viernes, 31 de enero de 2020

TODO ARDE de Nuria Barrios

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Editorial: Alfaguara.
Fecha publicación: enero, 2020. 
Precio: 18,90 € 
Género: Narrativa. 
Nº Páginas: 296 
Encuadernación: Tapa blanda con solapas. 
ISBN: 9788420438498 
[Disponible en eBook y Audiolibro; 
puedes empezar a leer aquí]

Autora

Nuria Barrios es autora de las novelas El alfabeto de los pájaros (2011) y Amores patológicos (1998); de los libros de relatos Ocho centímetros (2015), El zoo sentimental (2000) y Baleria (2000), y de los libros de poemas La luz de la dinamo (2017), ganador del Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado, Nostalgia de Odiseo (2012) y El hilo del agua (2004), ganador del Premio Ateneo de Sevilla. Como cuentista está presente en numerosas antologías, la más reciente: Tsunami, miradas feministas.

Sinopsis

¿Alcanza el amor para salvar una vida del desastre?

Esta es la historia de dos hermanos. El pequeño se llama Lolo y tiene dieciséis años. Su hermana mayor, Lena, está enganchada al crack y a la heroína. Lleva un año fuera de casa y nadie conoce su paradero. Un día de agosto, Lolo la encuentra en el aeropuerto de Barajas, donde obtiene dinero con pequeños hurtos. Para convencerla de que vuelva a casa con él, decide acompañarla al poblado chabolista donde Lena compra la droga y parece que vive. Cuando llegan allí, cae la noche y Lolo se encuentra con una realidad aparentemente caótica e infernal. Lena le da esquinazo y él se ve de repente, solo, perdido y en medio de una lucha de clanes. En el momento en que ella se entera de que la vida de Lolo corre peligro, sale en su busca. Por separado, cada hermano intenta encontrar al otro en una carrera contrarreloj.

¿Hasta dónde es capaz de llegar una yonqui por salvar a su hermano? ¿Dejará que lo maten si él pone en peligro su consumo? Y ¿hasta dónde es capaz de llegar Lolo para salvar a su hermana, que se hunde en el abismo? ¿Arriesgará su propia vida?

Todo arde habla de lo que significa la familia, de la fina línea que separa la normalidad del desastre y del rastro de luz que deja siempre el amor. 

[Información tomada directamente del ejemplar]



Recordaba que Nuria Barrios ya me había hablado de yonquis, drogas y poblados. Rescaté de mi estantería aquel volumen de relatos con el que la descubrí. En Ocho centímetros (Páginas de Espuma), hay piezas que nos hablan de todo esto. Revolví el cajón de mis recuerdos y encontré que le había preguntado por aquellos ambientes durante la entrevista que me concedió en 2015.

Todo arde conduce al lector a un poblado chabolista en Madrid, donde la vida se desdibuja y en los ojos de sus habitantes se perciben reflejos de cristal, que diría Víctor Manuel. En aquel laberinto de calles embarradas, hogueras, casas medio derruidas, miseria, letargo y muerte se mueve una de las protagonistas de esta novela. Elena, conocida por todos como Lena, tiene veinticinco años y una vida por detrás, más que por delante. Enganchada al crack y a la heroína, dejó el refugio familiar hace un año y sus padres no han vuelto a verla. Ya no sueñan con recuperarla. Tiraron la toalla y eliminaron su rastro del hogar. Sin embargo, su hermano Lolo, de dieciséis años y recién llegado de un año de estudios en Irlanda, se ha propuesto sacar a su hermana de esa inmundicia. Tras localizarla en el aeropuerto de Barajas, donde perpetra pequeños robos y engaños con los que conseguir dinero para más droga, la acompaña al asentamiento chabolista, y pasa junto a ella casi veinticuatro horas, de un atardecer a un amanecer. En ese submundo, Lolo hará todo lo posible por convencer a su hermana, por animarla a dejar las drogas, a volver a la vida de antes, y por alejarla de aquel entorno sórdido y terrible. Pero Lena,... Bueno, es que Lena está bien. O eso dice ella. 

Me gustó la narrativa de Nuria Barrios en Ocho centímetros. No eran relatos fáciles como tampoco lo es la historia que contiene Todo arde. La autora madrileña dibuja un inframundo, un Hades que suele estar oculto a los ojos de los demás, y al que se desplaza Lolo como el Orfeo que busca a su Eurídice, esa Lena que también tiene un tobillo mordido. Debo admitir que la novela refleja con suma nitidez el sórdido mundo de los poblados, donde se ve y se consume droga, donde los yonquis trapichean aquí y allá para conseguir una dosis que ya no es suficiente. Todas las descripciones me parecen muy visuales, esas reuniones alrededor de las fogatas, los fumaderos, las rencillas entre clanes están magníficamente construidas. De igual modo, la autora reconstruye perfectamente las difíciles relaciones entre padres e hijos,  o esa ceguera que solo sufren los dependientes, capaces de engañar pero solo a ellos mismos. Yo salgo de esto cuando quiera, le dirá Lena a Lolo. Y todos sabemos, incluso el lector, que no es verdad. 

De Todo arde hay muchas cosas que me han gustado. El bochorno que destilan las páginas del libro, a través de una acción que transcurre en un caluroso mes de agosto madrileño, con ese cielo plomizo y grisáceo, esa calima como la llamamos aquí, que lo hace todo aún más asfixiante. Cuesta trabajo respirar en el poblado, y no solo por el calor. El humo de las múltiples hogueras que se encienden aquí allá para señalar los puntos de venta, vuelven densa la atmósfera exterior. 

El uso del lenguaje es otro de los aspectos a destacar. Si Nuria Barrios sabe cómo es la vida en los asentamientos donde la droga campa a sus anchas, si también sabe qué efectos provoca el crack o la heroína en los consumidores, que quedan aletargados, como cuerpos inertes a merced de lo inhalado, la autora también sabe cómo se habla en ese lugar recóndito y oscuro. Los yonquis, los clanes gitanos, auténticos capos de la droga, tienen su propio idioma. Entre ellos se entienden y entre ellos se expresan, con términos llenos de contracciones, con amenazas, con insultos. Si a unas descripciones muy visuales se le suma un lenguaje muy real, la trama cobra vida ante nuestros ojos y se vuelve un cuadro hiperrealista. 

