viernes, 30 de abril de 2021

EL LUNES NOS QUERRÁN de Najat El Hachmi

Editorial: Destino
Premio Nadal 2021
Fecha publicación: noviembre, 2020
Precio: 20,90 €
Género: novela
Nº Páginas: 304
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta
ISBN: 9788423358779
[Disponible en eBook y Audiolibro;
puedes leer aquí]

Autora

Najat El Hachmi nació en Beni Sidel (Marruecos) en 1979. A los ocho años se trasladó a Vic (Barcelona), ciudad donde se crio. Estudió Filología Árabe en la Universidad de Barcelona, ha sido mediadora cultural y técnica de acogida antes de dedicarse de lleno a la escritura. Es autora de novelas tan conocidas como El último patriarca (Premio Ramon Llull, Prix Ulysse y finalista del Prix Mediterranée étranger), traducida a diez idiomas, La cazadora de cuerpos, La hija extranjera (Premio Sant Joan de narrativa) y Madre de leche y miel, los dos últimos editados en Ediciones Destino. En 2019 publicó el manifiesto Siempre han hablado por nosotras, que tuvo una gran repercusión en los medios y entre los lectores. Actualmente colabora en El País. El lunes nos querrán (Premio Nadal 2021) es su nueva novela.

Sinopsis

El lunes nos querrán cuenta la historia de una joven de diecisiete años que desea encontrar la libertad para descubrir qué es lo que la hará feliz. Pero las condiciones de las que parte son complicadas.

Vive en un entorno opresivo del que no le será fácil salir sin tener que pagar un precio demasiado alto.

Todo empieza el día en que conoce a una chica cuyos padres viven su condición cultural sin las ataduras del resto de su comunidad, y que encarna lo que ella ansía. Su nueva amiga afronta los primeros retos que como mujer le presenta la vida con una vitalidad, ilusión y empeño que la fascinarán y la impulsarán a seguir sus pasos.

Una historia emocionante y reveladora sobre la importancia de que las mujeres sean protagonistas de sus propias vidas aunque tengan que enfrentarse a condicionantes de género, clase social y origen. Este es el relato del arduo camino hacia la libertad.

[Información tomada directamente del ejemplar]



Abres este libro y lo primero que te encuentras es una declaración de intenciones, una cita que eriza la piel. Resulta del todo inevitable pensar en tantas, tantas mujeres, las de nuestro entorno -abuelas, madres, tías, hermanas,...- y aquellas otras, de aquí y de allá, que no callaron. Nunca un camino fue construido con tanto tesón, esfuerzo y lucha, gracias a mujeres valientes, como las protagonistas de esta novela.



El lunes nos querrán de Najat El Hachmi se alzó con el Premio Nadal a principios de este año. A pesar de las grandes y buenísimas opiniones sobre las obras de esta autora de origen marroquí, nunca había leído nada ella. Me estreno en su narrativa con esta historia que duele, que me lleva a una zona periférica de Barcelona para conocer a dos mujeres a las que he hecho hueco en mi interior.

Se inicia la novela con un capítulo introductorio que, de por sí, supone el núcleo de toda la historia. Sólo con esas cuatro o cinco páginas, la novela cobra todo su sentido, pues en ellas se despliega toda su razón de ser. 


Los lunes son ese punto de partida que todos tenemos. En cuestiones nimias u otras de más enjundia, ese inicio de semana supone el límite que nos imponemos para cambiar aquello que no nos gusta en nuestra vida. «El lunes empiezo a estudiar». «El lunes dejo de fumar». «El lunes me pongo a dieta». «El lunes le digo que me voy».... «El lunes empezaremos una nueva vida, seremos como tenemos que ser y no como somos», se dice en la novela. El lunes trae ese inicio prometedor que vamos dibujando de colores durante el fin de semana, y que se torna gris y sucio nada más llegar el martes. Son los lunes cuando se activa algo en nuestro cerebro. Lo que sea. Cada cual lo suyo. En el caso de las mujeres, musulmanas o cristianas, solemos tener incrustada en nuestra mente la idea de perfección. Solo exigiéndonos más y mejor a nosotras mismas, obtenemos logros. Es así como nos lo contó Najat El Hachmi durante la entrevista que le hicimos (puedes leerla aquí). Tenemos que ser mejores hijas, mejores madres, mejores esposas, mejores trabajadoras. Y además, más esbeltas y estilizadas, más guapas y acicaladas, más organizadas, más felices. Más, más, más. 

El lunes nos querrán emplea la segunda persona para desarrollar la historia de dos jóvenes musulmanas, residentes en un barrio de la periferia, de la periferia de Barcelona. La narradora, de nombre Naíma, y del que únicamente tendremos constancia muy al final de la novela, rememora y relata a una amiga cómo eran sus vidas en el pasado, cuando se conocieron, cómo se enfrentaron a las diversas situaciones que, por su religión y cultura, tuvieron que encarar, cómo eran las relaciones entre padres e hijos, de qué manera vivieron momentos importantes en su vida con tan poco bagaje. Todo cambió justo en el mismo momento en el que su cuerpo, impulsado por un proceso biológico, decide que ya no es el de una joven adolescente, que puede mostrar sus brazos, dejar que el sol acaricie su piel, sino el de una mujer, y que pasa a estar bajo el yugo del oscurantismo que se impone a su alrededor.


¿Por voluntad propia?

La novela nos va a trasladar a ese barrio de las afueras de Barcelona, donde el ambiente que se respira es tremendamente opresivo. La joven musulmana, hecha mujer, vive bajo un férreo control, impuesto por su familia pero también por los vecinos, a través de una brigada social, que andan a la caza de cualquier comportamiento escandaloso e impropio. Esa mujer musulmana firma su condena en cuanto menstrúa por primera vez. Queda entonces sentenciada a casarse a los catorce años, para tener su primer hijo a los quince. Adiós a los sueños, a las ilusiones, a los estudios, a los deseos,... La narradora anhela libertad pero solo la encuentra en los libros, donde puede «vivir sin peligro de que la vida, la real», en la que hay placer, amor, sexo y libertad, la desborde. Pero la vida se vive, no se lee. 

Son las mujeres las que están vigiladas, controladas, sometidas. Son ellas las que no pueden salir, hablar con desconocidos, maquillarse, vestirse de tal o cual modo, estudiar, ir a la peluquería. Son las que limpian, se sacrifican y viven como en una cárcel. Es sobre la piel de las mujeres musulmanas sobre la que se tatúa la palabra NORMAS, absurdas la mayoría de ellas. Y sin embargo, no deja de ser paradójico que, incluso la propia Naíma se autoimponga ciertas reglas. Y es que, hay que ser perfectas. Ahí está esa idea de la perfección, de la que hablaba antes, un fundamento que hemos ido mamando desde pequeñas, un dogma convertido en una gota malaya que horada nuestro cerebro desde niñas. Otra vez más esbeltas y más estilizadas. Más guapas y más acicaladas. Más. Más. Más. En esto, ellas no son tan distintas a las mujeres occidentales.


En este mundo, en el que Naíma ni siquiera puede escribir y fabular sobre un papel porque «lo difícil era imaginar otras realidades, otra vida posible», su amiga, esa a la que dirige estas trescientas páginas, será su único punto de apoyo. Sin ella, «habría perdido el juicio, me habría vuelto loca emparedada como estaba entre un ímpetu interior que me empujaba a la vida sin freno y el asfixiante entorno que pretendía negarla. Negarnos a todas la simple posibilidad de vivir.»

