miércoles, 31 de enero de 2018

VERÓNICA (TERROR - 2017)

Año: 2017

Nacionalidad: Española.

Director: Paco Plaza.

Reparto: Sandra Escacena, Bruna González, Claudia Placer, Iván Chavero, Ana Torrent, Consuelo Trujillo, Sonial Almarcha, Maru Valdivieso, Leticia Dolera, Ángela Fabián, Carla Campra, Samuel Romero.

Género: Terror

Sinopsis: Inspirada en una historia real sucedida en el madrileño barrio de Vallecas en los años 90. Tras hacer una ouija con unas amigas, una adolescente es asediada por aterradoras presencias sobrenaturales que amenazan con hacer daño a toda su familia.

[Fuente: Filmaffinity]



Para ser el género cinematográfico que más me gusta hace mucho tiempo que no asoma una película de terror por aquí. Debe ser que, con los años, me voy volviendo más miedosa pero no me he podido resistir a este largometraje. Especialmente porque me ha sorprendido que Verónica sea una de las candidatas a llevarse el Goya a la Mejor Película en la gala que tendrá lugar el próximo sábado. No recuerdo muchas películas de este género como candidatas así que, algo tenía que tener para acabar entre las cinco favoritas. Motivo suficiente como para sentarme a verla.

Verónica comienza con una llamada desesperada al teléfono de emergencias. Estamos en Madrid y llueve copiosamente la noche del 15 de junio de 1991. Pasada la una de la madrugada y alertados por la llamada de socorro en la que se escucha a una niña gritar, la policía se persona en el domicilio. La vivienda está a oscuras y todas las cosas están rotas y tiradas por el suelo. Al final del pasillo, justo tras una puerta cerrada, la policía encontrará una escena insólita.

Tras esta introducción, la acción se retrotrae al jueves, 12 de junio de 1991. Verónica es una joven de quince años que tiene que hacerse cargo de sus tres hermanos pequeños, Lucía, Irene y Antonio. Desde que el padre falleció y la madre trabaja día y noche en un bar del barrio, la joven, aficionada a las revistas de misterio, se ha encargado de cuidar y atender a sus hermanos pequeños. Es una joven responsable, madura y atenta pero que se siente sola, sin un hogar al uso, donde los padres gestionen la familia. Tan solo en el instituto, un centro educativo religioso, encontrará algo de calor junto a su amiga Rosa.

Un día, Verónica, Rosa y Diana, otra compañera de clase, deciden jugar a la ouija en el sótano del colegio. Lo preparan todo, y entre bromas y risas comienzan el ritual. Verónica quiere contactar con su padre fallecido tiempo atrás pero la sesión no acaba bien y la joven sufre un desmayo. A partir de este momento, la vida de la joven cambiará radicalmente. Comenzará a actuar de forma extraña, con temblores y convulsiones, a sufrir terribles pesadillas, aparecerán marcas de dedos en algunas partes de su cuerpo y empezará a sentir presencias a su alrededor. Además, en su casa se produce un suceso paranormal tras otro, como golpes, ruidos, puertas que se abren y se cierran solas, sombras en la pared, figuras que se vislumbran a través del cristal esmerilado de puertas y ventanas, objetos que se caen solos, pero todo ello única y exclusivamente en ausencia de la madre de la joven.

Y así transcurrirán los siguientes tres días hasta que la acción llega al punto de inicio de la película, a esa noche lluviosa del 15 de junio de 1991, cuando en plena madrugada se persona la policía tras esa llamada de emergencia. Lo que ocurrió antes, durante y después de ese hecho, lo tendrás que descubrir en el caso de que te atrevas a ver la película. 