En cuanto a los personajes, aunque la novela es muy coral, Lena y Lolo son los protagonistas principales. Considero que Barrios hace un trabajo extraordinario en la construcción del adolescente. Aunque se hace uso de un narrador en tercera persona, el lector se asoma al poblado a través de los ojos del muchacho, que se mueve de aquí para allá, conociendo a toda la fauna que puebla el lugar. Lolo es un joven que tiene problemas de tartamudez. Desde niño ha sentido ese defecto como un gran estigma, que ha marcado toda su vida. Es el personaje que más me ha gustado y, aunque no hay ninguna referencia en el texto, en todo momento he tenido la sensación de que Lolo tiene cierta discapacidad. No tengo muy claro si es psíquica o simplemente emocional. Me ha parecido un joven débil, vulnerable e inmaduro. Es cierto que solo tiene dieciséis años pero, los adolescentes de ahora son de otro modo. Lolo está muy perdido, muy desorientado. Quizá por eso insiste tanto, una y otra vez, una y otra vez, en recuperar a Lena, en convencerla para que vuelva con él a casa. Y es que Lena parece ser su faro, su apoyo en la vida aunque ahora se haya convertido en un referente podrido. O por eso también, por esa necesidad de amarre que tiene Lolo, el chico se apropia de un cachorro de pitbull blue que le puede costar la vida. A alguien tiene que salvar. De este modo, el animal funciona más como una metáfora, un símil como otros que salpican el texto.

En cuanto a Lena no he llegado a conocerla interiormente. Me he acercado a ella más desde un plano físico, imaginándomela con una delgadez extrema, con costras y heridas en la piel, sucia y desaliñada, con un cabello que ya ha perdido todo su brillo, y un cerco oscuro enmarcando sus ojos. He reconocido en Lena a esos jóvenes que no saben ni en qué mundo viven, con argumentos peregrinos, que la conducen a cometer un error tras otro. Ella es feliz en el poblado. Ahí es donde está su verdadera familia. El mundo más allá de ese asentamiento es solo un lugar donde se exprime al ser humano por cuatro duros y por eso, ella, que tiene estudios de Educación Infantil, no quiere trabajar en una guardería. 

Sobre Lena no sabremos mucho, ni siquiera qué fue lo que la empujó a las drogas. ¿Un asunto familiar, tal vez? ¿La convivencia con sus padres eran tan insoportable que se vio abocada a drogarse para aguantar su existencia? Tampoco importa mucho cuál fue el detonante de su adicción. La novela arranca con una joven enganchada hace tiempo y lo que verdaderamente interesa es el ahora. Y tampoco importa quién tiene la culpa de la vida que lleva porque, en Todo arde, no hay juicio moral.  

Respecto a los escenarios, más allá de una breve escena en el aeropuerto, todo transcurre en el poblado, un lugar que podría estar en cualquier ciudad de España. Al fin y al cabo, todos serán iguales. Lo que queda claro, y creo que lo apunté anteriormente, es que Nuria Barrios conoce perfectamente estos ambientes, de ahí que todo resulte tan visual. Si buscas alguna entrevista actual, o incluso con motivo de publicaciones anteriores, la oirás decir que ha visitado asentamientos de este tipo, que siempre le ha interesado la cultura gitana y por eso sabe cómo se mueven los clanes.

Y dicen que Todo arde es un thriller con su tensión. A mí no me lo ha parecido. Cuenta con un ritmo muy pausado y si sintetizamos la trama, no se puede decir que la novela tenga mucha acción. Eso sí, se lee con muchísima agilidad pues la mayor parte del texto es diálogo. Y es que, aquí también tengo que alabar la labor de Nuria, los personajes se describen a través de sus palabras. 

Pero con esta historia de amor y salvación, como Barrios la cataloga, no he terminado de conectar. Me he sentido engullida por una espiral de la que quería salir. La lectura me cansaba, me agobiaba, me aturdía. Pensándolo un poco, quizá esa era la intención de la autora, hacer sentir al lector como se sienten los yonquis, sumidos en un ambiente pegajoso y asfixiante, del que solo tenía ganas de huir. 

Sea como fuere, creo que Todo arde no es lectura para los que buscan algo liviano que echarse a los ojos tras un día duro de trabajo. Me atrevería a decir que estamos ante una novela que requiere una lectura dosificada, a pequeños sorbos. Y es que estoy convencida de que vais a necesitar sacar la nariz de entre las páginas, con mucha frecuencia, para aspirar una bocanada de aire fresco. 







 

[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

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jueves, 30 de enero de 2020

RAFAEL TARRADAS: 'Es una pena que no escuchemos más a nuestros abuelos'

Enfrentarse a una primera novela no debe ser tarea fácil. Hay personas que sienten en su interior la necesidad de contar una historia, de sacar a la luz un relato intimista, real, palpable, o de fabular, construyendo un universo que, hasta el momento, solo ha tenido existencia en su magín. Lo que nace sin una pretensión específica puede llegar a convertirse en un fenómeno de éxito. ¿Suerte? ¿Trabajo? ¿Capacidad? ¿Destino? Sea como fuere, lo cierto es hay novelas que nacen con estrella, dentro de un mundo tan complicado como el de los libros, y novelistas que parecen haber estado escribiendo toda su vida. 

Rafael Tarradas Bultó, un segundo apellido familiar muy vinculado al mundo del deporte -es nieto del fundador de Montesa y Bultaco, sobrino del tristemente fallecido Álvaro Bultó y primo de Sete Gibernau-, se sienta un día a contar la historia de su familia durante la guerra civil. Lo que empezó como un pasatiempo se ha convertido en El heredero, una novela de 664 páginas que ya espera a los lectores en las librerías. 

Marisa G.- Rafa, la novela que te has marcado es espectacular. Tú, que vienes del mundo de la comunicación y de una familia muy encaminada al deporte, ¿siempre tuviste inquietudes literarias?

Rafael T.- He leído mucho, desde pequeño. La lectura y el deporte han sido mis grandes aficiones. Desde hace mucho tiempo, tenía en mente la idea de escribir y empecé a hacerlo en una cabaña que tengo por Gredos. Allí no hay luz y cuando voy los fines de semanas, no hay gran cosa que hacer. Veía alguna película en el ordenador, entraba en Internet y poco más. Así que me puse a teclear anécdotas familiares. A los pocos días, me di cuenta que la historia iba derivando hacia la ficción. Me divertía mucho construir algo nuevo partiendo de las historias de mi familia que, en realidad, ocupan solo el 20% de esta novela. El resto es ficción. Fueron dos años escribiendo y, cuando acabé, se la regalé a mis padres y hermanos por Navidad. Les encantó pero, claro, ¡qué iban a decir! Sin embargo, luego empezaron a pedírmelo mis primos. Tengo muchísimos y a mí me costaba imprimir cada libro setenta euros. Así que lo colgué para que cada uno se imprimiera el suyo. No te imaginas la sorpresa que me llevé cuando veía las estadísticas de venta. En ocho días, se habían vendido quinientos cuatro libros. Aquello ya no podía ser mi familia.

En paralelo a todo eso, contacté con la revista Hola y publicaron una pequeña reseña. Otra amiga de Vanitatis también consiguió que publicaran alguna cosa del libro. 

