En la investigación previa a la escritura de la novela, necesitaba un objeto que Ana pudiera buscar y me puse a ver qué objeto podía ser. Si elegía un objeto real me limitaba mucho a la hora de desarrollar la trama porque un objeto real tiene su propia historia y no me apetecía alterarla. Y lo mismo me pasó con La Tabla Esmeralda. En esa novela, el cuadro que buscan tampoco existe.

Cuando me planteo crear un objeto ficticio, lo que procuro es darle un contexto que sea lo más real posible, es decir, crear un objeto que tenga un anclaje en la realidad. En este caso, el anclaje es Hiram, un personaje histórico, o bueno, tan histórico como podían serlo todos esos personajes de antes de Cristo. Las fuentes que lo mencionan son a veces de dudosa veracidad. Sí aparece en la Biblia y en otros textos figura con otro nombre. Pero parece ser que, efectivamente, fue un arquitecto que participó en la construcción del templo del rey Salomón. A él se le atribuye una leyenda que se usa como rito de iniciación en muchas sociedades masónicas. Así que, aunque el medallón no es un objeto real, sí está ligado a un contexto real.

M.G.- Y como en La Tabla, El medallón de fuego también tiene dos hilos narrativos. En el presente de la novela, Ana tiene que buscar este medallón, y en el pasado, nos hace viajar al año 45, a Berlín, a los nazis y al expolio que tanto juego ha dado en literatura.

C.M.- Sí, exactamente. El medallón, aunque da título a la novela, no deja de ser una excusa que me sirve para explorar otro momento histórico. En este caso, lo que vamos a hacer es trasladarnos a un momento de la Historia que a mí me parece único, a ese Berlín de 1945, concretamente al mes de mayo. Es un mes de un año muy particular. Los soviéticos acaban de entrar en la ciudad, ha terminado la Segunda Guerra Mundial, y el resto de los aliados no llegan hasta primeros de junio, y tampoco se harán cargo de las instituciones hasta julio. Es decir, durante ese mes de mayo, los soviéticos se van a enfrentar a la tarea de reconstruir una ciudad apocalíptica. Está prácticamente derruida. Es una ciudad todavía en llamas con un problema de viviendas enorme. No hay abastecimiento de luz, de agua, de transporte público, de gas,... Tampoco hay suministro de alimentos. Y tenemos una cantidad ingente de heridos, de prisioneros,... Los soviéticos tienen que enfrentarse a todo eso cuando la sombra del nazismo sobrevuela sobre todos los berlineses. Porque los nazis no eran solo los miembros de la SS, del ejército, los altos funcionarios. No. La sospecha del nazismo caía sobre todo el mundo, incluso sobre los niños. A eso hay que añadirle, además, todas las circunstancias de abuso que se dan por parte del ejército soviético. Hubo mucho pillaje, violaciones masivas,... Ellos veían Berlín como un botín de guerra. Después de tanto sufrimiento y de la invasión alemana, creían que tenían derecho a cobrarse un precio. Hasta que todo eso se pone en orden, durante el mes de mayo se dan unas circunstancias muy especiales y de novela.

M.G.- Construiste aquellos personajes hace diez años. Volver a encontrarte con ellos, ¿cómo ha sido?

C.M.- Los personajes han madurado. El lector que haya leído La Tabla Esmeralda se dará cuenta que han sufrido una evolución. La propia Ana, que protagoniza la trama del presente, pasa de ser una chica que era más quejica, más acomodada, a una chica más madura. Ahora es una mujer más reposada, más reflexiva. Para mí ha sido un ejercicio interesante porque, al recuperar personajes, tienen que mantener su esencia, pero no pueden ser los mismos.

M.G.- Pues me surge una pregunta ahora mismo. ¿Hay un salto en el tiempo entre el presente de La Tabla Esmeralda y el de esta novela?

C.M.- Hay un salto, sí. No de diez años pero, se supone que entre una novela y otra han pasado dos o tres años.


[Si prefieres escuchar nuestra conversación, dale al play]

M.G.- Y al margen de esos personajes comunes entre esta novela y la otra, hay más personajes nuevos que son, además, muy dispares. Tenemos un nazi, un miembro del ejército soviético, un ingeniero alemán y hasta un estudiante español. 

C.M.- Exacto. Esta mezcla demuestra cómo era el clima y las circunstancias de ese Berlín en el que empiezan a confluir elementos de lo más dispar. Tenemos a una francontiradora soviética que acaba de entrar en la ciudad con las tropas del ejército rojo; un científico alemán, atrapado por los bombardeos y que busca a su hijo; un nazi clásico, antiguo miembro de la Gestapo, con muy poquitos escrúpulos; y un estudiante español que está en Berlín por accidente, porque estudia arquitectura, y le pilla todo el caos. 

M.G.- Y esa francotiradora es muy interesante. Cuando uno piensa en el papel de la mujer en la guerra, siempre no las imaginamos en el campo sanitario, pero aquí pones a una mujer en primera línea de combate.

C.M.- Y de armas tomar, nunca mejor dicho. Sin duda, es uno de los personajes más interesantes de la novela. Hace tiempo leí La guerra no tiene rostro de mujer de Svetlana Aleksiévich y fue con ese libro, cuando tuve ese primer contacto con mujeres que habían estado en primera línea de fuego. Se da la circunstancia de que el ejército rojo fue el único que admitió a mujeres en primera línea de combate. Había francotiradoras, pilotos de aviones de combate, conductoras de tanques, y sanitarias también, pero de las que se lanzaban al campo de batalla para recoger heridos en pleno fuego cruzado. Lo curioso de estas mujeres es la visión que ellas te dan de su paso por la guerra. Es lo que se ve en el libro de Svetlana. Los hombres que han luchado en la guerra dan una visión más heroica y romántica, mientras que la visión de las mujeres es mucho más humana. Ellas no tienen ningún reparo en admitir la cara más fea de la guerra que, al final es la cara que predomina. Sin embargo, esa cara es la que se trata de ocultar, porque participar en una guerra es un acto de patriotismo y heroicidad. Ellas te cuentan que su paso por la guerra es muy duro y han quedado marcadas para siempre. Aleksiévich tiene mucha sensibilidad a la hora de contar las cosas y a mí me fascina. Me parecía que una mujer así, como las que aparecen en ese libro, era un auténtico filón para la ficción. Y siempre he tenido en mente un personaje como esta mujer soviética que aparece en El medallón. Es un personaje que da mucho juego porque, más allá de que sea guerrera, es importante la visión que ella ofrece, completamente distinta de la guerra, mucho más femenina. 

M.G.- Es un punto de vista original. 

Carla, tú siempre hablas de novelas cocteleras, refiriéndote a tus libros. Es habitual encontrar historia, suspense, amor,... en tus historias. ¿Qué elementos vamos a encontrar en El medallón de fuego?

C.M.- Pues un poco más de lo mismo. Como digo, me mantengo dentro de ese universo de La Tabla, donde tienes un poco de suspense, acción, un contexto bélico, una trama romántica,... En definitiva, novela coctelera una vez más. Es una combinación que como lectora me gusta. 

M.G.- Pero he leído varias reseñas de esta novela, y no sé si la trama romántica tiene mucho peso porque en esas reseñas no se hace mucha referencia a este punto.

