viernes, 30 de octubre de 2015

LO BELLO Y LO TRISTE de Yasunari Kawabata.


Editorial: Planeta.
Colección: Lectura+
Fecha publicación: noviembre, 2010.
Nº Páginas: 320
Precio:  14,95 €
Género: Novela.
Edición: Rústica sin solapas.
ISBN: 978-84-08-09687-0



Autor

Yasunari Kawabata nació en Osaka en 1899. Huérfano a los tres años, insomne perpetuo, cineasta en su juventud, lector voraz tanto de los clásicos como de las vanguardias europeas, fue un solitario empedernido. Escribió más de doce mil páginas de novelas, cuentos y artículos, y es uno de los escritores japoneses más populares dentro y fuera de su país. Mantuvo una profunda amistad con el escritor Yukio Mishima, del que fue su mentor y difusor. Recibió el Premio Nobel de Literatura en el año 1968. Entre sus obras, muchas de ellas marcadas por la soledad y el erotismo, destacan La bailarina de Izu, El maestro de Go, Lo bello y lo triste, Mil grullas, País de nieve, El rumor de la montaña e Historias de la palma de la mano. Kawabata se suicidió a los setenta y dos años.

Sinopsis

Impulsado por la nostalgia, Oki Toshio, un escritor casado, decide viajar a Kioto para oír las campanas del templo en el Año Nuevo. Pero además quiere ve a Otoko, antigua amante a la que había humillado. Todavía hermosa, Otoko, ahora pintora, vive con su protegida Keiko, una joven amoral, sensual y apasionada de apenas veinte años. Y lo que comienza como un reencuentro sentimental entre el maduro Oki y la discreta Otoko se convertirá, por voluntad de Keiko, decidida a vengar a su mentora, en un cruel drama de amor y destrucción.

[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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Lo bello y lo triste del japonés Yasunari Kawabata es la primera lectura que hemos afrontado en este nuevo curso del club de lectura. Ya el año pasado nos dieron la oportunidad de leer El rumor de la montaña pero a mí se me complicó tanto la cosa que al final no pude ni abrir la cubierta. Así que, este es mi primer acercamiento a la literatura de este autor.

Adentrarse en la literatura japonesa, o simplemente en novelas ubicada en esos lares, es una experiencia diferente. Lo primero que nos va a impactar es el enorme choque cultural que experimentamos, algo de lo que hablaré más adelante. Pero primero, ¿de qué trata Lo bello y lo triste?

Oki Toshio es un hombre de cincuenta años, escritor, casado y padre de dos hijos, que decide emprender un viaje en solitario desde Tokio a Kioto. Su intención es asistir al ritual de las campanadas  cuyo sonido da paso al nuevo año. Pero en realidad, su auténtica intención va mucho más allá de oír las campanadas. Lo que verdaderamente quiere Oki es reencontrarse con Ueno Otoko, una joven pintora de treinta y nueve años, bastante reconocida, con la que Oki mantuvo una relación veinticuatro años atrás, cuando él ya estaba casado y era padre de su hijo Taichiro. Fruto de aquella relación, Otoko, que entonces tenía dieciséis años, dio a luz a una niña que nació muerta. Los acontecimientos se precipitaron. La relación se rompió y Otoko paso por un momento muy delicado en el que puso en jaque su propia vida. Dicen que el tiempo lo cura todo. De cara a la galería parece que Oki y Otoko terminaron de sanar sus heridas pero el reencuentro demostrará que no todo resulta tan fácil.

A una trama en la que parece que el renacimiento de un antiguo amor es el pilar fundamental, se unen otros personajes que provocarán un giro en el argumento. Otoko convive con una joven discípula de nombre Keiko a la que no le hace nada de gracia la aparición de Oki tantos años después. La relación entre ambas es algo peculiar o, al menos, a mí me lo parece. A este respecto no todos los asistentes al club estábamos de acuerdo. Muchos veíamos un nexo mucho más intenso que el que se puede establecer entre maestro y discípulo, aunque la forma de narrar de Kawabata es tan sutil, que lo máximo que podemos hacer es suponer. En cualquier caso, yo he visto entre estas dos mujeres un comportamiento íntimo que viene desvelado por las miradas, los gestos, los roces,...