M.G.- Y de una plataforma digital pasas a una editorial.

R.T.- Sí, porque a raíz de esas publicaciones en prensa, Espasa se entera y me manda un mensaje por Instagram. Rosa Pérez, la editora, estaba interesada en el libro. Se lo mandé a las nueve de la mañana y pensé que me darían alguna respuesta negativa a los dos meses pero no, resultó que a las tres de la tarde, Rosa me dice que iba por la mitad del libro y que muy mal se tenía que poner la historia para no ofrecerme un contrato a la mañana siguiente. Y así ocurrió. A las ocho de la mañana del día siguiente me mandó un mensaje pidiéndome que la llamara porque tenía muy buenas noticias para mí. Increíble. Y así fue todo. 

M.G.- De una historia con la que tú no pensabas hacer nada especial, de repente te encuentras con la novela en las librerías.

R.T.- Totalmente. Esto ha sido como si coges un Vespino y ganas el Gran Premio de Jerez. 

M.G.- El heredero cuenta la historia de dos familias burguesas. Los Bultó-Marqués y los Sagnier, y en paralelo la historia de un anarquista, Antonio Campo, que sueña con cambiar el mundo. Es un personaje muy vinculado a una de estas dos familias, aunque él no lo sepa.  El heredero es una novela que cuenta con muchos elementos de género, principalmente es una saga familiar. El lector asiste al devenir de estas familias.

R.T.- Sí. Primero me gustaría aclarar que El heredero no es un libro sobre la guerra civil. Es una novela cuya trama se sustenta sobre tres familias, llevadas al límite, durante la guerra civil. Son familias que están en una situación que no les toca y encima no saben que están relacionados por un poderoso secreto que el lector sí conoce. Por un lado, vamos a encontrar una familia burguesa, que tiene que abandonar España porque son asaltados en su masía y tienen que exiliarse. Luego tenemos a una familia aristócrata que vive en Puigcerdá, un pueblo de la Cerdaña española, pegada a Francia. Y, por último, está Antonio Campo, una persona totalmente desfavorecida socialmente. A él le tocaba ser el heredero pero, por circunstancias de la vida y de la sociedad, termina trabajando en una fábrica donde es testigo del accidente laboral de un compañero, al que, los que pueden, no le prestan ayuda. Este suceso cambiará totalmente a Antonio. Él ve en la guerra la única vía para cambiar la realidad y hacer una sociedad más justa. 

En cualquier caso, aunque son personajes distintos y que pertenecen a estratos diferentes, tienen una idea de la guerra similar. Con el paso del tiempo, todos ellos ven que la guerra no es como la habían pintado, que no se trata de los buenos contra los malos, sino que, en ambos bandos, hay buenos y malos. He intentado construir personajes muy humanos.  

M.G.- Es decir, la guerra civil es un trasfondo y en ningún momento vamos a ver un posicionamiento hacia un lado u otro, ¿no?

R.T.- No, no me posiciono. Tengo 42 años, no viví la guerra ni el franquismo y creo que mi generación debe ver las cosas desde arriba y ser objetivos. Aquello fue un desastre. Ganarían los nacionales, pero perdió todo el mundo porque se quedó el país hecho polvo. 

Por otra parte, en mi entorno familiar hay gente de los dos lados. Tengo abuelos republicanos y abuelos franquistas. Cuando yo hablaba con unos u otros, jamás les oí decir qué malo es el abuelo Tarradas o qué malo es el abuelo Bultó. Ellos tenían unas circunstancias concretas y delicadas. A veces intentamos entender problemas del pasado con la mentalidad de ahora. Ni rojos, ni fachas. Hay que hablar de personas y superar todo eso de una vez. En la novela, hablo de que tu vida da un vuelco de un día para otro y tienes que reaccionar. Creo que ahí está la gracia del libro.

M.G.- Imagino que tu intención era recopilar las historias familiares para que no se perdieran con el tiempo.

R.T.-  Sí. Tengo una familia muy grande, con muchas anécdotas familiares que se iban perdiendo con el tiempo. Mis primos olvidaban cosas que habían contado mis abuelos sobre la guerra. No quería que ocurriera eso. De todos modos, también a mí se me estaban olvidando cosas. Comenzaba a tener lagunas en historias que mis abuelos me habían contado con muchísimo detalle. Y tuve que ir rellenando con algo de ficción o con vivencias de los abuelos de mis amigos.

M.G.- ¿Y de la historia de tus abuelos, recuerdas especialmente algo que te sorprendiera mucho?

R.T.- Sí, sí. El estallido de la guerra, tal y como se explica en el libro, es real. La familia Bultó tenía, y tiene todavía a día de hoy, una masía en el Penedés. Hasta allí se desplazó una milicia, justo en el momento en el que estaban dando misa. Los campesinos, al ver llegar a los milicianos, se colocaron todos delante de la puerta de la casa. Querían defender a mi familia porque sentían que siempre habían sido bien tratados. La casa se incautó pero ellos pudieron huir.Se fueron al aeródromo del Prat y desde allí, volaron a San Remo.

Por otro lado, la familia Sagnier estaba pasando el verano en Puigcerdá. Mi bisabuelo era coronel y mi bisabuela era una mujer muy fría, que mantenía mucho las distancias. No era una snob pero sí alguien que repelía. Cuando estalla la guerra, aparece el panadero y les dice que se marchen inmediatamente, que están en peligro. Mi abuela me contó que su madre les dijo que cogieran el cepillo de dientes y el rosario rápidamente, que se tenían que marchar. Esa combinación de cepillo de dientes y rosario siempre me ha hecho mucha gracia (Risas). Mis bisabuelos tenían catorce hijos, aunque en el libro digo que eran diez, y todos tuvieron que cruzar la frontera en pijama. En nada de tiempo, sus vidas cambió totalmente. Quedaron desposeídos, no podían volver a España, y vivieron con lo poco que consiguieron de un reloj de mi bisabuelo y un anillo que llevaba ella. Pero claro, con catorce niños... Se fueron a Italia, a San Remo, porque pensaban que Francia era más afín a la República. Y allí vivieron muy frugalmente. Aún así, mi abuela recordaba que aquellos años fueron los más libres de su vida. En Barcelona tenían que ir siempre con carabina, vestir guantes y sombrero, no podían relacionarse con todo el mundo ni acudir a según qué sitios. Y, de repente, todo cambió. Podían hacer lo que quisieran.

M.G.- Todo lo negativo tiene algo positivo.

R.T.- Pues sí. El personaje de mi abuela casi vive con angustia. Ella siente que se lo está pasando muy bien, aunque sabe que los hombres de su familia están arriesgando la vida en España, y eso le provoca remordimientos. Hay momentos en el libro que se enfada consigo misma, porque no quería pasárselo bien. El personaje se ve sometido a esa contradicción. Se dio cuenta de que era como una beata, de esas que no te dejan que te rías, ni estés alegre, porque si el momento requiere tristeza, hay que estar triste. 