C.M.- Es verdad. Es algo que a mí también me ha sorprendido porque hay dos historias de amor muy potentes, tanto en la época moderna como en la antigua. Pero, no sé. Debe ser que ha llamado más la atención otras cuestiones.

M.G.-  La francotiradora. (Risas)

C.M.- (Risas) Será eso, pero sí, hay dos grandes historias de amor. Aparte de que yo no soy capaz de escribir historias sin amor. Los lectores que me siguen de hace muchos años lo saben. En todas mis historias hay un componente romántico. 

M.G.- Dices en la solapa del libro que te hubiera gustado estudiar Historia. En tus novelas se nota que te gusta, que te documentas, y profundizas mucho en el contexto histórico. En esta novela, inicias cada capítulo con unas pinceladas históricas para situar al lector. ¿Cómo ha sido el proceso de documentación?

C.M.- Desde que empecé a escribir, a la hora de documentarme, utilizo más o menos la misma metodología. Para mí Internet es una herramienta fundamental como primera puerta de acceso a la investigación. A través de Internet, puedo averiguar cuáles son los libros especializados en ciertos temas, puedo también contactar con especialistas, y enviarle una entrevista sobre determinadas cuestiones que me interesan, tengo acceso a archivos fotográficos, filmaciones, películas,... En fin, para mí es una herramienta fundamental y no creo que pudiera ahora mismo abordar una investigación histórica sin Internet. 

M.G.- Para ir terminado. Teniendo en cuenta que a Ana la creaste en su día, y no pensabas retomarla pero ahora la conviertes en protagonista de otra novela más, ¿podríamos encontrar a Ana más adelante buscando otro tesoro?

C.M.- Tengo mis dudas. Tanto en La Tabla Esmeralda como en esta novela, la historia personal de Ana está muy ligada al objeto que busca. En este caso, queda todo bastante cerrado. No la veo embarcada en otra investigación, aunque nunca se sabe.

M.G.- Eso, nunca se sabe. Bueno, pues no tengo más preguntas que hacerte. Te agradezco mucho que nos hayas visitado de nuevo, Carla.

C.M.- Muchas gracias a ti. 

Sinopsis: Madrid, actualidad. Ana García-Brest, experta en arte, recibe la llamada de Martin, el joven y misterioso buscador de tesoros a quien conoció fugazmente durante la búsqueda de El Astrólogo en La Tabla Esmeralda. Han asesinado a un magnate italiano y un poderoso tesoro está en peligro: el Medallón de Hiram, una reliquia mágica que perteneció al arquitecto del templo de Salomón. Nadie conoce el paradero exacto de la pieza y Martin necesita la ayuda de Ana para encontrarla. Ambos emprenderán una trepidante búsqueda por toda Europa enfrentándose a infinidad de peligros, pues muy pronto descubrirán que ellos no son los únicos que desean hacerse con la reliquia.

Berlín, 1945. En los estertores de la Segunda Guerra Mundial, los destinos de cuatro personas están a punto de cruzarse con consecuencias imprevistas para el Medallón de Hiram: un sanguinario nazi que rastrea un Berlín en ruinas con la obsesión de hacerse con el medallón; un joven español, estudiante de arquitectura, que se ve envuelto en una intriga insospechada; un ingeniero alemán que está en el punto de mira del servicio de inteligencia ruso, y una francotiradora del ejército soviético que guarda un importante secreto.

¿Estás preparado para descubrir el secreto del Medallón de Fuego?

lunes, 8 de noviembre de 2021

ESTARÉ SOLA Y SIN FIESTA de Sara Barquinero

Editorial:  Lumen
Fecha publicación: septiembre, 2021
Precio: 17,90 €
Género: narrativa
Nº Páginas: 304
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 9788426410221
[Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]

Autora

Sara Barquinero (Zaragoza, 1994). Estudió Filosofía en la universidad de su ciudad y realizó un máster de Escritura Creativa en Hotel Kafka. Actualmente está cursando los estudios de doctorado. En 2018 obtuvo una beca de creación en la Residencia de Estudiantes de Madrid, en la que escribió su nouvelle Terminal (Milenio, 2020). Ha obtenido el Premio de ensayo Valores Universales de la Fundación Unir en 2016, el Premio Virginia Woolf de relato en lengua inglesa en 2017, el Premio del IAJ de creación artística y tecnológica en la modalidad de literatura en 2018 y el Premio Voces Nuevas de poesía de la Editorial Torremozas en 2019. Tras Estaré sola y sin fiesta, Lumen publicará su proyecto literario Los escorpiones, formado por cinco novelas, y El desapego.

Sinopsis

¿Quién es Yna? ¿Por qué su diario íntimo, crónica de su enamoramiento de Alejandro en 1990, ha aparecido en un contenedor de Zaragoza? La protagonista de Estaré sola y sin fiesta no puede evitar hacerse estas preguntas cuando encuentra el viejo cuaderno manuscrito de Yna. Hay algo en la prosa sencilla de esa desconocida que la empuja a querer saber más. Su historia tiene una fuerza contagiosa que, a pesar de la distancia, la obliga a pensar en sí misma, hasta el punto de dejar toda su vida en pausa para dar comienzo a una investigación que la llevará a Bilbao, Barcelona, Salou, Peñíscola y, finalmente, de vuelta a Zaragoza. ¿Es cierto que nadie fue al cumpleaños de Yna el 11 de mayo de 1990? ¿Tiene sentido que el amor de su vida nunca la llamara? ¿A qué respondía esa gran obsesión romántica? ¿Y dónde estarán ahora sus protagonistas? ¿Seguirán vivos?

Con ecos de Roberto Bolaño y Julio Cortázar, la jovencísima filósofa y escritora Sara Barquinero construye una asombrosa historia de deseo y de intriga que recorre España, y que es la primera piedra de un ambicioso proyecto narrativo: un regreso a la novela filosófica sin renunciar al pulso vertiginoso.

[Información tomada directamente del ejemplar]



Reconozcamos que todos somos un poco fisgones. ¿Acaso no te ha llamado nunca la atención pasar junto un contenedor de basura, repleto de cachivaches y trastos viejos, y mirar con curiosidad? Toda la vida de una persona puede caber en cuatro o cinco cajas, y esa misma vida puede acabar un día tirada de cualquier modo y en cualquier lugar. Dicen que, a través de los desechos de una persona, se puede averiguar muchas cosas de ella. Especialmente si, entre esas pertenencias tiradas a la basura, encontramos escritos. Pues precisamente en un contenedor de basura, y en 2017, Sara Barquinero encontró un diario personal. Con una etiqueta que evidencia que el cuaderno fue comprado en Ámsterdam, el diario hallado por la joven zaragozana contiene la vida de una mujer en los años 90. La propietaria de estas páginas se llama Yna, una mujer de origen indefinido, aunque todo apunta a que es latinoamericana, de treinta y dos años de edad, madre de una niña llamada Debra, que recoge en ese diario su amor desesperado por Alejandro.