Pero, ¿cómo son estas mujeres? A Naíma la llamaban «la Mudita». Sobra añadir nada más. ¿Qué voz puede tener esta mujer? Pero si hasta Samira, su otra amiga preferiría haber nacido negra antes que musulmana. Naíma crece en un mundo con los ojos vendados, hasta que un día se mira al espejo y no se ve a sí misma, sino a su madre. Su padre no es más que una figura oscura, a la que tener miedo, un hombre que cumple a rajatabla las exigencias de su religión y se hace obedecer con mano de hierro. Naíma solo quería vivir, hacer las cosas propias de su edad, aspirar la vida y sentirla correr por su venas. Pero nada de eso le estaba permitido.

En cambio, la amiga lucía unos ojos almendrados, enmarcados por la tintura del kohl que solo le estaba permitido a las mujeres casadas. Perteneciente a una familia mucho más relajada en las normas y preceptos, fueron etiquetados como musulmanes de segunda nada más llegar al barrio. El vecindario, en el papel de jueces, recriminan la libertad que los padres, mucho más modernos, otorga a sus hijos, y mira con desdén esas reuniones en la casa, bajo cuyo techo se mezclan hombres con mujeres. Siendo un par de años mayor que Naíma, la narradora dice de su amiga que era tan libre que le importaba bien poco los chismorreos de los vecinos o se hacía la sorda, cuando alguien decía algo de ella o su familia. Todo esta actitud de tranquilidad genera en la narradora mucha fascinación, una admiración explosiva. 

Y llega un momento en el que el lector se pregunta: ¿Qué se esconde tras la relación entre ambas mujeres? ¿Qué había y hay detrás de aquel afecto, de aquella unión? ¿Qué ha ocurrido para que Naíma ahora se desborde y se abra en canal? Lo vas a descubrir tú mismo. Bastará con leer entre líneas, demorarse en alguna palabra, en alguna emoción, en alguna reflexión. Intuyo que, lo que Naíma siente por su amiga, va más allá de una fascinación por ser una mujer musulmana distinta, menos atada a las estrictas normas que le impone el entorno. De cualquier modo, la narradora terminará casada a los dieciocho años con Yamal y llegarán los hijos. Aparentemente, el matrimonio será un oasis, la salvación, pero no deja de ser otra cárcel más. La situación se tornará cada vez más difícil, más complicada, más angustiosa. Y otra vez, los libros como una ventana abierta a la libertad.


El miedo, la culpa, el remordimiento, la frustración,... son emociones que caracterizan a estas mujeres, siempre temerosas de ofender a Dios y de acabar en el infierno, cuando resulta que «el infierno ya empezaba en vida», porque las palizas eran otra forma de educar.

Con una narración lineal, y estructurada en dos partes -antes y después de la boda con Yamal-, a lo largo de las cuales se distribuyen un total de veintidós capítulos, en los que prevalece la narración sobre el diálogo, debo advertir que esta novela contiene episodios que son sumamente angustiosos. Hay momentos en los que, como mujer, me he convertido en huracán. He gritado. Me he enfadado. Todo resulta tan inconcebible. En todo momento, he sentido ganas de tender una mano a Naíma, de arrancarla de ese contexto socio-cultural, tan sometido a la religión, que la oprime y la reduce a una existencia vacua. Hay tanta sinrazón como belleza entre estas páginas, escritas con el corazón, para dejar sobre la mesa una realidad demoledora, la que viven las mujeres musulmanas, dentro y fuera de sus fronteras.

A lo largo de mis años como lectora, me he topado con lecturas que me han arañado por dentro. Generalmente suelen ser historias con las que tengo algún nexo en común. Si alguien recuerda su infancia, viajo a aquellos años 70 y 80 en los que yo era una mocosa. Si me hablan de la pérdida de un ser querido, pienso en mis padres. Si me cuentan una historia de amor desgraciada, rememoro algún episodio de mi pasado. Y, sin embargo, aun estando a años luz de lo que se narra en esta novela, creo que ninguna otra lectura me ha provocado tanto desgarro, claustrofobia, tristeza, rabia e ira como El lunes nos querrán

Esta novela, que no es epistolar pero que bebe de esa esencia, que goza también del aire de los diarios, escrita en circunstancias dolorosas, y dirigida a una destinataria de la que sabremos su situación en las páginas finales, es de lo más bonito que he leído en estos últimos meses. Bonito y doloroso. Me ha costado muchísimo hacer esta reseña. Tenía tantas cosas apuntadas, había tanto que comentaros, que no sé si he elegido las emociones y las palabras más adecuadas. Por lo tanto, lo mejor que podéis hacer es lanzaros de lleno a esta lectura que os va a conmover hasta el tuétano.

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

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jueves, 29 de abril de 2021

BENITO OLMO: ❝Ha sido muy divertido mirar Frankfurt con ojos de escritor❞

Benito Olmo reside actualmente en Frankfurt (Alemania). A muchísimos kilómetros de su Cádiz natal, de la Playa de la Caleta, y del mundo chirigotero, el autor de La maniobra de la tortuga y La tragedia del girasol, cambió la brisa marina por unas calles en las que, en invierno, la temperatura puede alcanzar los 10º bajo cero. Impresionado por una sociedad y una cultura tan distinta a la que él conocía, utilizó Frankfurt como escenario de su nueva novela, a la que ha titulado El Gran Rojo, y cuya cubierta nos arroja el skyline de la ciudad alemana.

Otro español como él, Ramón Mascarell será el protagonista de esta novela, punto de partida de una nueva saga. Mascarell es un investigador mediocre, al que le han encargado localizar a Gerard, un joven tras cuyos pasos andan tipos poderosos que no se andan con remilgos. Otro personaje más, la joven turca Ayla, trata de esclarecer la muerte de su hermano Samir. 

Marisa G.- Benito, ¿cómo te va por Frankfurt?

Benito O.- Pues me va bastante bien, de categoría. De hecho, este año, incluso con el corona, he tenido un montón de trabajo. Entre esta novela, el audiolibro que saqué con Wonderland, y unos talleres literarios que impartí, no me quejo.

M.G.- Estás a gusto allí, entonces.

B.O.- Sí. En realidad, estoy a gusto siempre en cualquier sitio donde me sienta querido y arropado. En Sevilla he vivido un par de años y estuve muy bien. En Madrid, también. Cádiz es que es mi casa. Y ahora mismo, Frankfurt, también la considero mi casa.

M.G.- Eso está bien. Oye, ¿y por qué esta novela y no otra entrega de Bianquetti?

B.O.- Lo pensé. Me planteé llevar a Bianquetti a Frankfurt, pero terminé muy cansado tras dos novelas con el mismo personaje. Han sido unos años muy pendiente de él, de todos los detalles, de que no se saliera de esos límites marcados y que lo caracterizan. Me apetecía hacer algo diferente y ya que cambié de ciudad, me decidí a crear un personaje nuevo, una saga nueva.

M.G.- Es decir, ¿esta es la primera entrega de una saga?

B.O.- Esa es la intención, escribir una saga con los protagonistas de esta, Ramón Mascarell y Ayla. Son unos personajes con los que estoy muy contento, y creo que merece la pena darles continuidad.

M.G.- El Gran Rojo me ha parecido una novela muy europea, más allá de que se ubique en Frankfurt. Mezclas drogas, negocios sucios, prostitución, traición, asesinato... Vamos, lo mejorcito de cada casa.