Este es grosso modo el argumento de Verónica, una película de Paco Plaza (REC) inspirada en un hecho real pero ocurrido en una fecha distinta, con protagonistas de distinto nombre y con algunas licencias más. Toda la información que figura en el informe policial redactado por el inspector a cargo del caso ha servido de base para reconstruir los sucesos narrados. Pero existe muchísima información al respecto en Internet. Páginas y páginas han recopilado diversas teorías, hipótesis, y han desvelado información que, al parecer, se mantenía oculta. Hasta el mismo Iker Jiménez abordó este caso en uno de los programas de Cuarto Milenio. Basta con poner 'Expediente Vallecas' en el buscador de Google para que te aparezcan más de cincuenta mil resultados. Y así, el caso Vallecas es el trasfondo de esta película cuyo argumento no es totalmente redondo. Hay 'obstáculos' que se salvan sin explicación alguna, los personajes a veces reaccionan de un modo absurdo y quizá lo que menos me ha gustado, la presencia de una monja ciega, un tanto esperpéntica, que no aporta absolutamente nada, salvo por su aspecto, decrépito y mortecino, de ahí que los alumnos le denominen Sor Muerte. 

Verónica es una película que, a mi juicio, va de más a menos. A mí me ha inquietado mucho más la primera mitad de la película, cuando los acontecimientos paranormales empiezan a intuirse pero aún no se han vuelto virulentos, cuando el espectador sabe que algo extraño va a ocurrir y se siente nervioso, inquieto, con el miedo metido en el cuerpo. Sin embargo, en el avance del largometraje,  cuando los hechos están en plena apoteosis, la historia dejó de impactarme. Y es que la imaginación es muy poderosa y puede superar a la realidad, o al guion en este caso. De todos modos, la película se deja ver y juega a favor el hecho de estar inspirada en un suceso real. 

En cuanto a los personajes, no es una película que destaque por sus interpretaciones. Debuta Sandra Escacena en el papel de Verónica, un papel complejo por lo que entraña pero que tampoco brilla en exceso. Encontraremos también a una casi invisible Leticia Dolera y una casi desaparecida de escena Ana Torrent, si no fuera por un par de cortos en los últimos años. Creo que, en este tipo de películas, más que las interpretaciones, lo que realmente resulta efectivo es el uso de los claroscuros, el manejo de la luz y las sombras, y por supuesto, los efectos de sonido. Todos sabemos que, en las películas de terror, la sorpresa es fundamental. Hay que sobrecoger al espectador y para ello se recurre a ensordecedores sonidos que acompañan los momentos de máxima tensión. Verónica cuenta con unos cuantos sobresaltos de este tipo y que te obligarán a taparte la cara con las manos.

Algo que me ha gustado muchísimo en este largometraje es lo cuidado que están los detalles. Los hechos ocurren a principios de los años 90 y todo, desde el vestuario, el menaje y la vajilla de la casa de Verónica, los anuncios en televisión,... corresponden a aquellos años. Es más he podido reconocer dos objetos que me han recordado perfectamente a aquella época, por un lado el juego de luces Simón y por otro un reloj-despertador en forma de gallina que yo también tenía en casa. En este sentido se nota que se ha querido contextualizar la trama, lo que consigue que el espectador viaje en el tiempo y se integre en el argumento.

Y hablando de sonidos, sabed que buena parte de la banda sonora se compone de canciones de Héroes del Silencio, grupo favorito de Verónica, a lo que hay que sumar otro temas de ambiente que recuerdan mucho a las bandas sonoras de antiguas películas de terror americanas.

En fin que, más allá del morbo que produce saber que Verónica está inspirada en hechos reales, no deja de ser una película de terror más, con jóvenes imprudentes y apariciones del otro lado. Empezó muy bien pero me fui desinflando poco a poco. Aun así, para una noche de palomitas en compañía, eso sí, bien puede valer. ¡Ojo!, a la gente le ha encantado.




Trailer:












martes, 30 de enero de 2018

PATRICIA BENITO: "El secreto de la felicidad es querer lo que tienes"

Muchos sabéis que la poesía es mi género pendiente. No acostumbro a leer poemarios y mal que me pesa. Sin embargo, nunca digo no a conocer a todo aquel que se lanza al mundo de los versos, que se atreve a transmitir en pocas líneas lo más íntimo y personal. Para ello hace falta valentía y mucha sensibilidad, dos cualidades que me consta que posee Patricia Benito, una joven nacida en Las Palmas, a quien la poesía ha llegado en forma de aluvión convirtiéndola en una nueva voz emergente. 