M.G.- Oye, ¿qué pensarían del libro tus abuelos?

R.T.- Creo que les gustaría mucho. A mis abuelos les encantaba contar historias y, en realidad, he hecho lo que ellos hacían. Eran unas personas muy especiales porque, a pesar de tener tantos hijos y nietos, tenían tiempo para todos. Cada nieto se sentía el favorito. Ellos se preocupan por todos y sabían perfectamente qué hacía cada uno y cómo eran nuestras vidas.

M.G.- El libro empieza en 1909, ¿hasta qué año llega?

R.T.- Hasta 1940, el año en que mis abuelos se casaron. Ese episodio también es real. Voy a hacer un poco de spoiler pero bueno. Ellos se casaron en Santa María del Mar, en Barcelona. La iglesia se quemó entera al inicio de la guerra y en las fotos de la boda, se ve perfectamente a los novios, con el fondo negro. No hay imágenes, ni nada. Lo único que había eran muchas flores porque en cada capilla se pusieron grandes centros para que el escenario no fuera tan siniestro.

M.G.- Y a partir de 1940, ¿crees que los personajes darían de sí para continuar con la historia familiar?

R.T.- Sí. La vida de mis abuelos fue muy completa y los personajes de la novela también darían para más. Lo que pasa es que tengo que ver qué giro se le pueda dar a la historia, porque la posguerra me parece muy triste. Si la guerra fue un episodio trágico, las consecuencias reales, las verdaderamente penosas, se vieron más tarde, durante la posguerra, con esa España dividida, enfadada y gris. 

Este libro lo escribí sin ninguna pretensión de venta, pero sí lo escribí para que me gustara a mí y fuera divertido. Quiero que el siguiente también lo sea. Por eso, mientras encuentro el enfoque, me he centrado en la época anterior. 

M.G.- Me estás hablando de una precuela.

R.T.- Sí, sí.

M.G.- ¿Y vamos a encontrar personajes de El heredero

R.T.- Creo que podría encontrar la manera de enlazar una historia con otra. Quizá no con los mismos personajes, pero sí podría establecer una conexión. 

M.G.- Rafa, esta novela es muy coral. Hay muchísimos personajes. Siendo tu primer trabajo literario, ¿cómo haces para manejarlos y construirlos?

R.T.- En los primeros capítulos, he procurado mostrarlos de tal modo que los lectores puedan llegar a entenderlos bien, que queden muy bien definidos. Una vez que hago esto, los voy alternando, para que no te olvides de ninguno. Así que, te encuentras con varias historias que van avanzando a la vez y se van entrelazando. Al final, es una novela muy coral, como dices, pero creo que los personajes están muy bien definidos para que nadie se pierda. De todas formas, al inicio de la novela hay una relación con todos los nombres.

M.G.- Sí, como un dramatis personae. Siempre ayuda. ¿Pero quiénes son los grandes protagonistas de esta historia?

R.T.- Para mí, el protagonista y el héroe es Antonio Campo. Es un personaje que le ha tocado vivir en una sociedad muy injusta. De hecho, él no tiene ni idea de cuán injusta es. Le corresponde ocupar el puesto de heredero y, sin embargo, trabaja en una fábrica. Por ser hijo ilegítimo, está desposeído de todo. Aún así, es una persona buena de corazón, que sabe ver más allá. Antonio lo tiene todo en contra pero eso no lo empuja a deshumanizarse.

M.G.- Vinculado a Antonio, hay otro personaje que me llamó mucho la atención. María Ceballos es una mujer de origen burgués pero que funda un prostíbulo.

R.T.- María Ceballos es un personaje que me encanta porque ha entendido muy bien el punto en el que está. Toma la decisión de abrir un prostíbulo, sin importarle lo que puedan pensar de ella. Si mañana puede estar muerta, ¿para qué se va a preocupar por eso? Tampoco le preocupa lo que piense su padre, si se lo han llevado y no sabe ni dónde está. Ella lo que quiere es que acabe la guerra y la pille de pie. Le da todo igual. Se ha enterado que ha caído una bomba en la casa de tolerancia de Madrid y, como su casa está cerca del frente, se le ocurre abrir un prostíbulo. Es la solución que ve a ciertos problemas. Acoge a las prostitutas que se han quedado sin casa tras el bombardeo y encima, da servicio a los soldados. 

Esta visión práctica la aplica a todo lo que la rodea, al negocio, a su relación de pareja con Antonio, a todo. ¿Para qué voy a hacerme la estrecha si lo mismo Antonio muere dentro de cinco días?

M.G.- Pero no todos los personajes son así, no todos son buenos. Hay alguno por ahí que es el que da caña en esta novela. 

R.T.- Sí. Ese es Javier Fierro, el gran villano. Es un personaje que se mueve únicamente por odio. Es una persona al que le incautan su finca y como se queda sin nada, está dispuesto a ser la persona más cruel. Además es un gran cínico, porque se muestra encantador con las mujeres pero es muy perverso.

M.G.- Un encantador de serpientes.

R.T.- Exacto. Javier es ese personaje del que no sabes por dónde va a salir. Un gran cobarde que se las ingenia para no luchar pero, a la vez, hace sufrir a los demás. 

M.G.- Imagino que habrás tirado de mucha documentación familiar.

R.T.- Sí. Tengo la suerte de que la masía de la novela, San Antonio, sigue en el mismo sitio y sigue siendo como era entonces. Los muebles, los libros,... todo está prácticamente igual a como estaba durante la guerra. Además, hay muchísima documentación en la casa. Hay muchas cartas de la guerra donde se describen las emociones de aquellos años. Me encontré con una carta escrita por un primo de mis abuelos que era aviador. En ella les explica que ha estado implicado en una batalla aérea, inmerso en una lluvia de balas, y que era todo muy emocionante. A mí me sorprendió que hablara de emoción en una situación así. Era la guerra y lo podían haber matado. Y luego, en otras cartas, el tono es muy triste. Con esas cartas, comprendes las sensaciones que vivían.

Y luego hay muchísimos libros sobre la guerra civil. Cualquier dato histórico que quieras buscar, lo encuentras fácilmente. 

M.G.- Me gusta mucho las fotos que incorporas al final, donde podemos ver a uno de los personajes, a Inés Sagnier.

R.T.- Son gente de otra época. Tenían unas vidas totalmente diferentes a las nuestras. Es una pena que no escuchemos más a nuestros abuelos. Ahora que ya no están, me arrepiento no haber pasado más tiempo con ellos. Tendemos a menospreciar lo que llamamos "sus batallitas". Ellos vivieron una época épica pero tienes la posibilidad de que te lo cuenten los protagonistas y no prestamos atención. Los que tengan abuelos, que los escuchen, por favor. 