B.O.- (Risas) Exactamente. Frankfurt es muy europea. Dicen que es la ciudad menos alemana de Alemania. Más del cincuenta por ciento de la población son inmigrantes o descendientes de inmigrantes. En mi día a día, trato con gente de todas las nacionalidades, el que trabaja en el bar de enfrente de mi casa es turco, en mi clase de alemán hay coreanas, húngaros,... Trato también con polacos. Esa es la realidad de Frankfurt.

M.G.- Estamos ante una novela en el que se mezclan dos mundos: el de la gente con dinero y el de los pobres desgraciados. Eso es algo muy recurrente en tus libros.

B.O.- Es marca de la casa. En mis novelas aparece siempre la impunidad, la que te da el dinero, el poder y los contactos. Sabes tan bien como yo que a la cárcel va el pringao, el que no puede pagarse un abogado, una coartada, o el que no tiene buenos contactos. Los grandes criminales de este país viven como reyes. Con mis novelas no pretendo dar ni lecciones ni moralinas, pero esta es una realidad que yo siempre reflejo porque me jode, como imagino que le jode a todo el mundo.

M.G.- Muy injusto. Háblame de Mascarell. A mí me parece un superviviente, incluso en lo emocional. Es un personaje que arrastra mucha frustración. Él quería ser algo pero sus planes se truncaron. Y sufre de una constante acidez de estómago, fruto de que algo en su interior... 

B.O.- ...no va bien, sí. Mascarell es un perdedor, un tipo al que todo le sale al revés. Tiene una mala suerte, que empieza a ser legendaria. Llega a Frankfurt por amor y permanece en la ciudad por cabezonería. Trata de labrarse una reputación como detective, pero su prestigio cae en picado por el tipo de casos que acepta y la clase de clientes que tiene. Así es Mascarell, un superviviente, un optimista nato, un cínico,... Todo un personaje, como diríamos por aquí.

M.G.- La novela tiene dos narradores. Él cuenta su parte en primera persona. Me gusta la manera en la que has enfocado esa voz porque parece que él cuenta la historia pero como si estuviera hablando consigo mismo, como si el lector no existiera.

B.O.- Sí, y no hace más que repetirse consignas. La escritura de Mascarell fue muy intuitiva y muy callejera. Me fui a vivir a Frankfurt para escribir esta novela. Desde el primer día, escribir en presente me permitía plasmar en papel cualquier escena que acababa de ver, cualquier tipo peculiar con el que me cruzaba. Por todo eso está escrita en primera persona y en presente. Ha sido muy divertido mirar Frankfurt con ojos de escritor, conocer la ciudad a través de una novela. De hecho, no descarto cambiar de ciudad, de aquí a tres o cuatro años, y hacer lo mismo.

M.G.- Una manera interesante de hacer literatura.

B.O.- Sí, sí. No he pensado a qué ciudad me mudaría pero podría ser Manchester, Múnich, Roma,... Allí donde vaya, pretendo escribir un par de novelas o tres.

M.G.- Está guay. Bueno, Ayla es el otro personaje principal. Es una joven inmigrante que intenta esclarecer la muerte de su hermano Samir, amigo de Gerard. Antes has hablado de inmigración, y aquí la tenemos en forma de personajes.

B.O.- Como te digo, eso es Frankfurt. Desde el momento en el que descubrí la multiculturalidad de la ciudad, tuve claro que la trama de la novela debía ser llevada en volandas por los inmigrantes. También hay personajes alemanes, claro, pero la mayoría son inmigrantes porque esa es la realidad de la ciudad.

M.G.- Y de Ayla, ¿qué me cuentas? Es una chica que hace boxeo. Entiendo que lo practica como forma de defenderse de un entorno hostil. De entrada, porque es inmigrante.

B.O.- Ayla lo tiene todo en contra. Primero es adolescente. Está en esa edad tan complicada. Está sola porque su hermano acaba de morir y su padre tiene Alzheimer. Tiene que llevar dinero a casa. ¿Y cómo lo hace? Pues trapicheando con las drogas, con el menudeo. Ese es un mundo eminentemente masculino. Es un ámbito donde ella debe hacerse respetar. ¿Y de qué manera consigue que no se le suban a las barbas sus colegas masculinos? Pues siendo muy fuerte, echando mano de sus puños, sin permitir que nadie le chiste.

En cuanto a Samir, ella se ha impuesto la obligación de averiguar qué le ha ocurrido a su  hermano. Supuestamente, Samir ha muerto por sobredosis. Para la policía, él no es otra cosa que otro turno más muerto por un tema de drogas. Para ella hay algo más, y quiere saber qué es. Así que se pone a investigar. Ayla es otra superviviente más. Es un personaje que me gusta mucho y la tengo muy interiorizada. Me siento más identificada con ella, que empezó siendo uno muy secundario, que con el propio Mascarell.

M.G.- Pues aparte de ellos dos, hay un personaje, alemán además, que me ha gustado mucho. Me refiero a la señora Meyer. Creo que es una mujer que aporta mucho calor a una trama muy árida y muy gélida.

B.O.- La señora Meyer es la vecina de Ayla. Apenas la describo. Solo digo que es una señora mayor que huele a pan recién hecho. Creo que con solo esos dos detalles consigo que el lector empatice con ella. La señora Meyer decide ayudar a Ayla de una forma totalmente desinteresada, aunque luego nos damos cuenta que ella es una mujer que necesita compañía. 

M.G.- ¿Y del Gran Rojo? Ese personaje que da título a la novela...

B.O.- El Gran Rojo es la sombra que vive al abrigo de los rascacielos de Frankfurt. Se cuida de que nada ni nadie interfiera en sus negocios. Actúa con mano de hierro contra quien se atreve a inmiscuirse en sus asuntos. Pero no se sabe si es una persona, una organización,... La incógnita queda ahí. No sé si más adelante desvelaré algo.

M.G.- Frankfurt tiene mucho protagonismo. De la mano de los personajes recorremos todo tipo de barrios. ¿Qué es lo que más te impresionó de la ciudad?

B.O.- Me impresionó muchísimo el contraste tan grande. No sabía que Frankfurt tuviera un barrio rojo, muy sucio, muy maloliente,... Me sorprendió mucho porque llegué a él por puro accidente. Estaba dando una vuelta, viendo los rascacielos, haciendo fotos aquí y allá, y de pronto me vi allí metido. Es que está en medio de los rascacielos. Y en ese mismo barrio, están las narcosalas, esos establecimientos, colocados por el gobierno, para que los toxicómanos tengan un sitio donde inyectarse sus dosis, con unas condiciones mínimas de salubridad, con personal preparado por si se dan casos de sobredosis. Impresiona mucho ver ese barrio sórdido, con su fauna (entiéndeme), y en la calle de al lado los rascacielos, los Maserati por la carretera y los tipos enchaquetados. Es como si hubieran querido concentrar todos los vicios en el mismo sitio. 

M.G.- Las narcosalas me han llamado mucho la atención. Denota esa forma alemana de tratar ciertos  problemas. En España sería impensable algo así.

B.O.- Allí se conciben este tipo de cosas de una forma diferente. En España, un drogadicto es un apestado. Sin embargo, en Alemania, el toxicómano es un enfermo, y se le apoya muchísimo. Ellos tienen un problema gordísimo con las drogas. De todos modos, es una medida muy polémica porque hay mucha gente que no está de acuerdo que, con sus impuestos, se construyan espacios donde la gente se puede drogar. Pero gracias a estos servicios, las muertes por sobredosis se han reducido en un ochenta por ciento. 

M.G.- ¿La Schmerzhaus, la casa del dolor, existe de verdad?

B.O.- Existe una muy parecida a la que se describe en la novela. Hay gente a la que no le interesa dejarse ver por un narcosala, entonces se esconden en otros lugares para inyectarse, como en los narco-pisos que podemos tener en cualquier ciudad. 