Patricia visitó Sevilla hace unas semanas para presentar su debut con su libro Primero de Poeta. Casi sin creerse lo que le estaba ocurriendo, compartimos confidencias.

Marisa G.- Patricia encantada de conocerte. 

Patricia B.- Igualmente. Un placer estar en Sevilla.

[Imagen de Instagram @labenitoescribe]
M.G.- 'Primero de poeta' es tu primer libro, un libro que, en principio, escribiste para ti pero luego decidiste compartir con tu familia y más tarde subirlo a Amazon.

P.B.- Sí, mi editora me encontró justo en Amazon. El libro empezó a figurar entre los destacados y fue entonces cuando me llamó la editorial Aguilar para reeditarlo. Pero todo empezó con una foto que subí a Instagram, la de 'Vive, joder. Vive'. Se hizo viral. Yo había  hecho una tirada de trescientos ejemplares y a raíz de esa foto tuve que volver a editar más libros, como cuatro o cinco veces. Hasta que la editorial me captó.

M.G.- Cuando lo subiste a Amazon ni se te pasó por la cabeza que todo esto iba a ocurrir.

P.B.- No, no, para nada... Lo subí porque quería aprender a maquetar. Lo puse bonito y para Navidades se lo regalé a mi familia. También lo coloqué en una tienda on-line de libretas que llevaba. Pensé que si vendía alguno pues estupendo. Pero mi sorpresa fue que en una semana se vendieron los trescientos ejemplares y luego tuve que volver a encargar más. Hasta dos mil y pico.

M.G.- De todos modos, esto de escribir surgió cuando asistes a un recital, si no estoy mal informada, ¿no?

P.B.- Sí. Asistí a un recital de Escandar Algeet en Logroño porque me habían encargado comprar un ejemplar de su libro. Llegué tarde, después de salir de trabajar, y me quedé prendada. En primer lugar de él como persona porque es impresionante y luego porque descubrí que había una forma de expresarse distinta a todo lo que yo conocía. 

Siempre he sido muy cerrada a la hora de hablar de sentimientos. Además, por entonces estaba pasando una época complicada. No sentía nada, ni tristeza ni felicidad. Pero fue acudir a aquel recital y sentir que quería escribir cosas que no había escrito nunca, volví a sentir, y las cosas empezaron a hacerme ilusión. Escandar me hizo ver que todo podía ser distinto y tenía razón. Comencé a ver las cosas de otro modo, a escribir casi compulsivamente. Si estaba de paseo me quería ir a mi casa porque quería escribir y contar todo lo que sentía. Fue muy sorprendente para mí porque es que yo ni siquiera había escrito el típico diario adolescente. Y cuando tuve mucho material, lo junté y lo puse bonito. Solo por curiosidad.

M.G.- Se podría decir que fue la poesía la que vino a buscarte y no al revés.

P.B.- Sí. Todo lo que me está pasando con el libro es así. Tengo una amiga que dice que el libro tiene magia y camina solo, y es verdad. Yo acompaño al libro a los actos, a las presentaciones,... pero el que tiene vida es él. 

Creo que la poesía llegó en un momento en el que yo necesitaba una salida. Supuso luz para mí, como si hubiera estado durante mucho tiempo dentro de un cuarto oscuro y de repente alguien abre una ventana.

M.G.- ¿Pero tú eras lectora de poesía?

P.B.- No, no, no.... He sido lectora de novela negra o histórica toda la vida pero de poesía no. Nunca había conseguido enamorarme de la poesía. Supongo que se debe a que es un género al que te tienen introducir bien o te lo encuentras de repente como me ha pasado a mí. Tiene que haber alguien o te tiene que pasar algo que active esa parte de ti. Ahora sí leo mucha poesía e intento disfrutarla como una enana.