M.G.- Pero la historia no solo transcurre en Cataluña. Los personajes se mueven.

R.T.- No, no. Hay más escenarios. La guerra los hace moverse en muchos sentidos. Les cambia el carácter, les lleva al límite y les traslada de un lugar a otro. Antonio se mueve por el frente de Aragón, tendrá que ir a Teruel. Ellos se van moviendo según avanza la guerra. Pasan por un montón de sitios: Gijón, San Sebastián,... Una guerra como aquella, que duró tanto, da para que se muevan por muchos lugares.

M.G.- Rafa, la novela, por la trama, por los escenarios, por los personajes, por el contexto político-social,... encajaría muy bien como serie televisiva.

R.T.- (Risas) Sí, bueno, a ver qué pasa. De momento, no hay noticias.

M.G.- Tiempo al tiempo. En cualquier caso, estás ya escribiendo otra novela y la situación tiene que ser distinta. Esta la escribiste sin pretensión pero está teniendo mucho éxito, algo que debe añadir presión a la escritura de la segunda.

R.T.- Ahora hay presión, sí. Pero ¿sabes qué pasa? Si algo te apetece, tienes que hacerlo. Mira que yo no soy de dar consejos pero esto es así. Muchas veces dejamos de hacer cosas por vergüenza, por el qué dirán. Si quieres hacer algo, hazlo sin miedo. Mientras que tú te lo pases bien y a ti te guste, qué importa lo demás. 

Este libro lo podía haber metido en un cajón y guardarlo para mí, por vergüenza. 

M.G.- Con la vergüenza no se llega a ningún lado.

R.T.- Claro que no. ¿Qué mal hay en que hagas algo que a ti te guste, y a otra persona no? Si te gusta a ti, es suficiente.

M.G.- Sabias palabras, Rafa. Lo vamos a dejar aquí. Te agradezco este rato de conversación y te deseo mucha suerte con esta novela y con las próximas que vengan.

R.T.- Muchas gracias a ti. Gracias.


Sinopsis: Un majestuoso landó avanza en dirección a la imponente finca de los Marqués. Con tan solo siete años, la pequeña Josefa entra a trabajar como sirvienta en la casa, incapaz de imaginar cómo su presencia cambiará para siempre la historia de dos poderosas familias.

Treinta años más tarde los Marqués se ven abocados a huir de su casa y abandonar su más que acomodada posición social. No serán los únicos, pues los Sagnier habrán de exiliarse y otros, como Antonio, pobre pero idealista, intentará dar un giro a la sociedad. Todos ellos, defendiendo sus ideales, son ajenos al caprichoso destino que los une mediante un poderoso lazo y un asombroso secreto.

Barcelona, San Sebastián, Madrid, Gijón, o Teruel son los escenarios de esta fascinante historia de amor, coraje, lealtad y traición, basada en hechos reales, que nos revela cómo en un mundo donde la lucha por la supervivencia hace aflorar lo peor del ser humano el amor es una fuerza poderosa capaz de hacernos superar las mayores adversidades.



miércoles, 29 de enero de 2020

BUÑUEL EN EL LABERINTO DE LAS TORTUGAS (ANIMACIÓN - 2019)


Año: 2019

Nacionalidad: España.

Director: Salvador Simó Busom.

Reparto: --

Género: Animación.

Sinopsis: París, 1930. Salvador Dalí y Luis Buñuel son las principales figuras del movimiento surrealista, pero Buñuel ve cómo se le cierran todas las puertas después del escandaloso estreno de 'La edad de oro', su primera película. Sin embargo, su buen amigo, el escultor Ramón Acín, compra un billete de lotería con la loca promesa de que, si gana, pagará el documental que su amigo quiere rodar sobre Las Hurdes, una de las regiones más pobres y olvidadas de España... Película sobre el rodaje en la región extremeña de Las Hurdes, a cargo del maestro Luis Buñuel, de su película 'Las Hurdes, tierra sin pan', en 1933. Adapta el cómic homónimo de Fermín Solís.

[Fuente: Filmaffinity]


En este espacio todo tiene cabida. Hay hueco para cualquier tipo de libro y también para cualquier tipo de película. Por tanto, la animación, ya sea para público infantil o adulto, suele asomar por aquí de vez en cuando. Hoy vengo a hablaros de Buñuel en el laberinto de las tortugas, una película que está nominada a la Mejor Película de Animación para los próximos Premios Goya, que se celebran este sábado, y además cuenta con otras tres nominaciones más: Mejor Dirección Novel, Mejor Música Original y Mejor Guión Adaptado.

Buñuel en el laberinto de las tortugas es la adaptación cinematográfica de la obra homónima firmada por Fermín Solís, una novela gráfica que publicó Reservoir Books en 2008. Tanto el libro como la película se centra en un periodo concreto de la vida de Luis Buñuel, aunque habrá pequeños flashbacks que nos retrotraen a la infancia del cineasta, unos años marcados por la severidad de su padre, quien se mantenía muy distante del niño. Como dice la sinopsis, la película 'La edad de oro' no fue bien acogida por el público. La tacharon de escandalosa y a Buñuel se le cerraron muchas puertas. Incluso fueron con las quejas al Vaticano. Pero estando en París, Maurice Legender le hace llegar un libro sobre las Hurdes, una región de Cáceres, la más pobre de España, titulado Las Jurdes: étude de géographie humaine. El libro narraba la vida de aquellos hombres y mujeres, olvidados por todos. Aunque al principio no pareció interesarle mucho, lo cierto es que en cuanto comenzó su lectura quedó totalmente impresionado. Su idea era hacer un documental que expusiera ese otro lado de la sociedad española, una película que denunciara la pobreza y la miseria de aquella zona, pero no tenía dinero. Recurrió a su amigo Dalí, pero este le vuelve la espalda. El apoyo lo encontrará en su otro amigo, el escultor Ramón Acín, el que, tras un golpe de suerte, se encargue de costear el rodaje del documental. Así pues, Buñuel, Ramón, Pierre Unik y Eli Lotar se dirigen a las Hurdes. 

Ese será el grueso de esta película, el rodaje de este documental, escenas a todo color que se alternan con escenas reales, en blanco y negro, del propio documental para darle más realismo. Debo confesar que hay ciertas secuencias, tanto de esta película como del documental en sí, que revuelven un poco las tripas. Algunas solo pretenden mostrar las costumbres y prácticas de aquellas regiones, poco cívicas a decir verdad, pero de eso no tenía la culpa el cineasta. Otra cosa muy distinta son las secuencias que Buñuel manipuló para obtener la escena que él pretendía. En esos casos no tiene justificación alguna.