M.G.- Ya... En un momento dado, Mascarell habla de las dificultades que tuvo para adaptarse a Frankfurt. ¿Son las mismas dificultades que tuviste tú?

B.O.- Sí, ha sido muy duro. Yo he vivido en muchos sitios y nunca me ha costado adaptarme. Sin embargo, Frankfurt es otra cosa. Aparte del idioma, las costumbres y la gente son muy distintas. Me costó adaptarme mucho más de lo que pensaba.  Escribir El Gran Rojo fue como un mecanismo de defensa. Estaba en Frankfurt, no conocía el idioma, cada vez que iba a una tienda nunca me entendían,... Era muy frustrante. Y toda esa frustración la volqué en Mascarell. Dejé que él sufriera también, para poder transmitir a los lectores cómo fue aquella adaptación.

M.G.- Pero, después de tanto tiempo allí, ya tendrás mucha más soltura, ¿no?

B.O.- ¿Sabes lo que pasa? Que cuando iba mejor, porque iba a una academia y conocí a gente, llegó el coronavirus y todo se fue a la mierda. Tuve que dejar de ir a la academia, al gimnasio, dejé de jugar al baloncesto con amigos,... y mi nivel bajó un poco. Pero bueno, ahí sigo con el idioma. Por lo menos ya me entero cuando me hablan, y me hago entender de aquella manera.

M.G.- La acción transcurre durante cinco largos días, con lo cual, durante una única jornada ocurren un montón de cosas. Lo compactas todo en muy poco tiempo.

B.O.- Mi idea de novela negra es esa. Tienen que pasar muchas cosas en poco tiempo. Cuando un lector quiere respuestas, si le metes paja, al final lo mareas. Por eso, en mis novelas pasan cosas. Tiene las páginas que tiene porque, en cada capítulo, ocurre algo, y cada secundario existe por un motivo. Intento que no sobre nada.

M.G.- Benito, el lunes empieza el rodaje de La maniobra de la tortuga. ¿Hay algo que nos puedas decir?

B.O.- Pues he querido quedar hoy con los actores pero están todos encerrados. Por el tema del Covid, van de casa al ensayo y del ensayo a casa. No quedan con nadie. El proyecto es muy ilusionante.

M.G.- Pero, ¿dónde es el rodaje?

B.O.- En Cádiz y en Sevilla. Las escenas de interior se van a rodar aquí, en Sevilla. El resto, en Cádiz.

M.G.- ¿Y tú has adaptado el guion? ¿Has ayudado en algo?

B.O.- Ayudo en lo que me piden. He asesorado en el guion y me han pedido opinión en muchas cuestiones, pero les he dado carta blanca. Les he dicho que mi novela no puede ser el límite, sino el punto de partida. El resultado final es un guion muy potente, en el que La maniobra de la tortuga es muy reconocible, aunque hay ciertas variaciones. Creo que va a quedar una grandísima película. Además, está detrás Movistar, Contracorriente, Canal Sur, TVE, y ahora ha entrado una productora argentina, con lo cual ya es una producción internacional. 

M.G.- ¿El año que viene la vemos?

B.O.- Sí, en mayo.

M.G.- ¿Y literariamente va a volver Bianquetti?

B.O.- A Bianquetti lo tengo en un cuaderno. La tercera novela está perfectamente planificada pero falta escribirla. Ya veremos porque estoy con Frankfurt en la cabeza y necesito darle rienda suelta. 

M.G.- Oye Benito, desde que empezaste hasta ahora, ¿cómo te ves? ¿Cómo te sientes?

B.O.- Todavía siento que estoy viviendo un sueño. Dejé mi trabajo en la policía portuaria para dedicarme a escribir exclusivamente y aquí sigo. Dicen que no hay más de cien escritores en España que se dediquen a escribir. Me siento un afortunado. No sé hasta cuándo durará pero, por mí, no será. Voy a seguir dándolo todo en cada novela, haciéndolo lo mejor posible. Es la única manera, que los lectores, cuando lean El Gran Rojo, o cualquier otra novela mía, se encuentren un trabajo lo mejor hecho posible, para que me sigan dando la oportunidad de seguir escribiendo.

M.G.- Pues yo siempre he disfrutado de tus novelas, así que ¡ánimo! Siempre pa'lante.

B.O.- Muchas gracias. 

Sinopsis: Un Fargo a la española ambientado en Frankfurt

Mascarell es el tipo al que recurres cuando no te queda otra salida. Acostumbrado a moverse por el barrio rojo, las narcosalas y algunos de los tugurios más apestosos de Frankfurt, su fama de resolutivo le ha proporcionado una sólida reputación como detective de casos perdidos. Sin embargo, un mal día se verá obligado a hacer frente a un encargo más extraño de lo habitual y demasiado bien remunerado para ser legal.

Su camino se cruzará con el de Ayla, una adolescente empeñada en averiguar la verdad tras la muerte de su hermano y en esclarecer los turbios asuntos en los que se vio envuelto antes de morir.

La investigación los llevará a rondar algunos de los lugares menos recomendables de la ciudad y los colocará en el punto de mira del Gran Rojo, la organización que habita a la sombra de los rascacielos y que no tiene piedad con quien se inmiscuye en sus negocios.

miércoles, 28 de abril de 2021

MADRE (DRAMA - 2019)

Año: 2019

Nacionalidad: España

Director: Rodrigo Sorogoyen

Reparto: Marta Nieto, Jules Porier, Àlex Brendemühl, Anne Consigny, Frédéric Pierrot, Raúl Prieto, Álvaro Balas, Blanca Apilánez

Género: Drama

Sinopsis: Elena (Marta Nieto) perdió a su hijo Iván, de seis años, en una playa de Francia. Ahora Elena vive en esa playa y está empezando a salir de ese oscuro túnel donde ha permanecido anclada todo este tiempo... Secuela en formato largometraje del cortometraje homónimo del propio Sorogoyen.

[Fuente: Filmaffinity]

Rodrigo Sorogoyen firma la serie Antidisturbios, de la que tan bien se está hablando en los últimos meses. Pero también está detrás de películas como El reino y Que Dios nos perdone, referencias más que suficientes como para no querer perderme ninguna de sus películas. Me faltaba por ver Madre y ya he saldado la deuda.

Con un título que, al pronunciarlo, a uno se le llena la boca, Madre arranca de manera tan brutal que me quedé clavada en la silla. Elena es una joven divorciada. Con la tranquilidad que genera la ignorancia, llega un día a casa, acompañada por su madre. Vienen de hacer compras y conversan con naturalidad. Sin embargo, suena el móvil de la joven. La llamada procede del terminal de su exmarido Ramón, pero quien está al otro lado de la línea es Iván, su hijo de 6 años. Padre e hijo se habían marchado a pasar unos días juntos. Van en autocaravana y recorren el norte de España y parte del sur de Francia. El pequeño le dice a la madre que está solo, en una playa, que el padre ha ido un momento a la autocaravana pero que no ha regresado y ya hace tiempo que se fue. El niño está asustado porque ni sabe dónde está, ni sabe lo que le ha podido ocurrir a su padre. A la madre se le para el corazón, sintiendo que poco puede hacer, estando a tantos kilómetros de distancia. Mientras la abuela sigue al teléfono con el pequeño, Elena contacta con la policía, pero se choca contra la sinrazón de la burocracia. Si alguien puede ayudar al niño es ella, pero ¿cómo? Trata de tranquilizar al pequeño, sacarle algún tipo de información sobre el lugar en el que está, pero poco puede aportar. Algo ocurre, algo escucha la madre a través del teléfono. Una voz desconocida, en francés, una amenaza velada, un terror que sube por la garganta. La comunicación se corta. La madre, desquiciada y absolutamente fuera de sí, coge las llaves del coche y sale corriendo por la puerta.  Fin del prólogo. 