M.G.- ¿Y qué poesía lees?

P.B.- Intento leer a muchas mujeres como Ana Pérez Cañamares, que me encanta. En cuanto a los hombres, Ángel González, Luis García Montero, Benjamín Prado,... A todos ellos los tengo muy cerca de mi cama.

M.G.- Escandar Algeet es el que te hace el prólogo y dice de ti: '... Patricia ha dibujado su camino con tizas de colores que se difuminan al primer beso'. Dice unas cosas preciosas.

P.B.- Sí, tengo el prólogo más bonito del mundo. Escandar es muy buena gente. Él tiene un bar que se llama Aleatorio en Madrid donde hacen muchas actividades culturales y se hacen recitales de poesía. Y Carlos Salem, un amigo suyo que también es poeta, dice que Escandar ha abierto más mentes que botellines de cerveza. Y  es verdad porque Escandar te hace desaprender, un término que él usa mucho y a mí me encanta. Él consigue que te sientes y te plantees si todo lo que tienes en tu vida es lo que realmente quieres o porque la sociedad te ha guiado hasta ahí. Es maravilloso todo lo que dice.

M.G.- Pues sí que es bonito pero te diré que a mí tu libro me ha conquistado ya desde la biografía. Es muy buena. Me ha parecido muy emotiva y muy intimista, porque, ¿la poesía obliga siempre a desnudarse emocionalmente?




P.B.- Sí, no hay otra manera. La poesía tiene que tener verdad y para que haya verdad te tienes que abrir en canal. De otro modo no tiene mucho sentido. Además es que, en mi caso, la poesía la escribo para mí y si no lo hago a pecho descubierto no me sirve de nada y mucho menos lo va a entender la gente que lo lea. 

M.G.- Claro porque no olvidemos que todos estos poemas, en principio, eran para ti.

P.B.- Claro, claro. En teoría nadie iba a leer esto, ni siquiera cuando ya decidí que lo iba a poner como libro. No se lo enseñé a nadie porque era una época en la que estaba muy insegura. Me daba miedo tener una mala crítica o no tener ni siquiera la valoración suficientemente positiva como para seguir adelante. Sin embargo, yo necesitaba sacar aquello fuera y por eso no se lo mostré a nadie  hasta que ya estaba el libro hecho, hasta que ya no había marcha atrás. 

M.G.- Bueno Patricia, ¿y qué cuentan tus versos?

P.B.- Eso es muy difícil de responder pero podríamos hablar de que hay tres temas. Por un lado, vive el momento, pero no el carpe diem de tírate en paracaídas, sino el aprovecha el momento que estás viviendo ahora, este cuarto de hora, este rato. No estés pensando en lo que vas a hacer mañana ni estés pensando tampoco en lo que vas a dejar de hacer porque siempre vamos a tener peros. Si quieres hacer algo, hazlo. Luego también hablo de mí porque he querido analizarme, intentar mirarme dentro.  Cuando empecé a escribir me sentía muy chiquita. Hay mucho de auto-análisis. Y por último, hay auto-crítica amorosa. Mi poema preferido es 'Pero no de ti' y habla un poco de eso. Yo intentaba entender qué funcionaba mal en mi relación y me di cuenta que yo a veces me enamoro de las expectativas, no de la persona que tenía delante sino de lo que yo quería conseguir con esa persona. Ahí me di cuenta que yo no sabía querer bien y que estaba buscando otra cosa. En definitiva mis poemas hablan de amor, desamor, y vida.

M.G.- ¿El libro te ha servido para crecer?

P.B.- Sí, soy otra persona. A ver soy la misma porque me siguen gustando los macarrones con queso (risas) pero sí veo la vida de otra manera. He aprendido a equivocarme y a que eso no me dé miedo. Porque, además, hagas lo que hagas siempre va a ver alguien a quien no le guste. Lo importante es que te guste a ti. He aprendido a relativizar. Antes me costaba media vida decidir cualquier cosa y ahora no. Una vez que dejas de sentir miedo, te sientes mucho mejor.