«Está paralizada frente al contenedor sin atreverse a tocar nada. Pasiva. Lo más pasiva que puede, teniendo en cuenta que está a medio metro de un cubo de basura a rebosar. Y entonces lo ve. Ahí, entre las cortinas, las ciudades minúsculas, las sábanas pintadas de suciedad. Es un cuaderno pequeño y azul con una golondrina en la portada que asoma bajo un mantel y un revistero. Lo coge. Una etiqueta en la portada: "Yna. 4-1990"». [pág. 22]


A raíz de este hallazgo, y tras tratar de averiguar quién fue Yna y qué fue de ella sin conseguirlo, Barquinero construye una historia de ficción con una joven protagonista que recorre ese camino que la propia autora inició sin resultado. En el caso de la novela, veremos a la protagonista indagar por el supuesto barrio en el que Yna vivió, hablar con los que pudieron ser sus vecinos, preguntar aquí y allá si recuerdan a una tal Yna enamorada de un tal Alejandro. En la investigación, también echará mano de una herramienta tal útil como son las redes sociales. Lanzará una búsqueda y dará con una tal Debra que, por la información que figura en su perfil de Facebook, bien podría ser la hija de Yna. No obstante esta pista también se convierte en un callejón sin salida. ¿Qué hacer entonces? Tirando de varios hilos, de los distintos nombres de amigos que se mencionan en el diario, la protagonista tratará de localizar a Alejandro. Para ello tendrá que moverse por diferentes ciudades, -Madrid, Barcelona, Bilbao, Peñíscola-, dejando atrás su propia vida, su familia, su trabajo, y a su novio Carlos. Ella tiene una misión, encontrar a Yna o, en su lugar, a Alejandro. Si lo encuentra o no, eso dejo que lo descubras por ti mismo.

¿Qué me ha gustado de esta novela?

Para empezar, ese punto de partida. El hecho de que esta novela nazca fruto del hallazgo de un diario real me parece todo un alarde de originalidad. Desconozco si otras novelas han nacido de este modo. En mi caso, es la primera vez que leo algo así, y admito que me ha resultado una lectura curiosa e interesante.

Por otra parte, también me ha gustado que se alterne la historia de ficción, esa búsqueda que emprende la protagonista, con las transcripciones de las páginas del diario, del cual, incluso se aporta alguna fotografía. No he podido dejar de imaginarme a Yna, a una mujer de carne y hueso, sentada a una mesa como la que estoy ahora, escribiendo esas páginas que le sirvieron de desahogo en los años 90. 



No obstante, también hay alguna cuestión que no me ha terminado de convencer, y que paso a detallaros más adelante.

Temas

La soledad. Yna tiene una hija. También hablará en su diario de una madre, a la que tiene cerca. Igualmente menciona a algunos amigos. Y, sin embargo, se siente sola. La novela explora esa sensación de soledad que en ocasiones podemos sentir, incluso cuando vivimos rodeados de otras personas. Eso me llevó a pensar en el concepto de la individualidad, en esa frase tan cargada de verdad- «yo soy yo y mis circunstancias»-, que todos hemos usado alguna vez. Uno pude formar parte de una familia, de una comunidad, de una sociedad pero, a la hora de la verdad, estamos más solo que la una.

El amor tóxico y destructivo. También será otra cuestión en la que Barquinero ahonde. Veremos tanto en Yna como en otros personajes, un amor que no suma, sino que resta. Un amor que nos asfixia, nos aniquila y nos vuelve dependientes, un amor que se torna en droga sin la que no podemos vivir. Leyendo el libro recordé aquellos amores de juventud a través de los que una acostumbraba a respirar, aquellas relaciones en las que todos nos hemos volcado sin recibir nada a cambio. No son únicamente amores de juventud. Yna tiene treinta y dos años, y vive aferrada al recuerdo de alguien que ya la ha olvidado para siempre, al deseo de un regreso que no se producirá. 

Por último, la obsesión. Definida por la RAE como «perturbación anímica producida por una idea fija» o «una idea fija o recurrente que condiciona una determinada actitud». Mucho de esto veremos en la novela, mucho de esa idea fija, esa obcecación que viven muchos de los personajes de la obra. Yna está obsesionada con Alejandro, la protagonista está obsesionada con encontrar a Yna y a su amor y, a su vez, Carlos está obsesionado también. Todos, de un modo u otro, están aferrados a algo como vehículo de salvación de sí mismos.


«Estoy obsesionada contigo, tu imagen, tu cuerpo, tu voz». [pág. 26]


La protagonista

¿Qué sabemos de la joven que emprende la búsqueda? De entrada, jamás sabremos su nombre. ¿Por qué? Me dice Sara Barquinero en la entrevista que nos concedió (puedes leerla aquí), que no quiso ponerle nombre para no hacerle sombra a la propia Yna. Deduzco entonces que, para la autora, la verdadera figura importante en esta historia es esa mujer herida de amor, que vuelca en un puñado de páginas su desazón y angustia por la ausencia del ser querido.

En cualquier caso, la joven me ha parecido un tanto desubicada. Aunque vive con su novio Carlos, parece que la relación la hastía. Por otro lado, también veremos que no tiene una relación afable con su familia. En todo momento, he tenido la sensación de que la joven huye, de su vida, de su entorno y hasta de sí misma. A mi parecer, el hallazgo del manuscrito es el motor que la impulsa a una nueva ilusión, como si se aferrara a esa búsqueda para sentirse útil porque, aunque tiene trabajo, familia, pareja,... nada termina por llenarla. 

En este sentido, puedo entender la obsesión de la joven por la labor que emprende. Lo que quizá me ha resultado más incomprensible es lo que ocurre en todas esas ciudades que visita. Siguiendo la pista de Yna y Alejandro, conocerá a otros jóvenes con los que mantendrá un encuentro sexual. ¿Puede ser que intente encontrar un amor con el de Yna? ¿Un amor tan destructivo pero a la vez tan tórrido? 

 

«Luego se siente sucia, adolescente de nuevo. No lo decide nunca, es compulsivo, un acto previo al razonamiento». [pág. 59]


Yna y Alejandro

Más allá de su edad, de Yna no sabremos mucho. Habrá circunstancias que podremos deducir del diario. Por ejemplo, el uso de ciertos vocablos nos permitirá deducir que se trata de una mujer sudamericana. Por la forma de expresarse y su grafía, podremos suponer que su formación académica es muy básica La grafía que emplea en su diario nos revela que es una mujer de educación básica. ¿Y su nombre? ¿Realmente se llama Yna? Sobre esta cuestión también hay una teoría en la novela.

En cuanto a Alejandro, lo que sabemos de él lo iremos descubriendo a la vez que la protagonista. Otros personajes nos irán dando detalles de la existencia de Alejandro hasta llegar a un final en el que.... Bueno, no os lo cuento. 

Estructura y estilo

Estructurada en tres bloques, con un total de diecisiete capítulos -algunos de los cuales se vertebran en dos ramificaciones-, la historia está escrita en tercera persona, empleando el presente como tiempo verbal para darle esa sensación de inmediatez y que, a la vez, sirve para que tengamos la impresión de acompañar a la protagonista en su búsqueda. 

En cuanto al estilo y al ritmo, actual, ágil y dinámico. El empleo de bastante diálogo y ese interés por descubrir si definitivamente nos encontraremos con Alejandro o Yna, consiguen que el lector avance con rapidez por la historia.