Diez años después, Elena trabaja en un restaurante francés, en la misma localidad donde su hijo desapareció. Sus días son anodinos. Trabaja, pasea por la playa y a veces se ve con su pareja, Joseba. De Iván, nunca más se supo. Sin embargo, en uno de esos paseos, la joven se fija en un adolescente de cabello rizado. Le llama la atención. El chico suele estar por la playa, con sus amigos, o haciendo surf. A partir de ese momento, no lo pierde de vista, lo contempla en la distancia y examina con minuciosidad cualquier gesto o rasgo del chico. No lo dice nunca, pero todos sabemos que por su cabeza se cruza un pensamiento. «Se parece a mi hijo. ¿Sera él?»  Movida por ese vacío que la asfixia cada día, tratará de acercarse a él, para averiguar todo lo que pueda sobre el muchacho. 

Madre narra la historia de una desesperación, de un lastre que hunde cada vez más. A una madre le pueden ocurrir cosas terribles. Una de ellas es perder a su hijo, sea de la forma que sea. Eso es lo que le ha pasado a Elena. Y desde entonces, sigue aferrada a la esperanza de recuperarlo algún día. Por eso mira, observa, escudriña, en busca de algo que le devuelva a Iván. Madre habla de curar heridas, de cerrar círculos y recomponer lo que estaba roto. Y en eso tiene mucho que ver Jean, el joven con el que Elena forja una amistad que llegará a extremos complicados de entender. Lo que une a Elena y a Jean solo ellos dos lo entienden. 

Esta película abrió el Festival de Cine de Sevilla en 2019. Os garantizo que el inicio es de infarto. En ese momento, con la angustia instalada en mi garganta, viendo a esa madre deshecha y aterrorizada por la llamada de auxilio de su hijo, invadida por el miedo que el mismo espectador llega a sentir, me recriminé no haber visto la cinta antes. ¿Cómo era posible que hubiera dejado pasar tanto tiempo? Con aquel inicio, me esperé una película con, al menos, la mitad de intensidad que ese principio. No obstante, todo decae. Cae el ritmo y las sensaciones iniciales. Diez años después, la película avanza a paso más lento. En realidad, lo agradecí porque el corazón se me puso a mil en las primeras escenas. Pero, lamentablemente, y para mi gusto, el interés se hunde en un valle profundo. El largometraje se torna lento y perezoso. El núcleo de la película se centra exclusivamente en la relación entre Elena y Jean, se queda estancada ahí, sin que se produzcan prácticamente avances. Ella se embelesa contemplando al joven, conversando con él, viviendo una ilusión. Él se siente atraído por la fascinación que despierta en una mujer adulta, se siente centro de atención de una mujer hermosa. Tan solo en algún momento, todo se acelera de nuevo, momentáneamente. Un giro allí, otro pequeño allá, hasta llegar a un desenlace que transita con sosiego, y que supone la curación de las heridas de la madre.

¿Me ha gustado? Sí, pero, con un inicio tan prometedor, esperaba mucho más. Para no mentir, me he ido desinflando con el paso del metraje. Lo que ocurre es que las primeras escenas son tan tremendas, que eso ha solapado mis impresiones posteriores. Quizá me hubiera gustado saber qué pasó realmente aquel día. ¿Por qué el padre se demoró tanto en la caravana y tardó en regresar? ¿Por qué dejó solo al niño? ¿De quién era la voz que la madre oye al otro lado del teléfono? Si hubo una investigación por la desaparición del niño, no lo sabremos, como tampoco tendremos respuestas a estas preguntas. El pilar de la película es el dolor y la esperanza de la madre. 

En cuanto al reparto, hay que admitir lo que es justo. Marta Nieto no es una actriz que me guste. No recuerdo algún otro trabajo previo que me haya parecido significativo. Sin embargo, jamás la olvidaré en el papel de Elena. Está soberbia en esas secuencias iniciales, y en algunas otras más, en las que sacará toda su furia y su rabia. Y es que a Elena la llaman la loca de la playa. Todo el mundo conoce su historia y la miran con compasión. Me ha impresionado. Se come la cámara, la pantalla, al espectador, y todo ese mar, en el que ella se pierde con la mirada, cuando la nostalgia la invade. Solo por ver cómo actúa en esos instantes, la película ya merece la pena. Por su trabajo, le otorgaron el premio a Mejor Actriz, tanto en los Premios Forqué como en el Festival de Cine de Sevilla (2019).

Del resto del elenco, no puedo decir mucho más. Jules Porier, como Jean, y Alex Brendemühl, como Joseba, me han dicho bien poco. De hecho, Porier me irrita y no me resulta muy creíble su papel. Brendemühl, como compañero de Elena, está algo desaprovechado.

La dirección también es sobresaliente. En esos primeros minutos, la cámara se va acercando sigilosamente hasta completar un primer plano de Elena en el momento más álgido de su desesperación. Posteriormente, hay otra aproximación al personaje, mientras esta va paseando por la playa. No sé explicarlo bien, pero esas aproximaciones, ejecutadas con planos secuencias, me ponen la piel de gallina. 

La fotografía es preciosa. Las tomas de la playa, de los bosques,... son hermosas.

Madre es un drama íntimo, doloroso, personal, que va languideciendo poco a poco, perdiendo toda esa fuerza que derrochó en los primeros minutos. Al margen de que me ha parecido bastante larga -dos horas de metraje-, hay demasiados silencios. Bajo mi punto de vista, le falta algo más de agitación. En cualquier caso, como me quedé tan pillada con el inicio, sí la recomendaría.

Por cierto, que existe un corto homónimo previo, del mismo director, y que no he visto. Bueno, que pensaba que no he visto porque resulta ser esos primeros instantes brutales de esta película, sobre los que he estado insistiendo.



Tráiler:                                                                                          Puedes adquirirla aquí:

   



martes, 27 de abril de 2021

TONI HILL: ❝Esta es una novela inquietante, pero no juega al terror❞

Toni Hill es uno de esos autores a los que leo siempre. Sus novelas -y ya van seis-, siempre me proporcionan lo que busco cuando me siento a leer. Le soy fiel, desde aquel verano en el que los juguetes estaban rotos. Lo he acompañado a lo largo de una trilogía, junto a él he conocido a ángeles de hielo y me he internado en un barrio, en el que los tigres son de cristal. Sí, me gustan sus libros. Y me gusta conversar con él. Cada vez que ha publicado nueva novela ha visitado Sevilla, y eso se lo tengo que agradecer enormemente.

Desde que hace unos meses anunció por redes que se avecinaba nueva novela, sé que muchos lectores hemos ido tachando días. Teresa Lanza nació hace apenas unas semanas y ya he visto cómo muchos se han lanzado a la lectura. El oscuro adiós de Teresa Lanza nos lleva de nuevo a Cataluña, aunque la acción podría ocurrir en cualquier otro lugar. En  Castellverd, un barrio residencial viven familias acomodadas para las que los inmigrantes trabajan como jardineros, cocineros, personal de servicio,... Teresa Lanza limpia casas. Hondureña de nacimiento, llegó a este país en busca de algo mejor. Sin embargo, solo encontró la muerte. Se habla de suicidio, pero no todo está tan claro. Nadie sabe exactamente qué le ocurrió a Teresa. Ni siquiera la propia Teresa lo sabe que, incluso después de muerta, sigue pululando por Castellverd. 