M.G.- La frase que se hizo viral 'Vive, joder. Vive' es una frase potente. Es una orden que te diste a ti misma pero que sirve de orden para los lectores.

P.B.- Sí. Esa frase surgió un día que salí de trabajar del hospital, en la Unidad del Dolor. Fue un día muy duro y empecé a sentir rabia por la gente que podía vivir y no lo estaba haciendo, sino que perdía el tiempo quejándose por chorradas. El secreto de la felicidad es querer lo que tienes y no querer más. Si quieres más, pues lo buscas y si no, pues no pasa nada. Las cosas pequeñas son las que merecen realmente la pena. ¿Para qué quieres una casa enorme si al final solo necesitas una cama, un pijama,...? Una vez le preguntaron a Ricardo Darín por qué no se había ido a trabajar a Hollywood y respondió que para qué, si él tenía una ducha caliente todos los días. Y es verdad. 

M.G.- Cierto. Y  en cuanto a la estética, el libro está muy cuidado. Cuenta con citas de Bukowski, fotos en blanco y negro,... ¿El libro que tenemos hoy es tal cual tú lo hiciste para tu familia?

P.B.- El libro original era un poquito más pequeño y las fotos no estaban, aunque son todas mías. Pero el diseño, la bio, la cubierta,... todo eso es igual.

M.G.- Lo cuidaste mucho.

P.B.- Me lo curré mucho, sí.

M.G.- Ahora hay un boom muy potente en cuanto a poesía. Están saliendo mucha gente joven que escribe y también hay mucha gente joven que está leyendo poesía. Hace unos meses yo hablaba con una chica poeta, una chica, digamos, más tradicional en el verso, y comentábamos la corriente actual, gente que escribe sin patrón. Me hizo gracia porque ella denominó esta nueva corriente como 'poesía-pop'.

P.B.- He escuchado tres o cuatro nombres pero este de 'poesía-pop' me gusta. A mí esto ya no me afecta. Puedo entender que haya gente que este tipo de poesía no le guste, que no conecte con ella, porque a mí misma me pasa. Poemas de gente más joven que yo, que escriben sobre cosas por la que yo ya he pasado y olvidado, no me enganchan. Pero eso es una cosa y otra distinta es catalogar ese tipo de poesía como una mierda. Lo de uno ni es mejor ni peor que lo de otro. Además también tenemos el derecho a equivocarnos. No porque sea malo lo tengo que guardar. Ya aprenderé. Sería un error parar esta corriente porque hay gente que está leyendo y comprando libros. Eso es maravilloso.

M.G.- Estoy totalmente de acuerdo. Es que este tipo de poesía está llegando a más gente que los poetas clásicos de toda la vida. Todo es positivo.

P.B.- Hay gente que dice que esto es una moda y seguramente lo será pero cuando pase ya se verá lo que queda. De un autor puedes saltar a otro o, como en mi caso, yo no leía poesía y ahora sí. La cuestión es aprender y descubrir. 

M.G.- La vida te ha llevado por muchos caminos, algunos muy curiosos, ¿vas a seguir en la senda de la poesía o crees que esto ha llegado a su fin?

P.B.- Creo que me queda un ratito más en este camino pero no tengo ninguna meta. Además tampoco quiero forzarme ni publicar otro libro ahora, de manera inmediata. Si me tengo que forzar a escribir, no será verdad y eso no lo quiero. Prefiero no hacerlo. Si tan solo me quedo en un libro, pues bienvenido. Que sale otro porque tengo necesidad de escribirlo y cuando lo escriba además creo que merece la pena que se conozca, pues bienvenido también.

M.G.- Una curiosidad Patricia. En los agradecimientos mencionas las tiendas Natura, ¿y esto?