En definitiva, Estaré sola y sin fiesta, un titulo que hace referencia a esa soledad que vive Yna, es una novela que puedes leer como una historia de búsqueda, con su toque de suspense, o como un camino hacia la reflexión. Insisto en que me ha gustado el punto de partida de la historia. Saber que tras el diario hay una persona real, que sufrió tanto por amor, y poder leer lo que ella realmente escribió. Pero también tengo que decir que esta lectura me ha dejado un poso de tristeza y una sensación desangelada, como si nuestra existencia y paso por este mundo no tuviera mucho sentido. ¿Qué somos si al fin y al cabo nuestra vida acaba en un contenedor de basura? ¿Quiénes somos si llegará un día en que seamos un recuerdo lejano? ¿Qué rastro dejamos si al final no nos pueden encontrar? Ahí lo dejo. 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:

viernes, 5 de noviembre de 2021

UNA MUJER Y DOS GATOS de Ayanta Barilli


Editorial: Planeta
Fecha publicación: septiembre, 2021
Precio: 18,90 €
Género: narrativa 
Nº Páginas: 240
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta
ISBN: 9788441544130
[Disponible en eBook y Audiolibro]


Autora

Ayanta Barilli (Roma, 1969) es escritora y periodista. Ha presentado y dirigido numero­sos programas de radio y televisión relaciona­dos con la divulgación cultural, además de escribir para diversos periódicos. Ha trabajado en la Cope, esRadio, El Mundo y El Español. En televisión ha formado parte de los programas Las noches blancas, El diario de la noche y Libros con uasabi, entre otros. Ha sido directora de casting en diversas películas y directora artística del Teatro Lara. Actualmente dirige y presenta A media luz, un magacín cultural en esRadio. En 2013 publicó Pacto de sangre.

Su primera novela, Un mar violeta oscuro, fue finalista del Premio Planeta.

Sinopsis

La protagonista, trasunto de la propia autora, relata y desgrana una etapa de soledad, marcada por una ruptura sentimental y la marcha de sus hijos, cada uno a un destino que no puede visitar.

En el transcurso de estos meses, acompañada tan solo por sus dos gatos, la escritura se convertirá en el único acto de resistencia posible frente a la adversidad. Repasará los momentos clave de su existencia, vistos desde una óptica obligadamente distinta, en la que una mujer -que es también hija, madre y amante- se convertirá en una mentirosa.

La desobediencia será la luz que alumbrará su camino.

[Información tomada directamente del ejemplar]



«No he vuelto a escribir. Desde que gané un premio literario con el que siempre había soñado. Porque me han pasado muchas cosas. Y no todas buenas. Mis hijos se fueron de casa. El que fuera mi marido emigró a otra casa. Y yo me quedé sola en casa, mientras fuera se desataba una pandemia». [pág. 11]

 

Con este párrafo tan esclarecedor, que nos sitúa en el punto de partida, Ayanta Barilli inicia la escritura de su segunda novela, Una mujer y dos gatos. La mujer, el trasunto de la propia escritora. Los gatos, Bowie y Nina. Narra Barilli en estas páginas una suerte de diario del confinamiento, haciendo uso de un cuaderno de rayas comprado en Roma, en el que empieza a garabatear sus emociones a partir del cuarto día de aquel encierro que nos pilló a todos por sorpresa. 


«Lo vi en una librería del centro. Me gustaron sus rayas. Parecía un cuaderno de los del cole. Pensé que lo utilizaría para tomar apuntes sobre mi nueva novela. No podía suponer entonces que se convertiría en la crónica aciaga de estas semanas en las que un extraño virus ha desbaratado nuestras vidas. La mía y la de todos». [pág. 11]


Confiesa la autora de estas páginas haber pecado de un exceso de confianza, de haber vivido «con una falta de conciencia absoluta de mi suerte». Es decir, le ha pasado lo mismo que al resto de los mortales. Hasta la declaración del estado de alarma, todos habíamos pensado que nuestro paso por este mundo estaba únicamente amenazado por esos riesgos que ya teníamos asumidos. ¿Quién se podía imaginar lo que se nos venía encima? Es en este tipo de reflexiones en los que el lector puede verse reflejado porque, en realidad, no somos tan distintos unos de otros, y este virus que todavía acecha, nos ha colocado a todos al mismo nivel.

En Una mujer y dos gatos, la protagonista de este libro hace un recorrido emocional y existencial a lo largo de aquellos meses de confinamiento. Se sorprenderá, como hicimos todos, de la expansión de la naturaleza, que toma posesión del terreno cuando su mayor enemigo, el hombre, se encierra en su cueva. De igual modo, le asaltarán las mismas dudas que nos asaltaron a todos, tendrá los mismos miedos, las mismas incertidumbres, los mismos recelos. «¿Seré asintomática?», se pregunta, a la par que se cuestiona si todo esto del virus no será más que un complot de índole político, con propósitos de carácter conspiratorio. Navegará en un mar de dudas, tan violeta oscuro como el de la novela con el que Barilli quedó finalista en los Planeta de 2018, mientras echa de menos aquellos días azules y aquel sol de la infancia que ya escribió Machado, verso que dará título a algún capítulo de esta novela. No será la única referencia.

Y mientras permanecimos encerrados, la vida continuó a su modo. La protagonista de esta novela tiene que continuar yendo al trabajo, a ese programa de radio que hace de madrugada. Los trayectos de ida y vuelta le parecerán transitados en un mundo apocalíptico. También tendrá que enfrentarse a momentos personales muy complicados, como la muerte de un amigo de la familia, la de Luis Eduardo Aute. En la soledad de su piso, sin más compañía que sus gatos, se asomará a Twitter para descubrir que han nacido virólogos hasta debajo de las piedras (ahora hay mucho vulcanólogo), analizará la relación que ha mantenido con su padre, y echará profundamente de menos al hombre que siempre le gustó.

 

«Al  hombre que siempre me gustó le conocí en una piscina municipal cuando teníamos doce años. Pero no le volví a ver hasta que cumplí los veinte. Yo estaba de vacaciones, él no. Yo tenía novio, él tenía novia. Así que no le hice ni caso. Le miré, me gustó y ahí terminó la cosa. Él se casó. Yo me casé. Él tuvo varios hijos. Yo tuve a Mario y a Caterina. Yo me divorcié y me volví a casar y me volví a divorciar. Él permaneció con su mujer treinta años. Demasiados para un matrimonio feliz». [pág. 63]


Con el hombre que siempre le gustó, del que no conoceremos su nombre, la protagonista vivirá momentos estelares y también recordará otros del pasado, porque en esa soledad que la rodea, teniendo a sus hijos muy lejos y a su tía Carlota muy enferma en Italia, entenderá que el tiempo se ha «convertido en recuerdo y nostalgia. En dolor y ausencia». Pero nuestra protagonista, madre, vecina, amante, ex esposa, sobrina y amiga desafiará las medidas sanitarias. ¿Qué clase de prohibiciones son estas que nos han impuesto? ¿Qué absurdez es esa de no permitirnos tocar los libros? Cansada de oír tanto el Resistiré, harta de ver al periodista de traje gris marengo dar las peores noticias, se embarca en una aventura para regresar al aroma de su infancia, ese lugar de origen donde todavía queda un buen trozo de su corazón.  Y así hasta un desenlace cargado de emotividad, pero también de esperanza, que la colmará de sosiego.

¿Una mujer y dos gatos es una novela sobre el confinamiento?

A priori, podríamos pensar que sí, pero no es solo el relato de aquellos días. Entre las páginas de este libro, de esta autobiografía, no encontramos únicamente la constatación de unos hechos, sino también un buen puñado de recuerdos personales, anécdotas, reflexiones, sueños y añoranzas. Una mujer y dos gatos no es solo un libro que se escribe para llenar esas largas semanas en las que todos los días eran iguales porque «da igual que sea miércoles o viernes, sábado o jueves. Ahora un domingo triste bien podría pasar por un martes lluvioso y un sábado entusiasta por un lunes aburrido. Los días de la semana han perdido sus texturas, sus colores, sus sabores». Este libro tiene una función catártica para la autora, quién empleará esas semanas de soledad, impulsada por las circunstancias personales por las que atraviesa, para pensar en la vida que ha tenido, en sus relaciones personales, en sí misma y en lo que quiere a partir de este momento, siendo la pandemia como ese punto de inflexión. Todo se cúmulo de emociones y sensaciones serán volcadas en este libro que se puede leer a pequeños sorbos. 

Pero, tratándose de una historia que transcurre durante aquellos oscuros meses, el lector puede pensar que está ante una novela tan sombría y lóbrega como lo fue aquel tiempo, y no es así. A la protagonista de Ayanta Barilli no le falta el sentido del humor. A pesar de las dificultades y las preocupaciones, ella trata de vestirse cada día con un vestido colorido y así, pasará por situaciones divertidas que arrancarán alguna sonrisa al lector. Simpáticas y ocurrentes son esas escenas que comparte con su vecino, al que ve cada tarde sentado en el tejado de su casa. También, en ese periplo que emprende, saltándose todas las prohibiciones, y convirtiéndose en una rebelde como lo son sus propios gatos, vivirá otras situaciones rocambolescas. No obstante, Una mujer y dos gatos tiene su parte de drama, que va más allá de la situación pandémica del momento. Como dije antes, los últimos capítulos poseen una carga dramática importante. Son pasajes que nos mostrarán la realidad sanitaria de Italia, el caos que allí se vivía. Casi me atrevería a decir que la situación era bastante más desastrosa que aquí. Son capítulos dolorosos en los que el lector, a poca sensibilidad que tenga, se sentirá tocado.

Poco más os puedo contar. La lectura de Una mujer y dos gatos me ha resultado amena. Admito que no es una novela que haya dejado una profunda huella en mí, pero sí me he encontrado con bonitas reflexiones, en las que me he visto reflejada, y con situaciones divertidas que compensan los momentos más difíciles de digerir. Bajo mi punto de vista, esta novela ofrece una historia sencilla, cargada de nostalgia y emotividad, que se lee con mucha rapidez y agilidad.

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí:


jueves, 4 de noviembre de 2021

JUAN BONILLA: ❝Esta novela es un experimento que me propuse para jugar y divertirme❞

Nadie conoce a nadie. Con este título, Juan Bonilla publicó novela en 1996. Narraba aquel libro una historia ubicada en Sevilla, en la que conoceríamos a Simón Cárdenas, el crucigramista de un rotativo hispalense, y a Sapo, su singular compañero de piso. Ambos quedarían envueltos en una suerte de trama conspiranoica que se desarrollaba durante la Semana Santa sevillana. Posteriormente, en 1999, el cineasta Mateo Gil quiso adaptar esa novela a la gran pantalla, valiéndose de las interpretaciones de Eduardo Noriega y Jordi Mollá. Pero, ¿qué ocurre con una novela una vez que el escritor pone punto y final, y la editorial la publica? Se acostumbra a decir que la novela deja de ser del autor para pasar a pertenecer a los lectores. Aun así, ¿el autor no vuelve a pensar en ella? ¿No retorna a lo que un día escribió? Pasado el tiempo, ¿no mira con recelo aquello a lo que le puso firma tiempo atrás? Cada novelista tendrá un proceder distinto. Por su parte, Juan Bonilla ha vuelto a reencontrarse con Cárdenas y Sapo. No ha querido el autor jerezano retomar las vidas de estos personajes en el punto en el que quedaron suspendidas cuando cerró Nadie conoce a nadie. Tampoco se ha valido de los saltos en el tiempo para contar cómo son sus vidas en la actualidad. Lo que Juan Bonilla ha hecho es reescribir aquella novela pero desde el autor que es hoy, para corregir lo que ya no le parece literario. De ahí que, aquella Nadie conoce a nadie, se haya convertido en Nadie contra nadie y de este experimento narrativo estuvimos hablando hace unos días. Os dejo con nuestra conversación.

[Fuente: Web editorial
©Yolanda Morató]

M.G.- Juan, me gustaría saber si este libro es una reescritura de aquella novela, es un reflejo de aquella trama, es la trama mejorada. Cuéntame qué es exactamente este libro.

Juan B.- Esta novela es un experimento que me propuse para jugar y divertirme. Cuando escribí Nadie conoce a nadie en 1996 tenía 28 años. Con aquella novela cometí una serie de errores narrativos que ahora no me convencen. Me pregunté qué pasaría si volvía a escribir la misma historia pero desde el que soy ahora. Así que, en 2016, como no estaba ocupado con otras cosas, y conociendo la historia, los personajes y la trama, escribí la novela desde la primera a la última página, dejándome llevar únicamente por los pequeños matices que yo recordaba de la versión original. A lo mejor, en alguna descripción de algún crucigrama coincide lo que puse entonces pero porque me acordaba perfectamente de las ocurrencias que había tenido. Podríamos decir que, en términos cinematográficos, esta novela es un remake y, por tanto, como suele ocurrir, el resultado es totalmente distinto. 

M.G.- Aunque esta novela haya tomado otros derroteros distintos a los de 1996, es evidente que los personajes son los mismos. Tenemos a Simón Cárdenas, el crucigramista, y a Sapo, su compañero de piso. Tú, como persona, habrás evolucionado pero te has tenido que reencontrar con unos personajes que ya tenían un perfil. ¿Cómo ha sido ese reencuentro?

J.B.- Me dejé llevar por la memoria, por lo que recordaba de ellos. Dado que la novela se convirtió en película, la memoria se mediatiza de alguna manera. A lo que recordaba de mis propios personajes se le agrega la versión cinematográfica. Cuando a veces pensaba en Simón Cárdenas, veía a Eduardo Noriega y eso no podía ser. Por eso, lo que decidí fue atenerme a las ideas que más o menos recordaba del personaje original, es decir, Simón Cárdenas como alguien curioso pero apocado, sin saber muy bien lo que se le viene encima, y Sapo como alguien muy estrafalario. Luego, quise dar más presencia a otros personajes como al inspector y a María, la periodista. 

M.G.- La acción transcurre en Sevilla, con una trama un tanto desquiciante, que entroncas con lo que ocurrió en aquella famosa Madrugá del año 2000. En esta novela te atreves a dar una teoría sobre el origen de aquel tumulto que vivimos. 

J.B.- Sí, sí,... Ya que aquellos sucesos se vincularon más con la película que con mi novela, porque el libro no tiene suficiente fuerza como para provocar hechos como aquellos, me pareció interesante incluir aquel acontecimiento dentro de la nueva escritura. Y además, incorporar una versión de lo que realmente sucedió porque la versión que se nos dio, basándose en hechos azarosos y fruto de la casualidad, no hay quien se la crea. Por eso, en este nuevo libro he añadido una versión más o menos cerrada de lo que pudo provocar aquel tumulto de la Madrugá, unos hechos que ya se recogían en la novela anterior pero que salían reflejados de otra manera en la película. El largometraje no tiene mucho que ver con lo que se contaba en la novela original porque ni nadie saca una pistola, ni se suben a un paso de palio, ni tampoco explota un edificio de la Expo'92.