No obstante, y para seguir manteniéndolos fiel a la realidad, este largometraje también muestra un lado de Buñuel con sentido del humor, socarrón y bromista. Pero hay algo que me ha gustado mucho más que todo eso, su faz más emocional. Algunas escenas son conmovedoras. Vamos a ver a un Buñuel abatido por las circunstancias adversas, por las condiciones infrahumanas en las que vivían estos habitantes de las Hurdes, las miserias, las enfermedades y la muerte. A su vez, veremos a un hombre con debilidades, obsesiones, miedos, que sufre alucinaciones muy vinculadas a los cuadros de Dali, o que recuerda con frecuencia a aquel padre del que recibió poco cariño.  

Otro punto fuerte de este largometraje es el retrato de la amistad. Si bien con Dalí tuvo sus más y sus menos, la unión con Ramón Acín fue inquebrantable, a pesar de las locuras del cineasta. Y es a Ramón Acín, al que la película también brinda un bonito homenaje. Pasados unos años del rodaje del documental, y en fase de montaje, Buñuel recibirá una carta en la que se anuncia la muerte de su amigo, fusilado por el ejército franquista el 6 de agosto de 1936, un hecho que no solo conmoverá a Buñuel sino también a los espectadores, a través de una banda sonora que te hace estremecer. El documental pudo por fin estrenarse a finales de 1936, pero tuvieron que eliminar el nombre de Ramón Acín de los créditos.  Sin embargo, Buñuel no podía dejar las cosas así. Volvió a estrenarlo en 1960 y ahora sí, con el nombre de Ramón Acín donde debía estar. 

Sin tener más nada que añadir, solo os animo a acercaros a la vida de Luis Buñuel, a las Hurdes y a Ramón Acín.




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martes, 28 de enero de 2020

FERNANDO GARCÍA CALDERÓN: 'Para el cazanazi, la muerte en la cama de los criminales de guerra es un completo fracaso'

Hasta la fecha, todo lo que he leído de Fernando García Calderón ha llegado a conquistarme. Comencé con una novela mágica, Yo también fui Jack el Destripador (Ediciones del Viento), que me hizo entender el universo literario que anida en la mente de este autor. A aquella novela, que fabulaba sobre la identidad del asesino de Whitechapel, le siguieron otras tantas -Nadie muere en Zanzíbar, De lo visible y lo invisible (ambas editadas por Algaida) o  o El vuelo de los halcones en la noche (Alfar) - y algún que otro volumen de relatos, como Diario de ausencias y acomodos, editada igualmente por Alfar. No puedo más que alabar la pluma de García Calderón, poseedor de una sensibilidad brutal, capaz de transmitir las emociones más profundas.

Recientemente, el autor de origen sevillano, vuelve a colocar delante del lector una novela llena de grandes historias. Para olvidar quién fuiste (Algaida) hace un barrido por la historia universal desde 1945 hasta un pasado reciente, siguiendo la pista a aquellos criminales de guerra que consiguieron escapar de las garras de la justicia tras la Segunda Guerra Mundial y los horrores del Holocausto. Para contar esta historia, García Calderón ha elegido la figura del cazanazi. De todo ello hablamos hace unos días en su visita a Sevilla. 

Marisa G.- Fernando, siempre haces viajar al lector con tus novelas. Londres, Zanzíbar, Salamanca,... y consigues embarcarnos en historias apasionantes. En esta ocasión, nos a conocer la vida de unos cazanazis. ¿De dónde surge esta idea?

Fernando G.- Ya, con veinte años, me interesé por la idea del cazanazi. Desde entonces, he ido escribiendo fragmentos que luego he incorporado a esta novela. Si no la he escrito hasta ahora es, probablemente, porque me faltaba madurez. 

El concepto de cazanazi siempre me interesó. Después de la Segunda Guerra Mundial, se pretendió pasar página, dejar atrás el dolor y olvidarnos de lo que había ocurrido. Sin embargo, la figura del cazanazi nace para que eso no ocurra. Es una figura persistente, que quiere hacer justicia y no permite el olvido. Esa idea de la memoria, del recuerdo de las víctimas y del desagravio que supone el actuar dentro de los cánones de la justicia, me parecía muy interesante.

M.G.- Al margen del respaldo de alguna institución, ¿sigue existiendo la figura del cazanazi en solitario, a día de hoy?

F.G.- Sí, creo que sí. Aunque es una profesión, por decirlo de algún modo, que tiene fecha de caducidad. Esta cuestión era algo que también me interesaba mostrar. Indefectiblemente, llegará un momento en el que todos los nazis, por muy escondidos que estén, acaben muriendo. Para el cazanazi, la muerte en la cama de los criminales de guerra es un absoluto fracaso. Si el nazi muere en paz, el cazanazi falla en su misión. Con lo cual, también se produce una lucha contra el reloj. Así que sí, creo que todavía existen figuras así, pero las posibilidades de ir encontrando a los criminales son cada vez menores.

M.G.- Buscando en Internet me encontré esta mañana una noticia del año 2018, en la que se hablaba de la búsqueda de ciertos miembros de la SS. Quizá no son altos dignatarios pero sí se siguen buscando a aquellos que, en un escalafón inferior, también fueron responsables. 

F.G.- Los nazis contaminaron prácticamente todo. Consiguieron que algunos sacaran lo peor de su naturaleza humana, desde los mandamases hasta el último mono. Todos se comportaron de una manera totalmente infame. De tal modo que, hay más criminales de guerra de lo que podamos pensar. Así que, si eran jóvenes en aquellos años, es posible que aún se pueda encontrar alguno.

M.G.- Dos cuestiones que me han llamado mucho la atención de tu novela. Por un lado, el papel de la Iglesia en la huída de los nazis y, por otro, el hecho de que utilizaran camiones del ejército americano para poder huir. Me parece todo increíble. 

F.G.- Lo de los americanos es paradójico. Es que no se daban cuenta. Ese momento, después de la Segunda Guerra Mundial, había tal caos en Europa, que ocurrían cosas tan pintorescas como esta. 

En cuanto a la Iglesia, determinados obispos y determinadas personas dentro de la organización de la Iglesia Católica, ayudaron deliberadamente. Sin embargo, otros ni siquiera llegaron a enterarse de que estaban prestando esa ayuda. Es lo que ocurrió, por ejemplo, con la Cruz Roja. De todos modos, la ruta de los monasterios, como se solía llamar, que iba desde Austria a Roma, era conocida por una serie de personas y sabían lo que estaban haciendo. Pero, probablemente muchos no llegaron a tomar conciencia de lo que hacían. Estos nazis se aprovecharon del desconocimiento y del afán de unos cuantos de prestar una mano por ayudar al prójimo. En cualquier caso, tenían el apoyo del gobierno de Franco. Es decir, había una infraestructura bastante más poderosa, que iba más allá de la organización Odessa. 