P.B.- Ah, sí (risas). Eso fue porque, cuando auto-edité el libro, me fijé que el perfil de Natura en Facebook había compartido la foto del 'Vive, joder. Vive' y les mandé un mensaje para agradecérselo. Me contestaron que el jefe, en las reuniones semanales, siempre sacaba el texto como elemento motivador y me pareció tan divertido que les mandé un libro en papel. A los días recibí un mensaje para darme las gracias y me preguntaron que por qué no lo vendía. Les expliqué que, siendo un libro auto-editado, no lo podía poner ni en librería ni en grandes superficies. Fue entonces cuando ellos se ofrecieron a venderlo en sus tiendas. Yo no lo sabía pero estaba hablando con el dueño de Natura. Me compró unos libros y los puso a la venta. Si los vendía bien y si no, pues se iba a quedar con aquella inversión. Se portó muy bien conmigo. Es un negocio que no ha perdido la esencia, hacen muchas cosas de ámbito social y a mí me ayudaron, por eso quería que aparecieran en los agradecimientos.

M.G.- Una historia divertida y curiosa. Pues Patricia, yo te deseo toda la suerte del mundo. Espero poder verte pronto con 'Segundo de poeta'.

P.B.- (Risas) Eso ya se verá. Muchas gracias a ti.

La vida está llena de sorpresas y de eso Patricia Benito sabe mucho. De no leer poesía, ahora se ha convertido en un referente con un pensamiento claro y una voz segura. Sus poemas bien podrían ser los nuestros. Y ahí reside la magia de este Primero de poeta. Y para muestra, Cuando estés aquí.









Ficha novela

Editorial: Aguilar.
Colección: Verso y Cuento.
Encuadernación: Tapa blanda con solapas.
Nº Páginas: 144
Publicación: Abril, 2017
Precio: 12,90€
ISBN; 9788403517455
Disponible en e-Book




lunes, 29 de enero de 2018

EL DÍA QUE SE PERDIÓ EL AMOR de Javier Castillo

 Editorial: Suma de Letras.
 Fecha publicación: enero, 2018.
 Precio: 17,90 €
 Género: Thriller.
 Nº Páginas: 432
 Encuadernación: Tapa blanda con solapa.
 ISBN: 9788491291732
 [Disponible en eBook;
 puedes empezar a leer aquí]

Autor

Javier Castillo creció en Málaga, se diplomó en empresariales y estudió el máster en Managemenet ESCP Europe en el itinerario Madrid-Shanghái-París. Ha trabajado como consultor de finanzas corporativas. 

El día que se perdió la cordura, su primera novela, lleva vendidos más de 100.000 ejemplares, ha traspasado fronteras –Italia prepara un gran lanzamiento- y se publicará en México y Colombia. 
Asimismo los derechos audiovisuales han sido adquiridos para la producción de la serie de televisión.
Sinopsis


A las doce de la mañana del 14 de diciembre, una joven llena de magulladuras se presenta desnuda en las instalaciones del FBI en Nueva York. El inspector Bowring, jefe de la Unidad de Criminología, intentará descubrir qué esconde una nota amarillenta con el nombre de una mujer que horas después aparece decapitada en un descampado. La investigación lo sumirá de lleno en una trama en la que el destino, el amor y la venganza se entrelazan en una truculenta historia que guarda conexión con la desaparición de una chica varios años antes y cuyo paradero nunca pudo descubrir.

Un año después de los sucesos ocurridos en Boston, Jacob y Amanda intentan comenzar una nueva vida juntos en Nueva York, pero la aparición de una enorme espiral pintada en la pared del salón de su casa dilapidará para siempre sus planes de futuro.
[Información tomada directamente del ejemplar]
 

Javier Castillo está viviendo un sueño. Parece que la vida se le ha puesto de frente y no hace más que saltar de proyecto en proyecto y de éxito en éxito. Debutó en el panorama literario con El día que se perdió la cordura, una novela que ha contado con una legión de lectores, de la que ya se han vendido los derechos para una serie de televisión y que está siendo traducida a varios idiomas. Fue la primera entrega de una historia que el autor había concebido inicialmente como una trilogía pero que, al final, se ha visto reducida a dos volúmenes, tal y como nos explicó en la entrevista que nos concedió (puedes leer aquí). Y es ahora, con la segunda entrega, cuando cierra las vidas de Stevens, Amanda, Jacob, Kate y Carla, atando los cabos que quedaron sueltos en la primera parte y explicándonos el origen de una secta, germen de la historia y culpable de todas las desdichas de sus protagonistas.