Hablamos con Toni Hill.

Marisa G.- Toni, vaya inicio de novela que te has marcado.

Toni H.- Es muy bestia. El punto de partida de la novela es también el punto de partida en mi cabeza. La novela nace así. Me imaginé a Teresa muerta, que sé que es algo muy morboso, pero fue así como empecé a fabular. Todo lo demás, las familias, las casas, los amigos, se genera a partir de la muerte de Teresa Lanza, de esta chica hondureña, que se suicida o que supuestamente se suicida. Lo dejamos ahí. 

La voz de Teresa me parecía tan potente que no la quería acallar. En vida, ya estuvo mucho tiempo callada. Todas las Teresas del mundo siempre están calladas. Así que quise darles voz, incluso después de muerta. También me interesaba conseguir que la gente se preocupara por Teresa aunque ya no esté, aunque esté muerta. 

M.G.- Y cómo influye la muerte de Teresa en cada uno de los personajes. Eso también es interesante.

T.H.- Claro, claro. En realidad, la novela plantea una dicotomía en todo momento. Por un lado, los vivos y los muertos. Por otro, los privilegiados y los no privilegiados. Ese es el juego que se plantea en la novela. Para mí, darle voz a Teresa era darle voz a toda esa gente que no aguanta más, que no se siente entendida, que ven cómo este mundo, en el que habían depositado sus esperanzas y sus aspiraciones,  no es lo que pretendían. 

M.G.- La novela se equilibra sobre dos hilos narrativos. La muerte de Teresa y una trama de corrupción en la que, de algún modo, la joven está implicada.

T.H.- Sí, pero hay mucho más. Todo el mundo de Castellverd tiene su trama. En el fondo, todos los que viven allí, queriendo o sin querer, porque aunque sean ricos no implica que sean malas personas, le piden a Teresa algo más, un escalón más de lo que es razonable pedirle a la chica. 

M.G.- Con respecto a la relación que se genera entre los ricos y los pobres, siendo estos últimos inmigrantes, el padre Rodrigo dice a uno de los personajes algo así como, esa gente, refiriéndose a los ricos, nos necesita para no sentirse culpables.

T.H.- Es que es verdad. Pero eso nos pasa a todos. No es necesario que seamos muy ricos para sentir eso. Todos tenemos un familiar mayor al que no podemos dedicar todo el tiempo que esa persona necesita. La vida actual no está pensada ni siquiera para ocuparnos de nosotros mismos. Por lo tanto, te ves obligado a buscar una residencia para ese familiar mayor o buscas algún tipo de ayuda externa. Cuando tienes a alguien cuidando de una persona mayor a la que tú quieres, montas una especie de juego perverso. A esa persona que cuida a nuestro familiar se le dice que se la quiere como si fuera de nuestra sangre, porque en el fondo le estás pidiendo que quiera a tu madre, a tu padre, a tu hermana,... como si fueras tú misma. Sin querer, la estás metiendo en un círculo interno. Y cuando ese familiar mayor se muere, esa chica se queda sin casa. Así que, tan de la familia no será. 

M.G.- Claro. Mientras me sirves, eres de la familia. 

T.H.- Pero no digo que sea mentira ese sentimiento de acogerla como si fuera de la familia. Es difícil de explicar. Cuando dejas a alguien querido en manos de una desconocida, esperas que le dé la pastilla a su hora, que le dé de comer a su hora pero además, esperas también que la quiera porque tú no tienes el tiempo para quererla. Con lo cual, esperas que la otra persona le coja cariño. 

M.G.- Que se involucre.

T.H.- Eso es. Por eso no hablamos de la criada, sino de la chica que cuida a mamá, o la chica que nos ayuda con los niños, o el chico que nos ayuda con el jardín. Es verdad que en la novela lo llevo todo al extremo, pero no hace falta ser muy rico para tener este pensamiento. 

M.G.- Yo lo hago y no soy rica. He tenido a personas que han cuidado de mis padres y también he pretendido que los quieran como los quiero yo. 

T.H.- ¿Verdad? No solo que le den de comer, sino también que se preocupen por ellos, que sean cariñosos. Eso es lo que tú quieres. Otra cosa es que lo consigas. Pero si lo piensas bien, es algo perverso porque no deja de ser una persona contratada. En tu trabajo, no te piden que quieras a alguien, sino que hagas tu trabajo y punto.

M.G.- Visto así, tienes toda la razón. Y hablando de los escenarios, toda la acción ocurre en una zona residencial, en Castellverd, una zona cercana a Barcelona...

T.H.- E inventada.

M.G.- Inventada, sí. Pero luego está el barrio de Las Torres, en Rubí, que sí existe.

T.H.- Eso es. Bueno lo de Castellverd es inventado pero hay gente que vive como se vive ahí. Iñigo, uno de los personajes, dice que vivir en Castellverd es como vivir en un sitio donde siempre es fin de semana. No quise poner un pueblo concreto y real por no ofender a nadie pero, en realidad, está inspirado en uno que existe de verdad, aunque sin castillo. La gente de Cataluña lo va a ubicar rápidamente. Por las indicaciones que doy, no tiene pérdida. En cualquier caso, los hechos de esta novela podían ocurrir en cualquier otra ciudad. 

M.G.- Pues es muy curioso lo que comentas porque a mí me cuesta imaginarme la historia en Barcelona, o en España. Te parecerá una paranoia mía pero me he imaginado el escenario como si estuviera dentro de una bola de cristal. 

T.H.- Pero existen sitios así, ¿eh? Son antiguas zonas de veraneo. De esas que hace muchísimos años, uno cogía el coche y se iba a veranear a quince kilómetros de su casa. Pero luego, con los años, y con las mejoras en las comunicaciones por carretera, esa misma gente vende el piso de Barcelona, por el que le dan una pasta, y se mudan definitivamente a la casita de veraneo. Y si tienen que ir a la ciudad, por trabajo u otros motivos, pues cogen el coche o el tren y en un momento están en el centro. Hay un montón de gente que ha hecho eso y se sienten unos privilegiados porque claro, en Barcelona, con tanto turista, tanto ruido,... Ellos viven muy tranquilos en esos pueblos.

M.G.- En esa burbuja, porque es eso.

T.H.- Sí, sí, o dentro de esa bola de cristal como tú decías. Para ellos, su casa es su castillo. Están tranquilos, no hay ruidos, no hay vecinos casi, porque están lejísimos unos de otros.

M.G.- Bueno, la novela es muy coral, Toni. Por centrarnos en algunos personajes, te diré que Teresa me encanta. No quiero desvelar mucho, aunque en la sinopsis se deja caer algo sobre la situación del personaje al inicio de la novela.

T.H.- Puedes contarlo sin problemas. Teresa es un fantasma. Sin embargo, más que una novela de fantasmas, este libro juega con el realismo mágico. Aunque hay que decir que, Teresa irá haciendo sus cositas. Hay unos gatitos por ahí, que los pobres,... (risas). De todos modos, esta es una novela inquietante, pero no juega al terror. Hay mucho de la tradición latinoamericana en esta historia, con muertos que no están muertos, como pasa en Pedro Páramo. Y por otro lado, hay algo de novela norteamericana, con casitas en cuyo interior viven familias felices, pero que luego esconden un montón de cosas. 

M.G.- Este elemento sobrenatural lo vimos en Los ángeles de hielo, ¿no?