A su vez, Taichiro, el joven hijo de Oki, llega a formar parte de un entremado en el que los celos están a flor de piel.  Él será la pieza clave en la venganza que, según nos cuenta la sinopsis, Keiko quiere llevar a cabo. 

No desvelo más. Solo os diré que el argumento de Lo bello y lo triste se mueve en dos planos temporales. El presente de la novela enmarcado por la visita de Oki a Kioto y el reencuentro de este con la joven Otoko, lo que dará pie a que ambos personajes retornen a su pasado y nos descubran lo que ocurrió veinticuatro años atrás cuando tuvieron una relación. 

Y decía al principio de la reseña que lo primero que nos impacta de esta novela es el choque cultural al que tenemos que hacer frente. Cuando leemos sobre la cultura china o japonesa, todo nos resulta llamativo. Arraigados a sus tradiciones y rituales a lo largo de los milenios, resulta del todo inevitable indagar más en todos esos aspectos culturales que la literatura nos descubre. En Lo bello y lo triste se nos  habla de templos, jardines, cementerios, colinas, montes,... y ese ritual que aparentemente mueve a Oki a viajar a Kioto, ciudad en la que ciento ocho campanadas suenan  para dar la bienvenida al año nuevo.




El argumento de Lo bello y lo triste no puede leerse con los ojos occidentales. Hay que entender su cultura, y más aún su forma de pensar, de encarar el mundo y especialmente las relaciones que se establecen entre las personas, entre los hombres y las mujeres, el tratamiento de la infidelidad, el amor, los celos,... De otro modo, habrá escenas que nos resulten inverosímiles y que nos cueste trabajo entender. 

Porque esta novela abarca asuntos de hondo calado. Los principales temas serán el amor y la venganza, siendo esta última una cuestión que deriva de los celos o del miedo a perder aquello que uno considera propio. El amor viene a representarse en forma de triángulo aunque más tarde se convertirá en una figura geométrica mucho más compleja. 

En la novela de Kawabata, el amor asoma en más de una vertiente. Existe el amor puro, intenso, fiel y duradero que, con el paso de los años se ha vuelto muy idealizado. Ese es el que siente Oki y Otoko, un amor anclado en el pasado y al que los personajes se aferran como símbolo de una felicidad perdida. Por otro lado, tendremos el amor de Keiko, un amor enfermizo, obsesivo, insano y que solo arrastra a sus protagonistas a la destrucción más absoluta. Y quizás habría que precisar que existe un tercer tipo de amor, pero lo dejo ahí.
 


Y junto al amor y a la venganza, también tendrán cabida en la novela otras cuestiones como los celos que sienten Fumiko y Keiko, sobrellevados de manera distinta por cada una de ella. Y la soledad que tanto experimenta Oki, habiendo recorrido ya la mitad de su vida. Y la muerte, un tema muy recurrente y que nos recordará constantamente esa niña que Otoko perdió siendo adolescente. La muerte y su aceptación, lo que conlleva y lo que significa en la cultura japonesa dista  mucho de la concepción que tenemos en la cultura occidental. Todos estos temas quedarán patentes en una novela que nos conduce a un desenlace lleno de matices. ¿Cuántas interpretaciones podemos extraer del punto y final que Kawabata pone a su novela? Se me ocurren tres distintas y todas factibles. 

miércoles, 28 de octubre de 2015

SUITE FRANCESA (DRAMA - 2015).

 

Año: 2014.

Nacionalidad: Reino Unido.

Director: Saul Dibb.

Reparto: Michelle Williams, Matthias Schoenaerts, Kristin Scott Thomas, Sam Riley, Margot Robbie, Ruth Wilson, Alexandra Maria Lara, Tom Schilling, Eileen Atkins, Lambert Wilson.

Género: Romance. Drama.

Sinopsis: Año 1940, durante la ocupación alemana del ejército nazi en Francia. Lucile Angellier (Michelle Williams) es una joven que aguarda noticias de su marido, prisionero de guerra, mientras lleva una sofocante existencia junto a su controladora suegra (Kristin Scott Thomas) en un pequeño pueblo francés. Ambas viven ajenas a la realidad de la guerra hasta que un grupo de refugiados parisinos llega a la localidad huyendo de la ocupación, al que le sigue un regimiento de soldados alemanes que establecen sus residencias en los hogares de los habitantes del pueblo. En casa de los Angellier, Lucile intenta en un principio ignorar a Bruno (Matthias Schoenaerts), el elegante y refinado oficial alemán a quien se le ha encargado vivir con ellas. 


[Información facilitada por Filmaffinity]


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Parece que la semana viene dedicada a Irène Némirovsky. Si el lunes os hablaba de una pequeña gran joya, Nieve en otoño, hoy vengo con la adaptación al cine de una de sus novelas más reconocidas, Suite francesa.

Anda que no le tenía yo ganas a esta película. Desde que anunciaron que llevarían la novela a la gran pantalla estuve pendiente del estreno, sin embargo, no la vi hasta pasado un tiempo después de su lanzamiento. 

El cinco de agosto caía fuego sobre Sevilla. El cielo estaba de un color rojizo intenso, en las altas palmeras no se percibía ni una brizna de aire, el bochorno nos impedía respirar y a mí no se me ocurre otra cosa que irme a un cine de verano, el que cada año instala la Diputación de Sevilla en el patio de su sede. Más me hubiera valido quedarme en casa porque disfrutar, disfruté poco.

Comienza la proyección. El sonido del vaivén de los abanicos competían con las notas de una melodía que salía de la pantalla, los espectadores estábamos inquietos, al ambigú no paraba de acudir un chorreo constante de gente en busca de una cerveza o un refresco bien frío que apaciguara el calor tan intenso. Yo no le seguía el hilo a la trama. El cerebro lo tenía medio derretido. Cuando, quedando tan solo treinta minutos para el final - «A ver si termina esto ya por Dios y me voy a mi casa a ponerme bajo el chorro del aire acondicionado»-, de repente se oye un grito y unas voces que solicitaban la asistencia de un médico. El patio de la Diputación entra en revuelo, la película sigue su curso pero ya nadie le presta atención. Sillas que se caen, voces a medio gas y los empleados del cine corriendo de un lado a otro. «Será una lipotimia», pensamos. Pero la cosa se puso mucho más seria cuando, tras otro revuelvo, nuevas voces reclamaban una ambulancia. Se encendieron las luces del cine y se paró la proyección. No sabíamos qué había ocurrido pues todo acontecía en las filas finales. ¿Qué hacer? Yo que soy de naturaleza endeble y empática, me puse tan nerviosa que, de buena gana me hubiera ido en ese mismo momento. A mí la película ya había dejado de interesarme por completo pero llegó la ambulancia, atendieron a la señora enferma y veinte minutos después se retomó la proyección. No fue nada serio. Solo una lipotimia. Pocas se produjeron para el calor infernal que padecíamos.

La cuestión es que, con todas las ganas que le tenía a la peli, no la disfruté nada de nada pero tenía claro que, en cuanto la sacaran en DVD, la volvería a ver de nuevo. Y esta vez, con sus más o sus menos, sí la he disfrutado mucho más.

Imagino que muchos sabéis que la novela Suite francesa se llevó muchos años metida en una maleta sin que nadie la descubriera. Irène Némirovsky había escrito el manuscrito y antes de ser arrestada y conducida a Auschwitz donde murió, la metió en una maleta que sus hijas guardaron durante años. Hasta 2004, muchísimos años después de la muerte de la autora, su novela no ve la luz y causa un gran estupor entre la comunidad literaria. Dicen que es su mejor obra. Yo ya he leído un par de ellas  y a mí todas me parecen una maravilla. Pero hablemos ahora de la película.

Los hechos transcurren en Bussy, una pequeña localidad cercana a París. Allí vive la señora Angellier y su nuera Lucile. Estamos en 1940. Los alemanes acaban de invadir Francia y Gastón, el hijo de la señora Angellier, está en el frente. Las dos mujeres se encargan de los negocios familiares, el cobro de las rentas de alquileres. Viven bien, en una buena casa, con alimentos suficientes mientras que el resto del pueblo pasa hambre. De todos modos, la gente parece vivir más o menos al margen de la guerra, hasta que las bombas empiezan a caer cerca y un regimiento de soldados alemanes llega al pueblo. Los vecinos de Bussy tendrán que vivir con el enemigo y no solo cruzándose con ellos por las calles sino también dentro de sus propias casas pues las familias han de acoger a oficiales y soldados en sus hogares. El temor se apodera del pueblo. Algunos intentarán un acercamiento para obtener tratos de favor y otros sentirán que tienen que seguir luchando, mientras las jóvenes miran a los soldados alemanes con deseo. Pero, ¡son el enemigo! Son ellos quienes han matado a los maridos, padres, hijos y novios de Francia.

 

A casa de los Angellier llega Bruno, un oficial alemán reservado y muy educado que intenta ocupar el espacio sin interferir ni incomodar demasiado a las señoras. Aunque la señora Angellier ha prohibido a Lucile hablar con el oficial, la joven siente mucha curiosidad, especialmente cuando lo oye tocar una preciosa melodía en el piano, instrumento por el que ella siente pasión y al que se ha visto obligada a renunciar por imposición de su suegra que no quiere melodías hasta el regreso de Gaston. Pero, ¿quién puede poner límites al corazón? Suite francesa narra la historia entre Bruno y Lucile, una relación entre Alemania y Francia en un momento delicado.

No sé exactamente en qué términos se desarrollará la relación entre Bruno y Lucile en la novela, si se profundiza mucho o se desata la pasión. En la película, la cosa parece bastante difuminada. Es cierto que las circunstancias no son las más idóneas para una atracción como la que sienten Bruno y Lucile. «Imposible» es la palabra que más se acerca a la relación que surge entre los dos protagonistas, pues uno es el dominador y el otro, el dominado. Quizás por ello en la cinta todo transcurre con tanta contención, con tanta rienda bien sujeta. Y es que, como dice Lucile hacia el final de la película, la palabra amor nunca fue pronunciada. Pero ¡sí existía! ¿Qué nos queda entonces de la película? Una guerra que sirve de fondo, una relación amorosa en la que, a pesar de los inconvenientes, no se profundiza y una preciosa melodía, eso sí, como hilo conductor de todo el argumento.




Sinceramente, creo que la novela de Irène Némirovsky merecía una apuesta más arriesgada, un tratamiento mucho más emotivo del amor en la enemistad. No voy a negar que la película me ha gustado, que es bonita, pero esperaba que me conmoviera y no lo ha conseguido. 

martes, 27 de octubre de 2015

ENTREVISTA a SOLEDAD GALÁN (El diablo en el cuerpo).

Autora

Soledad Galán dirige e imparte talleres de escritura creativa desde hace catorce años. A raíz de la aparición de su primer libro, Adiós cigüeña. El placer de parir (2009), participa asimismo en congresos sobre Mujer y Maternidad, donde sus conferencias se han convertido en referente nacional. Dentro del ámbito periodístico, ha colaborado como columnista y tertuliana en diferentes medios de comunicación. 


Sinopsis

Ésta es la historia de una reina que hizo del amor su oficio, y que vivió por y para el goce. La historia de un mal de la piel que ha de ocultarse, de una pasión prohibida, de un informe que todos quieren poseer; la nómina de los amantes y las intrigas de un siglo que acaba por perderse en sus recovecos y se ve obligado a ceder ante la avalancha del tiempo, igual que los lienzos en favor de la fotografía. Lascivia y política: el final de una España, entre revoluciones de fuera que se ven venir y otras más íntimas, más intensas e insólitas, que vienen sin esperarlas.


Ésta es la historia de Isabel, que reinó sin gobernar, contada en primera persona. De la mujer contradictoria y poderosa que gustaba de almorzar escamitas resecas de hombre.


Entre el erotismo de Anais Nin y la irreverente pirotecnia verbal de Valle-Inclán, la voz narradora lleva al lector en una apasionante viaje por una obra ambiciosa, sexual y rotunda. 



[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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Los que se acerquen a El diablo en el cuerpo buscando una novela histórica en el sentido más estricto de la palabra no la van a encontrar. La primera novela de Soledad Galán cogerá por sorpresa a propios y extraños, a aquellos que gusten de la novela histórica y aquellos que la aborrezcan pero os garantizo que, tanto a unos como a otros, esta novela les va a encantar.

Figura en la faja que acompaña la edición una cita de Antonio Cuadri. El director de cine, entre otras cosas, dice «...un nuevo concepto de novela histórica», una frase que me parece de una certeza absoluta. Y es que El diablo en el cuerpo tiene mucho de historia, no en balde trata sobre la vida de la reina Isabel II de España, solo que el enfoque que nos ofrece Soledad Galán da un paso más allá y se adentra en las intimidades de la reina, desde cuyo ángulo la autora nos retrata España. Conoceremos a sus amantes, la veremos penar de amor y comprenderemos de qué manera todas esas relaciones fuera de su matrimonio con Francisco de Asís podían llegar a afectar a la política española. 


De rebosante humor viene cargada la novela con un personaje, el de la reina, que nos sorprenderá por su frescura, su picaresca y su sinceridad. De ella, de sus amantes, de España y sus políticos estuvimos hablando con la autora hace unos días. Esto es lo que nos contó. 



Marisa G.- Soledad me terminé tu libro ayer mismo. He estado viendo en la solapa que esta no es tu primera publicación pero sí tu primera novela. 

Soledad G.- Exacto. Yo siempre he escrito ensayos. Realmente este es mi quinto libro pero mi primera novela como bien dices. La tenía metida en el cajón y fue una amiga la que se empeñó en que la enviara a Random House o amenazaba con enviarla ella misma. Y no solo la enviamos a Random sino a otras editoriales que la aceptaron igualmente.

M.G.- O sea que al final tuviste donde elegir.

S.G.- Sí, pero me quedé con mi editora, Emilia López, primero porque es encantadora y segundo porque, por teléfono me habló de mi novela como si la hubiera escrito ella y eso no está pagado.

M.G.- He visto que llevas catorce años impartiendo talleres de escritura. Yo llevo unos días tratando de ubicarte porque tu nombre me sonaba muchísimo y claro es que tenemos amigos en común: Manuel Machuca y Paco Gallardo. ¿Los talleres que tú impartes son los que organiza Librería Beta?

S.G.- Sí, siempre he dirigido e impartido los talleres de Beta. Empecé con el Instituto Andaluz de la Mujer y ya desde hace doce años en Librerías Beta.

M.G.- ¿Y la gente se anima a participar en estos talleres? ¿Se apunta mucha gente?

S.G.- Sí, he tenido unos cien alumnos anuales. Los iba distribuyendo en cursos de cuatro o cinco meses.

M.G.- Y de ahí han salido autores que ya muchos conocemos.

S.G.- Sí, algunos están publicando en la misma editorial de Manuel, en Anantes, otros se han autopublicados y otros siguen intentándolo. 

M.G.- Publicas ahora con Grijalbo El diablo en el cuerpo, una novela que cuando me llega pensé que era una novela histórica pura y dura y ¡oh sorpresa!, empiezo a reírme desde la primera página.

S.G.- Me gusta mucho que me comentes esto. La editorial la ha tenido que catalogar como novela histórica porque para ofrecer un libro en librerías tiene que estar un poco encasillado o catalogado pero El diablo en el cuerpo es una novela, no la concebí como una novela histórica. 


En cualquier caso, es cierto que tiene un gran rigor histórico porque está basada en dos años y medio de documentación. Me he embebido de todo el siglo XIX, de todos los escritos de la época, de todo lo que se había escrito sobre la reina, todas las biografías que se han hecho, tanto en el siglo XX como en el siglo XXI sobre ella, las cartas que escribía, las que recibía, incluso las carte de visite, esas tarjetas que acompañaban a los ramos de flores o a cualquier objeto. 

Yo lo que quería contar es la vida de una mujer adelantada a su tiempo, sus secretos más íntimos, que en el siglo XIX rompe con el cliché del ángel del hogar. Una mujer en aquel momento no podía exigir nada, y ella se permite el lujo de disfrutar del placer y exigírselo a los hombres en un mundo en el que no podía hacerlo. Todas esas es lo que figura en el plano superior, lo que el lector ve objetivamente, esos secretos íntimos, pero debajo, todo lo que hay, todo lo demás que se está contando, es el final de una España y el inicio de otra, el final de una época en la que perdemos las colonias y el inicio de otra. 

M.G.- Pero, ¿todo en la novela es real o hay algunos episodios que son ficción?

S.G.- Todo está documentado pero yo quería establecer un juego con el lector, que se planteara qué es realidad y qué es ficción. Y algo muy curioso, hasta los críticos que están leyendo la novela y les está entusiasmando gracias a Dios, me preguntan si hay hechos que sucedieron tal y como los narro. Por ejemplo, en la novela se cuenta que la reina Isabel II tuvo un problema en la piel y es verdad que sufrió de ictiosis serpentina, un herpetismo. Ella se casa con dieciséis años y en los cuadros la vemos como una mujer voluptuosa y guapísima, como era, pero lo que no vemos es que iba completamente vendada, prácticamente desde el cuello a la rodillas. Eso es lo que no se mostraba en los cuadros. Isabel sufría un mal de la piel por el que se iba descamando. Claro, yo realizo ficción pensando que con lo que ella tenía, casada con un hombre con otras inclinaciones sexuales que no tenían nada que ver con las suyas, con todas las hormonas a flor de piel pues era muy joven,... todo eso lo que le provoca es una explosión de su padecimiento.

M.G.- La pobre lo pasa mal (Risas). Y en esta novela la narradora es la propia Isabel II pero nos cuenta su vida en un momento un tanto especial porque ya ha fallecido y está en el purgatorio. A mí me ha encantado el personaje. Cuando se piensa en una reina, y más de aquella época, no te puedes imaginar un personaje como tú muestras en la novela. 

S.G.- Claro, nosotros pensamos en una reina y la imaginamos comportándose de una manera moderada, en su vida íntima o pública. Debía de tener una forma muy educada de expresarse pero a ella nadie la enseñó ni la formó. Tanto su madre como  los preceptores o los políticos que la rodearon se empeñaron en que no se formara. Era mucho mejor que fuera una mujer inculta porque así no cuestionaría lo que sucedía a su alrededor. La voz narrativa, como está en primera persona, tenía que ser la de una mujer que tiene que hablar con frases muy cortas en una especie de monólogo interior y su voz es muy galdosiana, es la voz del pueblo. 

M.G.- Muy castiza.

S.G.- Sí, muy castiza, con un sentido del humor increíble, una retranca muy divertida. La voz que utilizo me la invento, es una mezcla entre el siglo XIX y el siglo XX, pero es probablemente la voz que ella hubiera tenido. Y digo una voz inventada no por la impostura sino porque ella, con lo que hubiera aprendido de unos y de otros, hubiera adquirido quizás esa forma de hablar.

M.G.- Isabel II en la novela tiene una personalidad muy brava, a veces un poco irreverente con la iglesia, es deslenguada, con mal carácter, descarada. Me hace mucha gracia cuando la describes físicamente. Era una mujer muy voluminosa que no le impide en ningún momento tener muchísimos amantes.

ImagenS.G.- A Isabel II no le favoreció en absoluto la fotografía, Cuando aparece la fotografía, algo que se recoge en la novela, uno de los pintores, Winterhalter, le dice algo así como «usted señora volverá a la pintura». Claro, una pintura se puede retocar pero una fotografía no.

M.G.- Claro, no había photoshop.

S.G.- Eso es, y en las fotografías la vemos como una mujer absolutamente oronda que ya no le importa su aspecto físico pero hasta eso ella lo lleva con sentido del humor. Sabe que el tiempo la ha tratado muy mal. Incluso con treinta y pocos años se le retira la menstruación pero ella se ríe de eso también.