El día que se perdió el amor tiene un inicio tan impactante como la anterior novela. Una chica de unos veinte años, desnuda y con mal aspecto, llega a las puertas del FBI en Nueva York. En su mano porta un montón de papelitos amarillos en los que figuran nombres y fechas. Asegura además que puede ver el futuro. El encargado de la investigación será el inspector Bowring, un hombre al que le persigue la sombra de un caso sin revolver, la desaparición de Katelyn Goldman hace siete años, y de la que no se ha vuelto a saber nada. La aparición de esta joven desconocida lo desconcierta durante el interrogatorio, así como el descubrimiento del cadáver de la joven Susan Atkins, ambos hitos serán el detonador de este hilo argumental, que zambullirán al inspector en la investigación más compleja de su carrera. 

Por otra parte, Jacob Frost y Amanda están más felices que nunca aunque parecen estar en constante huída. La pareja de enamorados viven juntos y se están preparando para ir a visitar a Stevens, padre de Amanda, a la cárcel cuando la vida da un giro descomunal. Jacob recibe un mensaje de voz muy perturbador y al mismo tiempo advierte que hay una espiral pintada en la pared de una de las habitaciones de la casa. Intuye que el pasado les ha vuelto a dar caza y todo se complica aún más cuando un tipo encapuchado sale de la nada y ataca a Amanda, hiriéndola de muerte.

Además, sabremos que Carla lleva cinco años viviendo en un monasterio, integrada en una comunidad. Prácticamente la vida que ha conocido es la que ha tenido en el interior de aquellos muros, acompañada por el resto de los miembros de la secta y a cargo de Bella, la fundadora de la congregación. Allí llegó a los 7 años de edad, tras el accidente que sufrió su familia y que la dejó sola en el mundo. Carla parece feliz aunque en su interior algo parece inquietarla, presiente que su vida no es tal y como se la han contado. En una visita a la biblioteca descubre un papel dentro de un libro, en el que hay escrito 'Te quiero'. La curiosa nota la intriga y comienza a indagar por zonas del monasterio que están vetadas a los miembros másvenes.

Estos son los tres pilares sobre los que se sustenta el argumento de El día que se perdió el amor. Cada uno de ellos irá avanzando en una dirección, de manera individual, hasta el punto en el que coincidirán en el tiempo y en el espacio. Estamos ante un thriller con un ritmo frenético en muchos capítulos, siendo estos, por regla general, de corta extensión, una estructura que contribuye a dar vertiginosidad a la trama. La historia que se narra en El día que se perdió el amor es una carrera contra el reloj, en la que cada minuto cuenta. El paso de la vida a la muerte, tan presente en esta novela, pende de un hilo en muchos momentos, situaciones en las que los personajes tienen que actuar con rapidez para evitar las terribles consecuencias. 

Uno de los puntos que más valoro cuando me enfrento a una secuela es la habilidad del autor para refrescar la memoria del lector. A menos que hayas leído cada entrega de una saga, una detrás de otra, lo habitual es que transcurran varios meses, incluso años, entre una lectura y otra. Así, puede ocurrir que algunos detalles importantes de la historia puedan llevar a evaporarse en nuestra memoria y resulta imprescindible que en las entregas sucesivas nos resuman lo que ha ocurrido en la anterior. En El día que se perdió el amor, la historia se inicia sin mucha información de refresco y eso puede dificultar un poco seguir el hilo al relato, pero Javier Castillo sabe que es importante y encuentra los momentos oportunos en la narración para ir intercalando pequeños resúmenes de lo que ha ocurrido en el pasado. He de reconocer que lo hace bien, que elige el punto exacto de la trama en la que se hace necesario el recordatorio y así, paso a paso, vamos construyendo en nuestra cabeza el argumento de la novela anterior que encaja perfectamente con el de esta nueva entrega. 