T.H.- Sí, lo que pasa es que en aquella novela era algo distinto y se podía pensar que todo aquello pertenecía más a la locura de Águeda. En esta novela no hay posibilidad de error. Teresa es un fantasma, al que no ve nadie. Tan solo hay una persona que puede verla.


M.G.- Lourdes es un personaje que me gusta mucho. Es editora y habla del mundo editorial. Dice algunas cosas sobre este mundillo que es llamativo. Comenta que algunos autores son muy arrogantes, cabrones,...

T.H.- Todo eso lo dijo su padre, que fue quien fundó la editorial. Era un editor de la vieja escuela, que pretendía ser ingenioso y soltar la frase ocurrente. De todos modos, algo de eso sí que hay. Tú, casi seguro que conoces a más autores que yo. Ninguno de ellos te habrá dicho: mira es que esta novela no me ha salido bien. (Risas)

M.G.- Hasta la fecha, ninguno. (Risas)

T.H.- Claro, eso no se dice. En su lugar, se podrá decir que la editorial no confía en uno, o que el público no me entiende. Y luego están aquellos a los que le va bien. Bueno, esto es algo muy exagerado porque también hay gente que escribe de una manera mucho más altruista. Pero cuando te profesionalizas, eludir el ego es muy difícil. Si te pasas horas y horas escribiendo es porque intuyes que alguien lo va a leer. Para que lo lea mi pareja, ya se lo cuento. No lo escribo. Pero hablamos de ego bien entendido. Y algo de ego siempre necesitas.

M.G.- En cualquier profesión.

T.H.- Sí, pero especialmente en aquellas creativas, que dependen de que la gente entienda tu mensaje. Necesitas saber que todas esas horas que estás invirtiendo en escribir, cuando podrías estar haciendo otra cosa, les va a interesar a alguien.

M.G.- ¿Y de Olga qué me dices? Es un personaje que me desconcierta, porque me cuesta mucho llegar a él.

T.H.- Es la más desconcertante. Olga no tiene ningún motivo para no ser feliz y, en cambio, no lo es. Ella no está contenta y tampoco sabe por qué. 

M.G.- ¿En Rubí existe un padre Rodrigo, como el que vemos en la novela, que ayuda a los inmigrantes?

T.H.- Creo que existió por lo que me contaron el otro día, que acudí a un club de lectura allí. Yo no soy creyente. Pienso que hay una parte de la Iglesia que es muy criticable, o fácilmente criticable. Hay jerarquías, tejemanejes,... Ahora bien, hay otra parte que es elogiable. Insisto, no soy creyente, pero hacen una labor que sí, que la hacen algunas Ong's, pero la Iglesia, también. 

Con respecto a los inmigrantes, estos convierten a la Iglesia en su centro de culto pero también en su centro de reunión. Se encuentran con gente como ellos, que tienen sus mismos problemas, se apoyan y se ayudan. Es una forma de hacerse compañía. De otro modo, se sentirían muy solos. 

M.G.- Creo que has dado en el clavo. Hay que reconocer lo que hay que reconocer.

La inmigración es uno de los temas fuertes de la novela. Sin embargo, para mí, es clave todo lo relativo a la falsa amistad, y la hipocresía que se respira en el grupo de las amigas con dinero. 

T.H.- Sí, aunque bueno, entre los pobres también hay algo de eso. La hipocresía es muy evidente en Castellverd, pero existe en todos lados. La amistad es un tema apasionante y sobre todo, la femenina. Me parece mucho más interesante que la masculina. Vosotras os contáis muchas más cosas, más íntimas,... Aunque ahora va cambiando, los tíos solemos jugar a un juego distinto. Contamos fracasos y éxitos pero no emociones. Dentro de un grupo de cinco amigas, hay muchos subgrupos. Hay dos hermanas. Dos que son muy amigas. Otra que no es tan amiga como el resto. Con las mujeres, todo es mucho más sutil y dais mucho más juego. 

M.G.- En esta novela hay un supuesto suicidio. Todos sabemos que es un tema del que no se habla en los medios. No consigo entender muy bien por qué. No veo tan claro que, no hablar del tema, impida que se produzcan más.

T.H.- Mira, no se habla de eso porque está relacionado con otro tema del que tampoco se habla, la salud mental. No lo digo con desprecio, pero un psicólogo de la Seguridad Social es una antítesis. No por el profesional, sino por el tiempo que puede dedicar al paciente. Al final, se limitan a dar pastillas. Poner en cuestión el suicidio es poner en cuestión nuestro sistema de salud mental y, por tanto, nuestro sistema de Seguridad Social. 

M.G.- Por ahí sí lo puedo entender. 

T.H.- Claro, de los personajes de la novela, ¿quiénes pueden ir a un psicólogo pagando? Ninguno de los inmigrantes. Ni siquiera, el padre Rodrigo, aunque él no lo necesita.

M.G.- Pero yo sí necesito que me hables de la estructura de la novela. Hay unos capítulos que forman como parte de un libro. ¿Qué es eso?

T.H.- Un libro que se llama Los vivos y los muertos, sí. En realidad, tenía dos narradores, uno Teresa y el otro es ese narrador cercano que va contando la historia desde Lourdes, Xenia,... Pero me di cuenta de que necesitaba a alguien más para contar la historia del pueblo. Me inventé esos capítulos en los cuales hay como un narrador que ha escrito un libro. Al final se sabe quién es. Y empecé a jugar con él porque puede anticipar cosas, puede contar hasta un cierto punto parte de la historia, porque ya lo sabe todo. Él sabe todo lo que ha ocurrido con Teresa y con el resto de los personajes. Es un narrador mega-omnisciente y parece que está escribiendo un True Crime. Esto provoca la impresión de que esa gente realmente existe. 

M.G.- Estamos ante una trama pre-pandémica.

T.H.- Total. Acaba el 1 de febrero de 2020, pero eso fue casualidad. Las fechas ya estaban puestas. No quise aprovechar y manipular la historia para hacer referencia a lo que se nos venía encima. 

M.G.- Oye Toni, ¿no te han planteado hacer películas de tus libros?

T.H.- Sí, lo que pasa es que nunca hemos llegado a cerrar nada. Ahora hay intereses varios pero claro, es un proceso muy largo y complicado. Todo es tan a largo plazo que mejor ni me lo planteo. Yo no hago caso porque además, cuando vendes, pierdes. A ver, ganas dinero pero a partir de ahí, ellos pueden hacer con tu historia lo que quieran. Siempre digo que lo que yo hago son novelas y si luego se hace una serie, pues encantado de la vida, pero no me atrevo a asegurar nada. 

M.G.- Seguiremos leyendo tus novelas entonces. Y disfrutando de ellas. Gracias de nuevo por venir, Toni.

T.H.- Gracias a ti. 

Sinopsis: Parece un viernes de invierno cualquiera; uno de tantos. Lourdes Ros, la carismática editora de una prestigiosa editorial, se prepara para recibir a sus mejores amigas, a las que ha invitado a cenar: cuatro mujeres triunfadoras que intentan conjugar su reconocida vida profesional con las preocupaciones derivadas de la edad, la pareja, los hijos o la pérdida del estatus social.

Pero el encuentro no será tan divertido como esperaban ya que sobre ellas empieza a planear el recuerdo de una joven a quien todas conocían, una inmigrante que estuvo trabajando en sus casas y que se suicidó, inesperadamente, un año atrás. Poco a poco, las cinco van intuyendo que la trágica muerte de Teresa podría convertirse en una amenaza que destape sus secretos más ocultos, sus prejuicios y sus flaquezas.