M.G.- Y en esa versión que manejas tiene mucho que ver esos juegos de rol que se llevan a la calle. En la novela este tipo de entretenimiento va a tener mucha importancia y permíteme que te diga que he alucinado con toda la información que nos ofreces sobre los juegos de rol. Has hecho una profunda inmersión en esta temática.

J.B.- Sí. El colectivo de jugadores de rol atacó mucho la novela porque sufrimos una especie de mal endémico a la hora de leer. Solemos pensar que si un novelista saca a un periodista corrupto, lo que está queriendo decir es que todo el periodismo es corrupción. No es así. Las novelas muestran individuos y si yo saco unos jugadores de rol que son peligrosos y tarados no significa que piense eso de todos los jugadores de rol. Simplemente se trata de que mis (enfatiza) jugadores de rol son así. No tiene por qué haber una identificación con los demás. Sin embargo, parece que se lee de ese modo, como si generalizáramos, y es un verdadero error. 

En cualquier caso, sí que hice una interesante y profunda indagación de los juegos de rol porque, al ser Simón un tesinando de filosofía, quise analizar la propia filosofía del juego. El juego es algo esencial. Necesitamos jugar, convirtiéndose en una necesidad tan vital como comer. Me pareció interesante hacer una indagación en un tipo de juego tan particular como los juegos de rol que tienen la peculiaridad de que, a veces, pueden saltar a la vida real.

M.G.- Podemos pensar que la trama es muy negra y oscura pero lo cierto es que es una novela cargada de humor. Uno se divierte mucho con las ocurrencias de los personajes. Por ejemplo, hay una rebelión contra el estilo indirecto y tenemos a un narrador que se queja de su papel. 

J.B.- Sí, me lo propuse así porque la idea fundamental es la del juego y quería darle ese tono a la novela. Y dentro del juego, era sustancial que la propia novela no dejara de recordar constantemente que es una novela, un texto. Por eso, efectivamente, los personajes se rebelan contra el estilo indirecto. Se hace referencia al propio artefacto del libro, y los personajes se sienten orgullosos de ser personajes literarios.




M.G.- Bueno, también hay crítica. Como digo, la acción transcurre en Sevilla y estoy muy de acuerdo con esas opiniones que lanzan los personajes. Por ejemplo, se habla de ese populismo elitista de Sevilla, que creo que es la mejor forma de definirla. Pero hay tanta crítica como amor por la ciudad. A Sevilla hay que echarle en cara ciertas cosas pero también hay que alabarle otras.

J.B.- Totalmente de acuerdo. Dada la profesión a la que me dedico, podría vivir en cualquier otra ciudad. Sin embargo, la ciudad a la que siempre he vuelto es Sevilla porque me encanta. Pero que me encante no evita que tenga cosas que me parecen de risa, a las que se les puede sacar mucha punta. Sin embargo, la ciudad tiene otras muchas cosas que enamoran y casi te convencen de que no hay un sitio mejor para estar. Todo eso quería que quedara reflejado en la novela. En un momento dado, y es un pensamiento también del autor, Simón Cárdenas dice que no viviría en otra ciudad. 

M.G.- Incluso se llega a decir que Jerez, y tú naciste allí, es un barrio de Sevilla. 

J.B.- (Risas) Eso es lo que se suele decir. Como Jerez tiene esa guerra tan particular con Cádiz, es algo que siempre he escuchado desde niño.

M.G.- Siempre he creído que conozco perfectamente la ciudad en la que nací y en la que he vivido desde siempre. Sin embargo, hay novelas, como la tuya, que me hacen entender lo contrario. Con tu libro he descubierto una Sevilla desconocida, la de aquel Teatro Real en la Alameda de Hércules que no conocía en absoluto.

J.B.- El Teatro Real fue mítico en Sevilla. En los años 70 hacían unas performances muy peculiares. Cuando llegaba la Semana Santa, ponían una virgen que, en realidad, era un travesti con barba. Era todo muy underground. Sevilla, teniendo ese punto populista y elitista, es también un gran campo de heterodoxia. Sevilla es la del color especial pero también es la de Pata Negra o Kiko Veneno. Ambas facetas conviven y eso es lo que hace fascinante a esta ciudad. 

M.G.- Hablamos de Sevilla, hablamos de Semana Santa. Habría que hablar igualmente del pregón, porque también aparece en la novela. Me he reído mucho con el personaje-pregonero, con Perramón. He intentado dilucidar a quién tenías en mente cuando creaste al personaje. Es maravilloso. Es un personaje digno de un acto tan protocolario y pomposo como es el pregón de la Semana Santa sevillana.

J.B.- Espero que no hayas descubierto en quién pensaba... (Risas)

M.G.- No, no, pero me puedo hacer una idea. (Risas)

J.B.- Bueno, bueno,... A Perramón lo construí pensando en alguien muy concreto, sí, pero no pienso decir su nombre. (Risas)

M.G.- Vale, vale,... Lo dejamos en suspense. En cualquier caso, sí aparecen personas reales en el texto. Hay referencias a Juan Goytisolo, aparece Gonzalo García-Pelayo o Juanmi Vega, e incluso tenemos a un Ignacio Garmendía (pero con acento en la í). En esa dinámica del juego de la que venimos hablando, la aparición de estas personas reales es parte de ese mismo juego.

J.B.- Sí, sí,... un juego de nostalgia. La novela la escribí en León, donde pasé muchísimo frío. Me acordaba mucho de Sevilla, la de los 90, la que viví cuando yo era joven. Y he tirado de muchos amigos reales como los que nombras u otros como Antonio Molina Flores, que hace de director de la tesis de Simón; Jesús Quintero con su cafetería de la calle Placentines; Pepe, el librero de La Roldana; o el poeta Rafa Téllez, al que conocí cuando era camarero de La Carbonería. Son nombres que fui incluyendo por pura nostalgia.

M.G.- Juan, mientras leía tu libro no me podía quitar de la mente a Ramón J. Sender y su magnífico libro La tesis de Nancy. Me llevé una sorpresa grandísima cuando tú mismo lo mencionas en las páginas finales. Me ha gustado mucho coincidir en sensaciones.

J.B.- Sender me parece un escritor injustamente olvidado, a pesar de tener libros maravillosos. No sé si llega a ser influencia o no pero, sin duda, sí hay homenaje en este libro.

M.G.- Ya para terminar, quiero preguntarte por un texto que se incorpora en la novela, el comunicado que emitió la Hermandad del Gran Poder sobre los sucesos vividos aquella madrugá. Ese texto, ¿se hizo público o has tenido acceso a él por otras vías?

J.B.- Ese texto es buenísimo, pero lo encontré cuando empecé a escribir la novela e investigué un poco sobre las versiones oficiales de aquella noche. Juraría que lo encontré sin mucha dificultad. O lo mismo fue a través de los reportajes que hizo Juanmi Vega para El Mundo, o supe de ese texto por el libro que escribió Garrido Bustamante sobre los sucesos de aquella noche. Quizá uno u otro citaron ese texto. No lo sé, la verdad. No lo recuerdo bien. 

M.G.- En cualquier caso, es digno de estudio. Bueno, Juan, no te quiero robar más tiempo. Te agradezco muchísimo que me hayas atendido. 