M.G.- En tu novela he descubierto datos nuevos y me ha gustado reencontrarme con otros asuntos que no suele asomar mucho en libros con este trasfondo. Me refiero a la Werwolf. Háblanos un poco de esta organización. 

F.G.- Al final de la Segunda Guerra Mundial, a algún alemán se le ocurre la posibilidad de establecer un sistema de guerra de guerrillas. Pero el carácter alemán entraba en contradicción con todo eso. Con la Welworlf, se reclutaban hombres a los que, muy al final, y en determinados momentos, se les encargaba alguna misión. Se les llamaba hombres lobo. En la novela, intento darle un toque muy pintoresco y esperpéntico a todo esto para hacer el contrapunto sobre la tragedia que supone el momento. Se habla de varios miles de personas participando en este tipo de misiones. Quise introducir la figura del hombre lobo porque era una buena manera de que uno de los protagonistas, el soldado Wilhem Lohaus, acabara de tomar conciencia de cómo era realmente la Alemania que él conocía parcialmente por su participación en la guerra.

M.G.- Efectivamente el grupo de hombros lobos que tú configuras en la novela no puede ser más pintoresco: un cartero, una jovencita seductora, un crío,... 

F.G.- Quería desdramatizar la situación, y me parecía que era una combinación oportuna porque, efectivamente, el objetivo de esta gente era camuflarse, buscar una fórmula de trabajo que les permitiera pasar desapercibidos. Probablemente haya puesto más de mi imaginación que de realidad, pero me parecía oportuno dentro del contexto en el que se desarrolla la historia.

M.G.- No estamos únicamente ante una novela de cazanazis, sino también de supervivencia física y emocional. Hay muchos personajes que están muy torturados, hasta el punto de cometer suicidio.

F.G.- Sí, lo has dicho muy bien. En realidad, no quería hacer una historia de argumento sino más bien de personajes y por eso creo que he tardado más en culminar esta obra. Me interesaba más que la propia historia, ver cómo evolucionaba cada uno de esos personajes. Probablemente, el personaje de Anna (más tarde se llamará Hannah), que nace justo en el final de la Segunda Guerra Mundial, y se enfrenta a todo el periplo de búsqueda del nazi famoso, sea el que mejor muestre cómo es pasar de la absoluta inocencia al descreimiento o la desilusión.

M.G.- En cuanto al protagonismo, se podría decir que va pasando casi de padres a hijos. El foco de atención va cambiando de un personaje a otro, como si se fueran pasando el relevo unos a otros.

F.G.- Efectivamente. Es una carrera de relevos y es totalmente intencionado. Quizás no es una fórmula excesivamente comercial, pero me parecía interesante porque no quería centrar el foco en un gran protagonista sino en la evolución de varios, cuando se van pasando el testigo.

M.G.- La última parte de esa cadena, la protagoniza Anna, o Hannah cuando cambie su nombre, que es hija de una mujer judía y de un alemán. Esos contrastes me han gustado mucho, como también me ha parecido inverosímil el hecho de que, un personaje, como el profesor... , fuera un judío pronazi. Auténticamente paradójico.

F.G.- Ese personaje es muy curioso y en Madrid tuvo una gran vida. Pero volviendo a lo que tú comentabas, me interesaba el mestizaje, que no solo se produce en las familias sino en los sentimientos. Juego con la combinación de la memoria y el olvido, la justicia y la venganza, la ilusión y la decepción. Todo eso me parece que fundamenta la relación entre personas y he buscado personajes que fueran muy humanos. Eso era lo que realmente me interesaba en la novela, el concepto de humanidad, con todos sus virtudes y defectos. 

M.G.- Y entre todos los personajes, algunos reales. 

F.G.- Sí, cuando escribes una historia de esta naturaleza tratas de darle un contexto. Era inevitable que apareciera Mauthausen, que uso más como un símbolo que como el propio concepto del campo, o personajes reales. El problema está en que, en ocasiones la realidad parece del todo inverosímil. Hay que tener mucho cuidado con estas cosas porque, aunque quería contar una historia de corte realista, la verdad puede llegar a ser tan esperpéntica que nadie se crea lo que estás narrando. 

M.G.- Entre los personajes reales aparece Simon Wiesenthal, el famoso cazanazis. Y luego hay otro personaje, Fernando Dieste, un español que, por diversas circunstancias que no voy a desvelar, adquiere una identidad falsa, la de Peter Behrens. He encontrado a un Peter Behrens real, que fue arquitecto, aunque este murió en 1940. 

F.G.- En este caso, el personaje adopta el apellido de Behrens porque consigue un pasaporte falso. Fernando Dieste que está en el campo de concentración, es un personaje imaginario, pero sí es verdad que, según mi investigación, hubo algún Dieste en los campos de concentración. No hay más que eso. La investigación no pasa de ahí. Fernando Dieste es un personaje inventado dentro del contexto, pero para mí era importante que fuera español por lo que te comentaba antes, el mestizaje. Quería a un personaje que reprodujese todas las situaciones posibles dentro de Europa. Es un español que huye a Francia, que se mezcla con la resistencia francesa, que acaba en un campo de concentración y que, en esa situación extrema, se hace amigo de un soldado alemán. Y luego, convivirá con Simon Wiesethal y se convertirá en cazanazis. Con un personaje así quería mostrar que toda esta locura no era algo local, sino que nos afectaba a todos.

M.G.- Y entre todos los personajes hay uno muy interesante y no solo por quién es sino por cómo es. Me refiero a Bruno, un hombre con síndrome de Asperger y que está muy bien perfilado. Se muestra, muy a las claras, cómo son este tipo de personas.

F.G.- Tenía claro que quería meter un personaje con estas características. Ya tenía esta idea cuando empecé a pensar en esta historia, allá con mis veinte años. Obviamente, por entonces, no tenía muy claro cómo eran este tipo de personas. Pero es curioso porque, con el tiempo, me han llegado a decir que parezco una persona con síndrome de Asperger, que tengo ciertos tics que así lo hacen pensar, porque soy muy metódico, reproduzco mucho las cosas. Bueno, salvando las distancias me puedo sentir identificado con alguien de estas características y todos ellos tienen mi respeto y admiración. Sin duda, el personaje de Bruno me gusta especialmente. 

M.G.- La horquilla temporal abarca desde 1945 hasta una pincelada de 2008. Son muchos años en los que suceden diversos y conocidos hitos históricos.

F.G.- Es algo que no me ha costado especialmente. Son sucesos que, de un modo u otro, afectan al desarrollo de la trama. Me interesaba mostrar la revolución de los claveles en Lisboa, porque era un momento de crisis significativa. En las situaciones de crisis, los nazis que huyen se sienten desprotegidos. Lo mismo ocurre cuando alguno de ellos recala en Cádiz. Llega un momento en el que perciben que se van a producir importantes cambios en España, por lo que van a dejar de sentirse arropados por el gobierno español y las autoridades. Es entonces cuando tienen que salir de su "refugio" de manera precipitada y eso convierte la labor del cazanazi en una lucha contra el reloj.