Nos esperan giros sobresalientes y muy inesperados, tanto que en alguna ocasión me reído por lo bien que me la ha jugado el autor. Algunos pasajes están cargados de muchísima tensión que consiguen atraparnos con intensidad. Es cierto que no todo es impredecible en la novela. Al menos, en mi caso, tardé catorce capítulos de los cincuenta y siete, en intuir quién era la chica desnuda que se persona ante las puertas del FBI. Tampoco es extraño pues el autor deja caer algunos detalles que nos pueden ayudar a establecer alguna conexión. Y es justo añadir que hay partes del argumento muy bien pergeñados, donde los personajes reaccionan con habilidad, donde su comportamiento es muy creíble, donde las pequeñas triquiñuelas que se usan en este género no están metidas con calzador.

Por otra parte, los personajes están bien trazados. Concretamente me ha gustado mucho el inspector Bowring, un tipo con una vida anodina, entregado a su trabajo, hastiado y que ha perdido toda la ilusión. Se siente un fracasado y cree haberse fallado a sí mismo, pues el caso sin resolver de Katelyn Goldmann supone para él una tortura, algo con lo que le cuesta vivir. Su faceta profesional se mezcla con algún drama personal de su pasado, un lastre que va arrastrando y que le ha dejado huella. Todo esto lo hace un personaje muy humano, profundamente afectado por los hechos que dan pie a la investigación que dirige, temeroso de las consecuencias, desconfiado y desconcertado.

Y en el otro extremo está Jacob. No se puede obviar que este thriller cuenta con una importante carga de romanticismo, no en balde la palabra 'amor' figura en el título. Su pasión por Amanda es tan intensa que se convierte casi en desquiciada y eso nos conduce a momentos excesivamente almibarados para mi gusto. Amanda es la razón de vivir para Jacob, es su todo, la ama por encima de todas las cosas y está dispuesto a dar su vida por no perderla como ya le ocurrió en el pasado. Toda esta pasión es admirable pero en la novela se desborda sin remedio y convierte a Jacob en un personaje demasiado intenso.

Pero el personaje que más intriga y suspense genera en la novela es la desconocida chica del primer capítulo.  Prácticamente será una importante incógnita a largo del grueso de la novela, lo que fomenta el juego de las adivinanzas en el lector. ¿Quién es esa joven? ¿De dónde sale? Bueno, eso es algo que tendrás que averiguar con la lectura. Solo te diré, que los hechos casan unos con otros y que, al final, lo que es realmente importante en la novela termina por encajar.

El día que se perdió el amor vuelve a desarrollarse en Estados Unidos, más concretamente en Nueva York, Salt Lake y Quebec. Dos de las tres subtramas tienen lugar entre el 14 y el 15 de diciembre mientras que la tercera ocurrirá nueve año antes. De este modo, los hilos temporales se van alternando, y los capítulos, de corta longitud como ya he comentado,  suelen finalizar con el suspense por las nubes. La tensión narrativa no lleva al punto del cliffhanger pero sí cuentan con intriga suficiente como animar al lector a seguir leyendo, avanzando un capítulos más, uno más, uno más,...

De igual modo se alternan también las voces narrativas. Jacob será el único que nos cuenta la historia en primera persona con lo que tendremos su visión más personal de los hechos. El resto de las subtramas será narrado por un narrador en tercera persona. De este modo, la historia adquiere una dimensión muy global.

Con la prevalencia del diálogo sobre la narración, varios hilos argumentales y temporales, personajes bien perfilados, mucha acción y mucha intriga, El día que se perdió el amor es una digna continuación a la anterior novela del autor malagueño, que cierra con éxito una historia que comenzó con un sueño y empezó a nacer en los trayectos de un tren.


 



[Fuente: Imagen de la cubierta tomada de la web de la editorial]

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