J.B.- Muchísimas gracias a ti. Un saludo.

Sinopsis: El remake de la novela que marcó a toda una generación y que inspiró la película de Mateo Gil. Premio Nacional de Narrativa 2020.

Simón Cárdenas, eterno doctorando en Filosofía, sobrevive mal que bien en Sevilla diseñando la página de crucigramas para un diario local mientras trata de sacar adelante su tesis sobre el llamado “Síndrome de Alonso Quijano”. Un día, en vísperas de la fiesta grande de la ciudad –la Semana Santa–, recibe una extraña llamada conminándole a introducir, en su próximo crucigrama dominical, una palabra que parece responder a un mensaje en clave. Y todo apunta a que, lo que en principio parece una broma, está conectado con una serie de actos organizados por toda la ciudad con el objetivo de sabotear las fiestas y sembrar la histeria en las calles en plena madrugá. Con ayuda de María se embarcará en una serie de pesquisas para averiguar quién está detrás.

Veinticinco años después de la publicación de Nadie conoce a nadie, Juan Bonilla ha escrito Nadie contra nadie desde cero con el objetivo de dar a los lectores la versión definitiva de aquella historia que marcó a toda una generación y que lo catapultó como una de las grandes promesas de la ficción contemporánea. El resultado es una novela completamente nueva de un escritor en el mejor momento de su carrera, tras ganar el Premio Nacional de Narrativa, repleta de humor y que sabe parodiar desde los códigos más populares (las novelas de detectives, el thriller de blockbuster…) a la alta cultura (metaficción).

miércoles, 3 de noviembre de 2021

MADRES PARALELAS (DRAMA - 2021)

Año: 2021

Nacionalidad: España

Director: Pedro Almodóvar

Reparto: Penélope Cruz, Milena Smit, Israel Elejalde, Aitana Sánchez-Gijón, Rossy de Palma, Julieta Serrano, Adelfa Calvo, Ainhoa Santamaría, Daniela Santiago, Julio Manrique, Inma Ochoa, Trinidad Iglesias, Carmen Flores, 

Género: Drama

Sinopsis: Dos mujeres coinciden en una habitación de hospital donde van a dar a luz. Ambas están solteras y se quedaron embarazadas por accidente. Janis, de mediana edad, no se arrepiente y está exultante. La otra, Ana, una adolescente, está asustada, arrepentida y traumatizada. Janis intenta animarla mientras pasean por los pasillos del hospital. Las pocas palabras que intercambien en esas horas crearán un vínculo muy estrecho entre las dos, que por casualidad se desarrolla y se complica, afectando a sus vidas de forma decisiva. 

[Fuente: Filmaffinity]


Con Pedro Almodóvar, siempre ando de puntillas. El cineasta manchego firma películas simpáticas con las que me he divertido (Mujeres al borde un ataque de nervios), y otras que simplemente me han gustado. Pero en su haber, tiene también otros largometrajes que me han dejado bastante indiferente y algún otro, como Los amantes pasajeros, que me pareció un horror. Sin duda, mi preferida es Dolor y Gloria (puedes leer la reseña aquí), por su guion y por la interpretación de Antonio Banderas. Y sigue siéndolo, incluso después de ver Madres paralelas, una película que, a mi juicio, está un tanto desequilibrada y mal aprovechada. Os cuento.

Madres paralelas cuenta la historia de Janis y de Ana. Tal y como se señala en la sinopsis, ambas mujeres dan a luz el mismo día y en el mismo hospital. Tal circunstancia las unirá para siempre en una historia que nos ofrecerá más de un giro de guion. Pero la cosa no queda ahí. Hay más. 

Janis (Penélope Cruz) es fotógrafa profesional. Durante una sesión de fotos para el semanal que dirige su amiga Elena (Rossy de Palma), conoce a Arturo Buendía (Israel Elejalde), un antropólogo forense, miembro de una fundación navarra que apoya la causa de la Memoria Histórica. Janis lleva luchando por la exhumación del cuerpo de su bisabuelo durante años, pero siempre se ha encontrado con las puertas de la burocracia cerradas. Conociendo la labor de Arturo, le pide consejo y este le propone presentar su caso a la fundación, asunto que quedará en el aire hasta bien avanzado el metraje. De este modo, Janis y Arturo intiman y, aunque él está casado, comienzan una relación abierta, que terminará cuando Janis quede embarazada. La noticia coge por sorpresa a Arturo, quien no está por la labor de ser padre, pero ella no le exige nada. Cero compromisos. Siempre ha deseado ser madre y no va a renunciar al hijo que crece en su interior. 

Por su parte, Ana, hija de una familia desestructurada pero con buen nivel económico, también queda embarazada, por motivos a los que no se les da importancia a priori, e iremos conociendo cuando todo esté encarrillado. (Atención a los motivos del embarazo de Ana porque la cosa tiene miga y se profundiza poquísimo). Tras la anulación del matrimonio de sus padres por el Tribunal de la Rota, la joven quedó a cargo de su padre, con el que ha estado residiendo en Granada. Pero una vez que la joven queda embarazada, el padre la envía con su madre a Madrid. Teresa (Aitana Sánchez Gijón), la madre, es una actriz de teatro tardía. Aunque quiere a su hija y trata de ayudarla en estos complicados momentos de su vida, no está dispuesta a dejarlo todo por ella, a dejar su carrera como actriz, a dejar el teatro. 

Janis y Ana coincidirán en el mismo hospital, y en la misma habitación, el día que ambas den a luz a sus hijas. Janis, a Cecilia. Ana, a Anita. Ambos bebés tendrán que pasar unos días en observación por problemas menores. El tiempo que las madres primerizas han pasado juntas, las confidencias que se han hecho la una a la otra, las han unido. Deciden intercambiar sus números de teléfono, antes de que cada una regrese a casa con su hija, para continuar con la vida. No obstante, algo pasará. La sombra de la duda germinará en uno de los personajes, e irá creciendo y creciendo. Janis y Ana se volverán a encontrar y, a partir de aquí, todo se desmorona.

¿Qué me ha gustado de la película?

Para empezar, diría que me han gustado muchísimo los temas que toca. Por un lado, la exhumación de todos esos cuerpos que fueron enterrados en cunetas tras los fusilamientos franquistas llama mi atención. En este país, raro es el pueblo en el que no haya una historia similar a la que Janis le cuenta a Arturo. Los alrededores de los pequeños cementerios rurales esconden bajo tierra los huesos de aquellos a los que le arrebataron la vida por motivos políticos. Ya tenemos aquí el tirón de orejas que Almodóvar suele meter en sus películas. No me disgusta, sinceramente. Es la historia de este país, la crónica más negra, y no se debe olvidar.

Por otro lado, la película explora esas negligencias que, en alguna ocasión, se han podido cometer en los hospitales cuando nacen varios bebés a la vez. Sin ahondar mucho en este aspecto, Madres paralelas analiza la maternidad y el conflicto moral en el que se puede ver envuelta una madre, víctima de una mala praxis. No quiero ser más explícita para no destripar el argumento.

También habría que destacar las relaciones personales que se forjan en la historia. En primer lugar, la que mantiene Ana con su madre Teresa. La joven, menor de edad en el momento de la concepción, es víctima de una familia rota. Se siente un lastre, un estorbo que nadie sabe dónde colocar. Llena de rabia, la situación familiar la coloca en una situación privilegiada. La madre, una mujer que, por su edad, sabe que no pasarán más trenes que le permitan alcanzar sus sueños, no quiere renunciar a nada. Eso da pie a los reproches de la hija y a las exigencias, un precio que Teresa tendrá que pagar si quiere seguir con su vida. 

Pero la relación más potente será la de Janis y Ana. Lo que inicialmente se proyecta como una relación de amistad, girará en otra dirección de la que mejor no desvelar nada. ¿Aporta algo el giro de los acontecimientos? ¿Podríamos haber llegado al mismo desenlace si la relación entre ambas no hubiera volteado en esa dirección tan inesperada? Sinceramente, creo que sí. Lo que ocurre es que Almodóvar quiere complicar aún más esa relación, pero creo que los acontecimientos son algo forzados. Pero ahí lo dejo. Ya juzgaréis vosotros mismos.

¿Qué no me ha gustado de la película?

Llamadme tiquismiquis porque en esta película he torcido el gesto en más de una ocasión. No sé si serán cosas mías pero observo ciertas incoherencias en el desarrollo de la historia. Para empezar, la relación entre Arturo y Janis vuela en cuestión de segundos: café, copa, cama, embarazo y parto. Todo en un puñado de fotogramas. ¡Pim, pam, pum! Bueno, aquí no hay incoherencia que valga porque lo que Almodóvar hace es compactar el tiempo, pero tanta rapidez a la hora de exponer el inicio y desarrollo de la relación me escupe de la historia. ¿Para qué tanta rapidez si luego, el meollo de la cuestión tarda tanto en llegar?

No obstante, Arturo debe ser clarividente. Se enfrenta a una situación delicada, muy personal y transcendental. Al hombre le basta una rápida mirada, solo treinta segundos, para tener la certeza de algo que tira por tierra todos los avances de la ciencia. Los pálpitos existen pero, en ocasiones, resultan un tanto arriesgados. ¿Cómo creerse lo que él intuye con tanta solemnidad de un solo vistazo? 

Sigo. El supuesto dilema moral del que hablaba antes, esa losa que conduce a una madre a un laberinto del que no sabe cómo salir, se evapora en un plis plas. Los secretos se esconden en un cajón y la vida continúa sin más hasta que «interesa» sacarlos a la luz en un momento dado, para dar paso al desenlace de la película. Sin casi venir a cuento, y tras una disputa que no tiene que ver con la cuestión principal, los personajes se sinceran y cuentan la verdad. Quedarán muchas conversaciones en el aire que jamás se materializan.

A eso se le une que otros personajes se someten a pruebas y no preguntan ni para qué, ni por qué, ni nunca jamás se interesan por los resultados de los mismos. No sé. La gente puede ser joven pero no tonta.

Más cosas. Teresa, la madre de Ana, se sincera y cuenta sus planes de vida a gente prácticamente desconocida. Los hospitales unen mucho y tanto enfermos como familiares entran en esa especie de limbo en el que todo puede ocurrir, pero la escena de la que hablo es rara. No me resulta convincente. Además, también veremos a Teresa ensayando la obra que está a punto de estrenar. Al margen de que Aitana Sánchez Gijón lo hace genial, ¿me quiere decir Almodóvar que entre Teresa y la Rosita de Lorca hay alguna conexión? Para mí la escena sobra. Se emplea como paso hacia un diálogo en el que Teresa se verá entre la espada y la pared, pero resulta totalmente imprescindible.

Lo mismo ocurre con la aupair que Janis contrata para cuidar a su hija. Se incide mucho en que la joven hace mal su trabajo. Directamente se la podían haber ahorrado.

Pero si hay algo que no me gusta es precisamente lo mismo que me gusta. Suena paradójico pero dejad que me explique. Como decía antes, los dos temas principales de la película son la Memoria histórica y la maternidad, junto a los dilemas morales a los que la protagonista se enfrenta. Hay que reconocer que son dos temas de enjundia y precisamente por eso, al combinarlos en la misma película, se queda corto tanto uno como otro. La historia oscila entre la exhumación del bisabuelo de Janis y la diatriba a la que se enfrenta uno de los personajes al descubrir algo que le cambia la vida. He sentido que, cuando la historia no puede fluir en una dirección y sufre un parón, se subsana retomando la otra vertiente. Por eso digo que el guion me parece algo desequilibrado, porque ni ahondamos en los fusilamientos de la guerra civil y en esa lucha de las familias por recuperar el cuerpo de los suyos, ni tampoco en lo que supone para una madre vivir lo que le toca vivir a Janis y a Ana. Hubiera estado mejor centrarse en un único tema, explorarlo con profundidad y cuidar un poco más ciertos detalles que no se pueden pasar por alto. 

Personajes e interpretación

Janis es una mujer independiente que desea cumplir el sueño de ser madre. Lo hará contra viento y marea hasta donde pueda. Su personaje se contrapone al de Ana, una joven a la que le asusta y le repele la idea de la maternidad. Son mujeres de edades distintas, y por tanto de diferente madurez. Janis viene de una familia muy humilde, que tuvo que ser criada en el pueblo por sus abuelos y apenas tuvo relación con su madre ausente. Ausente está también la madre de Ana, solo que la joven tiene el respaldo económico de la familia. Aún así, también se parecen porque si Janis tuvo que buscarse la vida, sin ayuda de nadie, Ana también optará por abandonar el nido familiar y construirse su propia vida, lejos del control de la madre.

Penélope Cruz no puede faltar en las películas de Almodóvar. Aquello de «chica Almodóvar» me hacía gracia al principio pero ya empieza a parecerme algo cansino. Ver las mismas caras en sus películas ha dejado de parecerme interesante. Por suerte, el cineasta abre la puerta a nuevos rostros y, en esta ocasión, le ha tendido la mano a Milena Smit. La joven ilicitana debutó en pantalla grande junto a Mario Casas en No matarás, y lo hizo interpretando a una chica transgresora, desafiante y muy brutal. En esta película, Smit no se amilana frente a una actriz como Penélope Cruz, a la que le respaldan sus largos años de trayectoria. Precisamente, es esta última a la que veo algo dubitativa en alguna secuencia. Es poca cosa, un fugaz instante en la que me ha parecido fuera de contexto, con una interpretación muy desangelada. Pero hay que reconocer que sabe cargar las tintas en esos personajes tan dramáticos que Almodóvar crea para ella

Podría seguir hablando de los aspectos técnicos, del abuso del primer plano, de la composición de las escenas, del mundo urbano y rural, de las mujeres tan complejas que el manchego dibuja en sus películas, de los sueños, de los abismos, de los miedos y las inseguridades,... pero lo dejo aquí para que seáis vosotros los que me contéis qué os ha parecido, si la habéis visto, o para no desvelar más detalles, en caso de que quieras verla. 

En definitiva, Madres paralelas parte de dos temas interesantes que merecían cada uno su propia película. Si bien hay ciertas situaciones que no me han parecido lógicas, esta nueva cinta de Almodóvar se ve con gusto e interés, aunque las escenas de cierre no me parecen precisamente las más acertadas, máxime cuando ha dejado en el aire cuestiones más jugosas. Así pues, y en mi ranking personal, Madres paralelas no ha podido desbancar a Dolor y Gloria.

La tenéis en cartelera. 



Tráiler:


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