Mi intención ha sido manejar escenarios y mostrar la evolución de Europa y de los propios personajes con la idea de provocar situaciones especiales, donde la actuación del cazanazi cobrara especial importancia. 

M.G.- Suena todo como un puzle que está milimétricamente encajado.

F.G.- Yo no me pongo a escribir hasta que no tengo la estructura perfectamente hilada en mi cabeza. Al principio, todas mis ideas cuadraban razonablemente y luego, la documentación no me decepcionó, no me desbarató esas ideas. Me empecé a documentar y todo encajó.

M.G.- Lisboa, Buenos Aires, Cádiz,... Son los escenarios de la novela, en algunos casos concretos como en Lisboa y en Buenos Aires, te sumerges mucho en la ciudad, de tal modo que llevas al lector por sus calles.

F.G.- Lisboa es mi ciudad literaria. Sus calles y barrios son literatura en sí mismos y disfruto mucho la ciudad cada vez que la visito. Lisboa me parecía un escenario perfecto para desarrollar parte de esta novela. Entre otras cosas, porque en Lisboa se da la circunstancia de que el nazi siente un cierto desequilibrio. No hay un apoyo decidido por parte de las autoridades. Y tampoco hay un apoyo al cazador del nazi. 

M.G.- Y Sevilla también aparece fugazmente. De hecho aparece este hotel, el Hotel Inglaterra, en el que nos encontramos ahora mismo conversando.

F.G.- Efectivamente. A este hotel le tengo mucho cariño. Forma parte de mi propia historia y de la historia de la ciudad. 

En cuanto a Sevilla, siempre aparece en mis historias de un modo u otro. De todos modos, en este caso concreto, tenemos que tener en cuenta que León Degrelle se refugió en Constantina porque los nazis encontraron también ayuda en Andalucía. Pero como dices, es verdad, tengo tanta afinidad por mi tierra que, tarde o temprano, tienen que salir si veo la ocasión. 

M.G.- Con respecto a Cádiz, ¿quién no conoce la playa de los Alemanes? Parece mentira que un enclave tan bonito encierre una historia tan truculenta.

F.G.- Era un enclave perfecto que conocían muy bien. Toda esa parte de Cádiz era muy propicia porque podían constituirse en núcleos. Si lo pensamos, una de las cosas que tienen los nazis es que son muy gregarios y forman clanes. Por eso los grandes fracasos se han producido cuando actuaban de forma individual. Ellos pensaban que algún día podrían volver a rescatar el concepto de Reich, y para ello necesitaban un cierto poderío económico, que también se aborda en la novela con el tráfico de obras de arte.

M.G.- Ahí quería llegar yo. Si en los primeros bloques de la novela, la trama está más centrada en la persecución de nazis, en la última parte, se aborda el expolio y el robo de grandes obras de arte. Vuelve a aparecer la pintura, elemento muy común en tus novelas.

F.G.- (Risas) Te agradezco el comentario. Como bien sabes, la pintura es una de mis grandes pasiones y creo que hay un magnífico enlace entre pintura y literatura. Y has apuntado algo que a mí me resulta interesante, y me alegra que lo hayas percibido. Si nos fijamos el cazador de nazis que representa Peter Behrens es el anónimo, el que se mueve en la sombra, el que trata de obtener resultados a partir de sus pesquisas. Hannah, en el final de la trayectoria que representa la novela, se parece más al cazanazi oficial, a Simon Wiesenthal, personas que representan el concepto de justicia universal. Hannah tiene que representar un papel y dentro de ese papel, acomoda la situación para la búsqueda de resultados. No es lo mismo que Peter, que si tiene que matar a alguien en una esquina y cree que es la única forma de aplicar justicia, lo va a hacer. Hannah tiene otro tipo de condicionantes.

Y el argumento de las obras de arte, sí fue novedoso para mí. Todos hemos oído hablar del expolio de los nazis y de cómo robaron en tantos sitios, pero no sabía que había adquirido tal dimensión. Estamos hablando de más de medio millón de obras de arte robadas y algunos son robos flagrantes. No les importó convertirse en meros delincuentes.

M.G.- Por último, Fernando. La novela tiene cierto carácter periodístico. Hay fragmentos que se narran en presente como si fuera una noticia.

F.G.- Sí, es verdad. En realidad lo que pretendía era conseguir un narrador que no viviera con absoluta pasión todo lo que está contando. En algún momento de la trama, se dice que hay una serie de cuadernos que valen como documentación. Los personajes también cuentan con el testimonio de la familia, pero yo pretendía que no vivieran los hechos en primera persona, sino que hubiera un distanciamiento, que existiera una o dos generaciones entre los hechos y el narrador. Intentaba evitar que la historia se convirtiera en un melodrama y el distanciamiento también permitía criticar a los personajes porque estos personajes, son personas, no son grandes héroes que están haciendo un trabajo y se convierten en alguien superior. Es uno más de nosotros que se ve envuelto en una situación de crisis. Este narrador, que al final se descubre quien es, reúne todas las posibilidades y cualidades para poder actuar de esa manera. 

M.G.- De acuerdo Fernando, pues tengo que decirte que me ha gustado mucho leer esta novela. Me ha parecido muy interesante. Te agradezco este momento que hemos compartido y espero verte pronto de nuevo.

F.G.- Muchas gracias por tus palabras. Un placer.



Sinopsis: 'Para olvidar quién fuiste' se inicia en 1945, en plena caída de Berlín, construyendo un relato de la Europa de posguerra que nos traslada desde el campo de concentración de Mauthausen hasta la Alemania de los encubridores de criminales del nazismo, el Vaticano, la España preconstitucional y una Lisboa que recibe con júbilo la revolución de los claveles. Un marco irrepetible para la persecución sin cuartel de uno de los muchos médicos tristemente famosos por el trato que concedieron a los prisioneros de la contienda mundial.

Para olvidar quién fuiste es una historia de cazadores de nazis, personajes atípicos que dedican su vida a una causa justa que, desgastada por el paso del tiempo, acaba adquiriendo resonancias de venganza. Y es en los personajes, perseguidores y perseguidos, donde se cimienta esta novela. Porque los primeros, personas tan corrientes como extraordinarias, dan vida a una anómala saga familiar, mientras los segundos constituyen el retrato fijo del clan en fuga.

Será el encuentro casual de sus dos vástagos el percutor que active el desenlace en el mejor escenario posible: la Patagonia, el refugio de los huidos, el remedo de la Europa que éstos añoran.