Y, cuando un nuevo crimen sacude sus vidas, ya no podrán negar que detrás de las vallas de sus hermosas propiedades se esconde alguien que es capaz de matar para que la verdad nunca salga a la luz. Para que la muerte de Teresa Lanza continúe siendo un misterio insondable.

La muerte no es siempre el final de una historia; a veces no es más que un nuevo e inquietante principio.

lunes, 26 de abril de 2021

DONDE NAVEGA EL OLVIDO de Fernando de Artacho

Editorial: Algaida
Fecha publicación: enero, 2021
Precio: 20,00 €
Género: narrativa
Nº Páginas: 448
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 9788491893929
[Disponible en ePub]

Autor

Fernando de Artacho nació en Sevilla. Es doctor en Historia y licenciado en Derecho por la Universidad Hispalense, abogado de su Ilustre Colegio. También ha realizado estudios de Ciencias Políticas en España y de doctorado en Ciencias Sociales y Políticas en la prestigiosa Universidad Técnica de Lisboa. Es diplomando en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Asiduo colaborador en revistas especializadas y medios de comunicación escritos; ha publicado cuarenta libros, entre los que destacan Manuscrito sevillano, Los Caballeros Veinticuatro del Puerto de Santa María, Padrón de Nobles e Hijosdalgos de la ciudad de Sevilla en el siglo XVIII, Estudio de las Reglas de la Primitiva Archicofradía de la Coronación de Espinas de 1567 o La Nobleza sevillana a través del Privilegio de Oratorios; posteriormente ha publicado un ensayo titulado Los otros Alba. Es presidente de la Academia Andaluza de la Historia, miembro de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, de la Real Academia Belgo-Española de la Historia y de la Real Academia de la Mar, entre otras varias academias e instituciones españolas y extranjeras.

Desde hace algunos años alterna la labor investigadora con la divulgación histórica en novelas como Hija de la Iglesia, Las dos verdades, El enigma de la Santa Espina (Finalista del Premio de Novela Ateneo de Sevilla), La gubia del alumbrado (I Premio Ateneo de Sevilla de Novela Histórica), El trono y el altar, Narraciones y leyendas, El almirante Mediohombre, Campanas de duelo y El corro de Tánger.

Sinopsis

A principios del siglo XX se cruzan las vidas de dos señoritos sevillanos con la de un sobrio castellano. La amistad de tres estudiantes de Derecho se verá consolidada por sus vivencias estudiantiles, donde las correrías de juventud, el desamor, las pasiones y los sueños de futuro, se alternan con el honor y el deber hacia una clase social que ya comenzaba su decadencia. El amor apasionado, la lealtad entre amigos y el embrujo social de la época son los ingredientes perfectos para que Fernando de Artacho nos deleite con su nueva novela elegantemente escrita.

[Información tomada directamente del ejemplar]



Me gustan las cubiertas que me transmiten algo, esa primera impresión que construyo nada más tener el libro entre mis manos. Un título, una imagen, un objeto suele conducirme a imaginar lo que puedo llegar a encontrarme en el interior de un libro. Es cierto que ese pálpito no siempre resulta certero, pero es inevitable dejarse llevar por el primer contacto visual. Dicho todo esto, vuelvo a mirar la portada de Donde navega el olvido, la última novela de Fernando de Artacho, y asiento con un gesto al reafirmarme en mi parecer. Ese primer instante en el que el libro y yo nos miramos las caras se convirtió en flechazo.

Donde navega el olvido une dos hermosas ciudades: Sevilla y Salamanca. Lo hace a través de los personajes de una novela que nos conduce a principios del siglo XX. Pablo Somoza y Quintanilla y Gonzalo de las Infantas son dos primos de la aristocracia sevillana. Respaldados por la posición y economía de sus familias, podrían ser tildados de dos auténticos calaveras, dos señoritos sin oficio (aunque con beneficio) que se dedican a la vida contemplativa. Para enderezar el curso de sus vidas son enviados a estudiar a Salamanca. Allí conocerán al castellano Justo de Salcedo, un joven de familia humilde que estudia con la intención de labrarse un futuro y una vida mejor. La vida de los tres jóvenes se cruza. Juntos correrán diversas aventuras en la ciudad salmantina. También  aparecerá en escena una joven que... Bueno, no os cuento más. Solo apuntar que, en esta vida, todo esfuerzo, tesón y voluntad siempre tiene su recompensa.

Lo primero que llama la atención en la nueva novela del autor sevillano es el giro en la trama principal de la historia que nos narra. Acostumbrados a leer sus obras, principalmente centrados en el género histórico, Donde navega el olvido es una obra de difícil clasificación. Habrá historia sí, pero también otras muchas cuestiones. En esta novela se nos refleja la sociedad de una época ya pasada. El lector es trasladado a los «felices años veinte» como telón de fondo. Por las calles de la ciudad de Salamanca veremos correr a Pablo y a Gonzalo, junto a Justo. Este último vendría a ser todo lo contrario a lo que representan los primos. Sin embargo, desde que sus vidas se cruzan, veremos cómo Justo se va abriendo camino en la vida con mucho esfuerzo y pundonor, llegando a ser determinante para los otros protagonistas citados. Sus sueños de futuro deben regirse por la disciplina y el estudio, y este hecho choca con el estilo de vida alegre y desenfadada de los jóvenes sevillanos, miembros de una familia con una economía muy desahogada. Son personajes minuciosamente descritos e insuflados de vida. Lo mismo ocurre con los femeninos, entre los que encontramos a la bella Isabel, Flora, la alegre Patrocinio o Doña Delfina. Todos juntos conforman una amplia galería de protagonistas. 

Y si decía antes que Donde navega el olvido es de difícil clasificación, es porque en ella encontramos también una historia llena de aventuras, sazonada con un extenso abanico de sentimientos, entre los que destacan el amor y el desamor, las pasiones carnales, el instinto de superación, así como el honor y el deber. 

Independientemente del gran trabajo de documentación que se observa en sus páginas, cuando se está inmerso en la lectura del libro cabe preguntarse qué proporción de tintes autobiográficos hay volcados en sus páginas. Como no podía ser de otra manera, preguntamos al autor por tal aspecto, en la entrevista que le hicimos al autor (puedes leerla aquí), y en la misma que nos confesó que se trataba de una época que conocía bien, gracias a su familia.  

Con un lenguaje preciso, elegante, muy descriptivo y rico, Fernando de Artacho nos muestra la sociedad de la época y las distintas clases sociales. En definitiva, esos dos mundos que se entrecruzan por manos del destino. Resulta llamativo ver a Justo, con esa forma de vivir tan espartana, frente a la existencia frívola y desahogada de los sevillanos. Con ellos asistiremos a los salones de baile, a los tablaos, donde se beberá hasta bien entrada la madrugada. Son jornadas nocturnas llenas de derroche sin miramiento, y de mujeres que alegran la vida a los señoritos. El autor describirá en estas páginas una sociedad que está dando sus últimos coletazos, muy  próxima a extinguirse en cuanto estalle la guerra civil.

Escrito en tercera persona y con un total de dieciocho capítulos, la lectura de Donde navega el olvido resulta amena. Contribuye a un ritmo constante de lecturas, los continuos cambios de escenario entre Sevilla y Salamanca, y los sopesados diálogos entre los protagonistas, dotando a la historia de bastante fluidez.

Poco más debo añadir. Si os gustan las novelas en las que se aúnan elementos de distintos géneros, Donde navega el olvido puede ser una gran apuesta. Por lo tanto, desde aquí, sólo me queda recomendárosla.

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

Puedes adquirirlo aquí: